23 de julio de 2026

Animales en cuarentena

16 de abril de 2020
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
16 de abril de 2020

Resulta asombrosa la veloz reconquista intentada por especies animales de espacios que desde siempre les fueron arrebatados por el implacable avance del moderno urbanismo y  la invasiva “civilización”. La insólita aunque explicable presencia reciente en algunas calles y avenidas de venados, aves que hacía tiempo estaban ausentes del entorno citadino, el visible regreso de cardúmenes de delfines a las vecindades de las playas de Santa Marta y de todos nuestros mares, la sorpresiva presencia de una hembra de oso de anteojos con sus dos crías paseándose desprevenidamente por las calles de Chinácota, Santander y la aparición de un oso perezoso en el zaguán de una casa en la población cundinamarquesa de Albán, dejan claro que los indefensos representantes del reino animal andan en plan de reclamo y recuperación de la porción de este planeta que por ley natural les pertenece y que les ha sido arrebatado a punta de tiros y machetazos por el desconsiderado clan de cazadores de la especie “Homo Sapiens Sapiens”, el más peligroso y animal de los animales, atinadamente conocido como el “Porcus Bipedus”. Ojalá las despistadas criaturas del Señor no vayan a ser objeto de bienvenidas y desplazamientos a punta de bala, pedradas y flechazos por tan agresiva pandilla de depredadores, capaces, como ya ha ocurrido en el pasado, de dispararle a un orgulloso y casi extinto cóndor de los Andes durante alguno de sus escasos vuelos a baja altura.

PELIGROSA COBRA ESCUPIDORA. El Tribunal de Leeds en el Reino Unido condenó a 8 meses de prisión inconmutables a Lianne Mottershed, mujer de 30 años, quien fue sorprendida por la policía mientras, desatendiendo la orden oficial de confinamiento sanitario, conducía por las calles de la localidad en estado de ebriedad. Al ser requerida por la autoridad, pateó a un policía en la entrepierna, con tal fuerza y precisión, que hizo que el servidor público alcanzara instantáneamente y sin proponérselo un “do” de pecho sostenido, que ni el Pavarotti de los mejores días hubiera sido capaz de lograr con tanta espontaneidad. Momentos más tarde, mientras era conducida a la delegación de policía, alegando previamente que estaba contagiada de Covid19, escupió a otro policía en la cara y en la boca y encima le restregó una atrevida sentencia: “Ojalá te contagies y te mueras”.  La mujer aceptó que por los síntomas que sufría, el Servicio de Salud del Reino Unido le había recomendado guardar reposo y no salir de casa. En la consiguiente audiencia ante la corte, el fiscal Gerry Wareham de Yorkshire y Humbersade calificó este acto como desagradable y peligroso y después de un breve juicio, y luego de que la infractora fuera encarcelada, manifestó: “Espero que la Mottershed pase los 8 meses encerrada en la cárcel reflexionando sobre la absoluta estupidez de sus acciones…” Aquí, quizá a lo sumo le hubieran puesto un comparendo y a reponerse en su casita, mientras que el malvado policía receptor de la coz en sus partes bajas, probablemente hubiera sido sancionado por “escándalo en la vía pública” y por causar alarma entre los vecinos con semejante aullido.

HIBERNACIÓN ETERNA DE UN OSO MALOSO. Insólito el caso de las honras fúnebres ofrecidas al conocido delincuente Edgar Pérez Hernández, alias “El Oso”, jefe de la banda “Niquia Camacol” de Bello, Antioquia, quien, capturado en diciembre, murió de un infarto cuando era trasladado a la cárcel de Picaleña, Tolima. Como en las más deprimentes y aciagas manifestaciones colectivas en épocas y episodios vergonzosos que es preferible olvidar, una apretada multitud bellanita de mujeres, adultos, ancianos y niños en uniformes escolares, marchando a pie, sin tapabocas, violando la cuarentena dispuesta por las autoridades y exponiéndose al contagio, acompañaron el tumultuoso desfile hacia el cementerio, amenizado con el traqueteo de detonaciones de ráfagas de armas automáticas de fuego disparadas al aire. A cuántas personas les caerían encima de sus techos los proyectiles disparados al aire durante el sentido  “homenaje” fúnebre? Menos mal que ninguna bala, que se sepa, aterrizó en la cabeza de algún niño, como suele acontecer, ya que, por fortuna, todos estaban formando parte del apretado cortejo.

GOZQUE DESOBEDIENTE Y MORDELÓN. En Risaralda, Caldas, un arisco e indisciplinado perro de dos patas, pelo en pecho y bigote mazamorrero fue sorprendido en la calle, contraviniendo tranquilamente la disposición nacional de permanecer en sus casas, como medida sanitaria de prevención, indispensable para contener la propagación del agresivo y mortal Covid19. Al ser conducido por la policía a una de las instalaciones de retención, decidió propinarle un mordisco en una mano a uno de los agentes responsables de su aprehensión, causándole una lesión valorada por los médicos legistas. Como el mal ejemplo suele cundir entre los desadaptados e infractores de las normas oficiales que regulan la convivencia ciudadana, los mandos policiales deben estar considerando la opción de dotar en el inmediato futuro a los patrulleros de esa localidad, de tramojos y bozales resistentes y seguros como parte del equipo regular, de ordinario utilizado en el servicio de vigilancia urbana, que hoy incluye tapabocas, esposas metálicas, linterna, pito y bolillo. Por si las moscas.

CORAZÓN DE LEÓN. El que han mostrado los servidores a cuyo cargo ha estado la atención médica de pacientes afectados por la amenaza del mortal virus que tantas víctimas ha ocasionado en el mundo entero. Especial homenaje y reverencia merecen los médicos, enfermeras, laboratoristas, conductores, aseadoras y hasta los celadores y auxiliares de hospitales y centros de salud, quienes a pesar de la estúpida e incomprensible actitud discriminatoria de los más cerreros e ignorantes de sus conciudadanos, han expuesto su salud y la de sus familias por atender los compromisos adquiridos con el juramento hipocrático los primeros y con el cumplimiento de sus deberes todos ellos. Especial mención de reconocimiento y gratitud merecen, entre muchos otros, el joven médico Carlos Fabián Nieto, “hombre libre y de buenas costumbres” y el Coronel médico de la Fuerza Aérea William Gutiérrez, auténticos mártires del servicio a sus semejantes, quienes ofrendaros sus vidas al servicio del deber, en medio de ambientes laborales poco propicios y desventajosos, privados de las medidas de protección, indispensables en semejantes condiciones sanitarias.