23 de julio de 2026

Don Quijote y Napoleón

25 de abril de 2019
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
25 de abril de 2019

153 años después de muerto Cervantes, nació Napoleón. Es obvio que no exista coetaneidad biológica entre estos dos monstruos de la naturaleza. El primero, sin rival,  sigue comandando el resplandor de las letras y el segundo clavó su nombre histórico sobre rocas imbatibles. El español quiso llamarse  Don  Quijote, con cerebro trastornado. El segundo, dijo de sì :”A los 30 años  había hecho todas mis conquistas, gobernaba el mundo, había aplacado la tempestad, reunido los partidos, ordenado una naciòn, creado un gobierno, un imperio; no me faltaba sino  el título de emperador”.

La epístola es manantial de sentimientos. Ahonda amistades, organiza romances, genera controversias, aclara conductas, es puente, jamás abismo. Fue utilizada por Don Quijote para consignar sabidurías prácticas y por Napoleón para fijar pautas, reprochar comportamientos, y puntualizar al menudeo cómo debe ser el desempeño de quien  administra el poder.

Don Quijote y Sancho Panza es una pareja que los siglos no sepultarán.  Ellos son espíritu y materia, locura y equilibrio campesino, espejismo aéreo y aterrizada mesura. Mientras el uno todo lo sueña y blande la espada para respaldar sus fantasías,el otro es manzurrón y ladino, de lógica impecable. Sancho fue nombrado gobernador de la Ínsula  Barataria. “Venga esa ínsula” es su respuesta. Quién iba a creer que persona de mente basta, de improviso surgiera como mandamás de un pequeño territorio en donde demostró tener talento para los juzgamientos. Obvio que tuvo maestro que lo aleccionó sobre los ritos que debe cumplir quien funge como autoridad, sobre lo que debe hacer y evitar,  mostrándole los abismos de la condición  humana, y la infaltable cordura para salir avante en todos sus empeños. Don Quijote lo instruye con un discurso pedagógico.

Sabio, ponderado y filosófico, el Caballero de la Triste  Figura, separó las consideraciones sobre la justicia y los entendimientos que deben primar en el ejercicio del cargo,  de las condiciones  escénicas que van  desde el  acicalamiento personal hasta otros secundarios protocolos. Es risible el rosario de prescripciones. Le solicita   “que seas limpio y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer” hasta la frugalidad en la mesa, la prudencia en el beber y el control de los eruptos. Las normas que predica  Don Quijote, tienen la dimensión  de un ritual.

Napoleón utilizó el correo para, desde las trincheras, controlar el desempeño de sus ministros e impartir órdenes. También escribía para regañar,  corregir, suscitar inquietudes,  y fijarle pautas a quienes, encumbrados como reyes, hacían parte de su privilegiada familia. A los 28 años tenía la madurez de un estadista. Sus proclamas al ejército son incitativas, armadas en un lenguaje enérgico y esperanzador. Idolatraba   a Josefina a quien le envía plegarias llorosas, redactadas con palabras cursis. No obstante estas comprensibles negatividades, en Napoleón resplandecen los destellos de un hombre superior. Sus mensajes son densos, visionarios e imperativos.Todos los temas le eran fáciles. A su hijastro Eugenio  a quien había convertido en Virrey de Italia a los 23 años, le envía varias cartas  de una pedagogía asombrosa. Lo alecciona sobre  su comportamiento ante sus  ministros, recomendándole ser muy parco en los diálogos con ellos. “No toméis nunca la palabra  en el Consejo; se os escucharía sin responderos, pero se vería en seguida  que no  estáis en  condiciones  de discutir un asunto. No se mide  la capacidad de un príncipe  que se calla; cuando habla, es preciso que tenga  conciencia de una gran superioridad”.

Qué demuestra Napoleón? Un  indeclinable cariño por los suyos. El Poder lo entendía como una partija de gabelas  para su apellido. Tenía la obsesión por incrustarse  en las casas reales de Europa. Repudió a Josefina por no darle un  descendiente,  para casarse con María Luisa, hija del rey de Austria. Al hijo de este matrimonio lo enalteció, todavía en la cuna, consagrándolo como  Rey de Italia.

Las  misivas para Eugenio, todas afectivas, son un vademécum de normas para el  manejo de las relaciones con  los súbditos; para  José hay halagos y tiene especiales deferencias; a Luis y Jerónimo les envía misivas para reconvenirlos o para señalarles el camino a seguir; a Tallleyrand y  Fouché  les precisa sus derroteros y a muchos generales aplaude o reprocha sus conductas. Téngase en cuenta que Napoleón era un mozalbete que no había cumplido 30 años  cuando ya fijaba el destino de Francia con el talante de un Júpiter.

Teorizaba  Don Quijote en sus consejos  a Sancho  por su  carencia absoluta de experiencia.  Era realista y sabio Napoleón  porque dualizó, con maestría insuperable, los avatares de la guerra con la sindéresis  para administrar.

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