Ansermeña brilla en el firmamento de la guitarra Colombiana galardonada en Illescas, España
Hacía un calor infernal, como suele ser en un día de verano. Pero aún no era verano, y los coletazos de la primavera que en otros tiempos era suave, ahora se despedía enfurecida por estas tierras castellanas. Sonó el teléfono y era Olga, para muchos Olguita, que me invitaba a una de sus presentaciones de guitarra. No dijo nada más. Así quedó todo, porque así es Olga, carente de ego, pero muy segura de sí misma. Aquella tarde vespertina en el Centro Cultural de Illescas Olga recibió de manos de Julio Jiménez, el premio a su perseverancia por no dejar morir un grupo que luego nacería como Asociación Amigos de la Guitarra de Illescas. Y esa fue su sorpresa tan callada. Han pasado varios meses desde entonces, y antes de que termine este año pensamos que era de justicia rendirle un homenaje desde este periódico devoto de personajes de nuestras regiones cafeteras, a esta mujer menuda, de carácter recio que nada, absolutamente nada la amilana, ni nada la hace mirar hacia atrás: Olga Montoya.
Olga es de Anserma. Se trasladó a Pereira y de allí dio el salto con su nieta María del Mar a España hace trece años para reunirse con su hija Patricia. Cuando se bajaron de ese vuelo de Avianca que jamás pensó que no tendría retorno para ella, sabía que tendría que ganarse la vida aquí para colaborar con los gastos familiares y así, comenzó a cuidar de personas mayores. Recogió de su silla el abrigo, los documentos y bajó del porta-maletas su amiga inseparable, la guitarra. Porque Olga no concibe una reunión familiar o de amigos sin los acordes de un instrumento en el que se refugia incluso cuando tiene algunas horas de descanso. María del Mar, su nieta empezó a acolitarle su amor por las cuerdas tocando el tiple.
La importancia de su reconocimiento radica en que estas tierras castellanas suelen ser bastante cerradas para reconocer valores humanos foráneos. Lo han sido durante muchos años por su ubicación geográfica. Illescas es cabeza de comarca de la provincia de Toledo, de aproximadamente treinta mil habitantes. Está justamente a medio camino entre la Imperial Toledo de Carlos V y el Madrid de Felipe II. Un municipio muy conocido por sus cinco Grecos, y porque tiene un par de joyas arquitectónicas de origen y uso religioso muy bien conservadas, también por un recién inaugurado Museo del Aceite en una vieja Almazara conocida como el Molino del Marqués preciosamente restaurada y que bien vale la pena una visita. Pues bien, aquí esta colombiana ha logrado hacerse un merecido lugar de prestigio, del que ella no habla, porque lo que la mueve, y así lo expresa siempre, es resaltar la actividad de la Asociación amigos de la Guitarra durante todo el año. Ayer, vísperas navideñas, dieron un concierto en la residencia de personas mayores San Ildefonso.
Cuando llegó a Illescas Olga buscó primero trabajo, luego una actividad que le ayudase a mantenerse activa y alegre. Primero fue la Coral del pueblo. Y luego se enteró a través del Ayuntamiento que un profesor de guitarra, Manolo, vendría de Madrid para dar clases. Estuvieron con Manolo hasta que se quedaron sin local. Otra alumna, mientras lo fue, cedió su garaje para las clases de forma transitoria. Y luego fue Olga en un intento desesperado por salvar el curso, el grupo y las ganas de seguir rasgando las cuerdas, quien ofreció su apartamento familiar, en cuyo salón podrían continuar las clases. Todos sabían que esta medida no aseguraba su supervivencia grupal definitiva, pero entonces el alcalde de Illescas sugirió a los integrantes del curso que se constituyeran en Asociación Amigos de la Guitarra – hace aproximadamente nueve años -. El presidente Julio Jiménez de la Asociación desde entonces y el actual profesor del grupo Javier Reyes, ecuatoriano, han sido testigos del tesón de esta caldense, que indiscutiblemente debe llevar sangre de esos ansermas guerreros y laboriosos. Olga es conocida por su amor a la guitarra. Es pragmática y no admite ese sentimentalismo que anula, que paraliza. Siempre hace ver el otro lado de la moneda. Reconocida también es su labor al frente de las personas mayores que han pasado por sus manos dejando siempre una estela de nostalgia por su buen hacer, su tacto, su vitalidad contagiosa …
Hoy hace un frío que cala los huesos. Por supuesto para un sueco o un alemán esto sería el trópico. Para la Asociación es un día más de función…Para nosotros – mientras afinan los instrumentos y comienzan los primeros acordes del conocido bolero del cubano Oswaldo Farrés, Quizás, quizás, quizás… – es el momento de despedirnos discretamente pañuelo en mano, en medio de constantes estornudos.

