Adiós a un héroe manizaleño
Este fin de semana, agobiado por un implacable y agresivo cáncer en una de sus glándulas suprarrenales, se apagó la vida de Luis Eduardo Sierra Guerrero de 33 años, un modesto policía colombiano oriundo de Manizales quien, a sabiendas de los enormes riesgos a los que estaría sometido, cumplió durante varios años una de las tareas más peligrosas de todas las que puede cumplir cualquier servidor público en cualquier circunstancia y lugar del mundo. Nada menos que desempeñarse como informante infiltrado dentro de las Farc, uno de los grupos narcoterroristas más agresivos, crueles y peligrosos del mundo, con el cual, para fortuna de nuestro castigado país, el estado colombiano acaba de protocolizar un acuerdo de paz, que a pesar de todas sus carencias y debilidades, permite vislumbrar para todos nosotros la esperanza de mejores días. Probablemente, el acelerado desarrollo de su temprana enfermedad se debió en gran parte a las descargas de adrenalina provocadas por las tensiones, temores y emociones diarios propios de una situación potencialmente tan riesgosa y expuesta a tan severas condiciones de supervivencia.
Los logros alcanzados en el control y combate de esta organización narcoterrorista se deben, sin duda alguna, al sacrificio de abnegados y anónimos servidores públicos como Luis Eduardo Sierra, conocido por sus amigos simplemente como “Lucho”, auténtico héroe y mártir colombiano, merecedor, este hombre si, de los máximos reconocimientos y de todas las medallas que con chocante frecuencia, bombo y vacuidad se otorgan y se aceptan con tanta liberalidad en el escenario de la política y la vida pública de nuestro país. Por tales merecimientos en días pasados se hizo merecedor de la distinción del Corazón Verde y el reconocimiento como el mejor policía de Colombia en 2018. Ese título sí, más que merecido, ganado a pulso y sin subterfugios, intereses mezquinos, engañifas ni triquiñuelas.
Si alguien en nuestro medio merece y es capaz de soportar el peso de la Cruz de Boyacá, la máxima presea que se concede en nuestro país para reconocer méritos extraordinarios y servicios excepcionales a nuestra patria y el de todas las medallas, condecoraciones, reconocimientos, homenajes y distinciones que otorgan las entidades públicas del nivel nacional, departamental y municipal de Colombia, es la memoria de este humilde y generoso policía manizaleño de corazón de oro y cuerpo frágil, capaz de entregar su salud y su tranquilidad, la de sus seres queridos y su vida misma al servicio de los colombianos, que usualmente miran con desconfianza y desdén a soldados y policías que diaria y calladamente exponen el pellejo en defensa de quienes tan poco los reconocen, ni agradecen o aprecian su capacidad de renuncia y entrega al servicio de sus semejantes.
El inolvidable “Lucho” partió a los cielos a los 33 años, la misma edad a la que se fue de este mundo nuestro redentor, Jesucristo. Descansa en paz querido y recordado “Lucho”, tu sacrificio y generosa entrega a la causa de la paz será recompensada con el respeto, agradecimiento y afecto de todos tus compañeros, los miembros de la Policía Nacional de Colombia, las Fuerzas Militares y los buenos hijos de esta tierra.
LAS MORGUES DE MADURO
El pasado 23 de octubre apareció en la versión virtual del diario El Tiempo una noticia titulada “La Morgue de Venezuela, donde estallan los cadáveres por falta de energía”, en la cual se describen con crudeza que lleva hasta la náusea, las precarias condiciones higiénicas y el desmadre administrativo en los que funciona la morgue de uno de los hospitales más importantes del estado Zulia, cuya capital, Maracaibo, es la segunda ciudad más poblada y destacada de Venezuela, situada a orillas del contaminado lago de Maracaibo, sede del emporio petrolero venezolano, donde las temperaturas promedio alcanzan más de los 30 grados centígrados durante gran parte del año, por lo cual la estabilidad, continuidad y permanencia del suministro de energía eléctrica es condición imperativa e indispensable para garantizar la refrigeración de los cuerpos, que por razones médico legales, judiciales y forenses deben ser conservados temporalmente en los depósitos de cadáveres de cualquier hospital o anfiteatro necesario en cualquier localidad, antes de su disposición definitiva.
Debido a los continuos apagones a los que diariamente está sometido el sistema de suministro de energía eléctrica en Venezuela, originados por las precarias condiciones de mantenimiento y el desorden administrativo que vienen afectando a la infraestructura eléctrica disponible en todo el país, la totalidad del indispensable sistema de refrigeración del mencionado hospital zuliano se encuentra colapsado, con sus neveras y equipos especializados inservibles por lo que los cuerpos, en diferentes etapas de descomposición, se encuentran regados por todos los rincones del establecimiento, poniendo en evidente riesgo sanitario a todos los habitantes de las zonas circunvecinas, teniendo en cuenta que muchos de los difuntos pudriéndose en ese lugar, llegaron como resultado de enfermedades altamente contagiosas como VIH, tuberculosis, sífilis y otras peligrosas epidemias que ya se consideraban virtualmente extinguidas en todo el mundo, pero que han renacido con fuerza en Venezuela debido al catastrófico manejo de la salud pública y al errático suministro de medicamentos.
Según el dolido y anónimo testimonio de algunos de los pocos empleados que aún se atreven a permanecer trabajando en tan antihigiénicas e inhumanas condiciones, los cuerpos suelen estallar, como consecuencia de lo que en medicina forense se conoce como fase enfisematosa de la descomposición, cuando los cuerpos no pueden contener los nauseabundos gases acumulados dentro del organismo y terminan por reventarse, proceso que se da naturalmente una vez que los cadáveres ya se encuentran bajo tierra cuando son tratados, dispuestos y sepultados en forma normal y regular.
Pero, se preguntan todos, qué permite hacer posible que en el puerto petrolero más importante y rico del continente se presenten irregularidades sanitarias indignas de cualquier comunidad civilizada del mundo? Las autoridades de Caracas se han apresurado a dar las explicaciones del caso. Ya no es el fenómeno del “niño” el culpable de las continuas fallas eléctricas y los consiguientes apagones como ocurrió en el pasado. Ahora se culpa al sabotaje y al robo de material estratégico, según recientes declaraciones de Maduro y Cabello, quienes no se han detenido a diagnosticar los probables orígenes y las identidades de los saboteadores y de los responsables de los supuestos robos de los inciertos materiales “estratégicos”, de cuya naturaleza no se ha dicho palabra alguna.
Ni siquiera se ha pronunciado el Ministro del Poder Popular para la Energía Eléctrica de Venezuela y en tal calidad, Presidente de la Corporación Eléctrica Nacional “CORPOELEC”, el general Luis Motta Domínguez, célebre por su “histórica” intervención durante la crisis eléctrica de marzo de 2016, una increíble y “kafkiana” anécdota ya relatada en nuestra nota “Lo extrañamos señor Carreño”, publicada el 15 de julio del presente año en EJE21, cuando, como invitado principal a una reunión de alto nivel del comité de manejo de crisis, integrado por los ingenieros y especialistas técnicos más capacitados del país, citado frente a la casi vacía represa del Guri, la cuarta central hidroeléctrica más grande del mundo, con el candor y la ingenuidad de un escolar de primaria, no dudó en preguntar:
¿Con cuantos camiones cisterna se llena esta vaina?
Ante lo cual, uno de los ingenieros presentes, luego de reponerse de la sorpresa y al entender que no se trataba de una broma de mal gusto del general, designado como cabeza de ese ministerio por el presidente Nicolás Maduro, tímidamente se atreviera a contestarle:
“Señor ministro, un segundo de generación requiere aproximadamente el contenido de cinco mil camiones cisterna…”
Con tales “genios” al frente de las calamitosas condiciones en las que se debate la añorada y querida patria de nuestro Libertador, ¿Qué esperanzas existen de rescatar a Venezuela de semejante abismo?