27 de octubre de 2021
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¡Crónica del Nobel de la Paz!!

11 de diciembre de 2016
Por mario arias
Por mario arias
11 de diciembre de 2016

Por: mario arias gómez

https://www.eje21.com.co/2016/12/cronica-del-novel-de-la-paz/

Mario Arias defContrasta, ante la imponente ceremonia de entrega del Premio Nobel de Paz al corajudo presidente Santos, el papelón del más acérrimo y enconado enemigo de la Paz, quien en su bajeza, desvergüenza y mezquindad, sin mirarse en el espejo, hizo su propio autorretrato de dictador, que presentó sin consideración alguna en EE.UU. Falta que le endilgó al mandatario de todos los colombianos. Parodiando a Nerón frente al incendio de Roma, su esquizofrénico gemelo, dice hacerlo «no tanto por quemar al país sino por el irrefrenable odio a “lafar” y a Santos, para lo cual no le importa descalificar y malograr los dulces frutos de la tranquilidad y el desarrollo que trae consigo el frondoso árbol de la paz, que se nutre con la savia del nuevo Acuerdo de Paz que acaba de refrendar el Congreso.

Cada una de sus insidiosas mentiras difundidas en la campaña, ha dado lugar a otras tantas, convertidas en el soporte de la cadena de falsedades que cada día aumentan. Sartal de invenciones que en un acto de traición a la patria, difundió en Estados Unidos donde viajo expresamente para cumplir su cometido, empañar el acto histórico de entrega del Novel en Noruega. Miente, miente, miente que algo quedará. Platón trató de conciliar la verdad con el cambio aparente del mundo mediante el Mito de la Caverna. El daño -en el caso de pusilánime “San Uribe”- se materializó. La momentánea mayoría del NO, no sustituye la razón. “Una vez llegada a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llama verdaderas”…lo que desenmascarará la actitud del ciego culebrero. Dijo Aristóteles: “No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad”. Tarea que nos hemos impuesto.

“La voluntad de vencer conduce indefectiblemente a la victoria”. Perseverancia y tenacidad que llevaron a Santos a la gloria y al reconocimiento mundial. De nada le servirá al fetiche en cuestión, embadurnar e implosionar el Acuerdo de Paz, tenido -pésele a quien le pese- de irreversible, tanto por el país como por la comunidad internacional. Despotricar del consagrado Presidente, como en forma incansable lo hace el fanático y disparatado sádico de marras, estigmatizado por los bestiales, desalmados y sanguinarios falsos positivos, tan reprobables y horrendos, que caen en la órbita de la Corte Penal Internacional, crímenes tan abominables, como el asesinato de Yuliana Samboní, por otro Uribe -otra vez el apellido-. Con tal autoridad se interpone a la paz que buscó a cualquier precio y fracasó en el intento; paz que logró por quien pensó se convertiría -ipso facto- en figura decorativa, en mandadero suyo. Razón de su verraquera y  vengativa oposición que de mala fe y mala leche adelanta sin resultado alguno.

En este momento de fiesta, no es oportuno abordar el complejo análisis psicológico con el que Dostoievski desenredó la condición humana, de tipejos de su clase, ni para ventilar las razones que impulsan a estos monstruosos capaces de prohijar, perpetrar y torturar con premeditación y alevosía sus actos. Para cometer estos depravados asesinatos contra infelices jóvenes como los de Soacha, o secuestrar, violar y asesinar a la precitada niña de siete añitos. Crímenes  de “lesa humanidad”. Valoración que se queda corta y deja sin palabras para describir este horrendo y salvaje homicidio, sin atinar un epígrafe que por despectivo u ofensivo que parezca, no nos satisface.

Hipocresía utilizada por el “mesías” como  alquimia para camuflar su espíritu guerrero; su inextinguible ambición de poder; su degradación, libertinaje y ausencia de escrúpulos; su atroz y decidida vocación revoltosa; su afinidad con Santiago -hermano-, el angelito de los “Doce Apóstoles” llamado a juicio, y el primo, condenado por su “amistades non sanctas”. Liso y miedoso titiritero al que se le seca la boca cada vez que lanza improperios contra Santos; quien solivianta a sus parciales, cocina hervores de indignación y furia como desahogo a la imperiosa necesidad de acrecentar el descontento social, sin arredrarse en distorsionar la verdad y tapar con una manta de simulación sus graves pecados.

Para disparidad, la vicepresidenta del Comité Noruego del Nobel, leyó por encargo de su presidenta -quien no estuvo presente por razones de salud- un informado discurso en que destacó que cuando el proceso de paz estuvo a punto de fracasar, el Comité resolvió brindarle todo el apoyo. Reiteró que el galardón se debía entender como “un tributo al pueblo colombiano”. Agregó que “a pesar de las grandes penurias e innumerables abusos, nunca perdió la esperanza de una paz justa (…). Tributo que corresponde más que todo a las víctimas de la guerra civil”. Subrayó que iniciar un proceso de paz fue una afortunada iniciativa que requirió de gran coraje político y perseverancia del presidente Santos. Destacó que después del resultado adverso del Acuerdo puesto a consideración el 2 de octubre, el Presidente Santos declaró que no renunciaba y que persistiría en el Acuerdo, con todas sus fuerzas en lo que le quedara de mandato.

Reconoció que después de un conflicto armado de más de 50 años, aún falta “un largo camino por recorrer”. Agregó que no se puede esperar una reconciliación de la noche a la mañana. Invitó “a todos los colombianos a seguir el diálogo nacional y el camino hacia la reconciliación”. Tema desoído por el señor del Ubérrimo.

El Presidente, en su aplaudida intervención de agradecimiento dijo en el Palacio Municipal de Oslo: “Ponerle fin a una guerra de más de cinco décadas, la más prolongada en el hemisferio occidental; colocar a Colombia en el foco del mundo -esta vez con la noticia sobre el largo proceso de paz con las Farc-, fueron unos de los méritos que se reconocen en el empeño en lograr la paz”. “Hace tan solo seis años los colombianos no nos atrevíamos a imaginar el final de una guerra que habíamos padecido por medio siglo. Para la gran mayoría de nosotros, la paz parecía un sueño imposible, y era así por razones obvias, pues muy pocos -casi nadie- recordaban cómo era vivir en un país en paz.”

El momento más emotivo de la jornada fue cuando el Presidente le pidió a las víctimas ponerse de pie, minuto en que el auditorio estalló en aplausos para el grupo presente en representación de todos los dolores de Colombia: el secuestro, la muerte, el desplazamiento, entre otros. “Tan solo hace dos meses, los colombianos -y de hecho el mundo entero- quedamos impactados cuando, en un plebiscito convocado para refrendar el acuerdo de paz con las Farc, los votos del “No” superaron por estrecho margen a los del “Sí”. Fue un resultado que nadie imaginaba”, dijo Santos. Y siguió:

“Debo confesar que esta noticia (de la concesión del premio) llegó como un regalo del cielo. En un momento en que nuestro barco parecía ir a la deriva, el Premio Nobel fue el viento de popa que nos impulsó para llegar a nuestro destino: ¡el puerto de la paz!”. «Este premio pertenece también a los hombres y mujeres que, con enorme paciencia y fortaleza, negociaron en La Habana durante todos estos años. Ellos lograron un acuerdo que hoy podemos ofrecer como modelo para la solución de los conflictos armados que subsisten en el planeta”.

Discurso que cerró con este broche de oro: Hay una guerra menos en el mundo, ¡y es la de Colombia!» (…) El sol de la paz brilla, por fin, en el cielo de la Patria. ¡Que su luz ilumine al mundo entero!». Que así sea. Amén

 

Bogotá, diciembre 11 de 2016