La Universidad intergeneracional de la Universidad de Caldas
Colombia envejece a una velocidad sin precedentes. Esta transformación demográfica obligará a replantear las políticas públicas, los sistemas de salud, la educación, la cultura, el urbanismo, etc. Las ciudades que comprendan esta realidad y actúen desde ahora estarán mejor preparadas para afrontar el futuro.
En este escenario cobra especial importancia la Universidad Intergeneracional de la Universidad de Caldas, creada en 2025 como un programa académico y de proyección social que promueve el aprendizaje a lo largo de la vida, el intercambio de saberes y el encuentro entre generaciones.
Más que una oferta educativa para personas mayores, constituye una apuesta por construir una sociedad que reconozca el valor de la experiencia, el conocimiento y la participación activa de quienes llegan a esta etapa de la vida.
Su propuesta integra formación académica, orientación psicosocial y una amplia agenda de actividades artísticas, culturales, deportivas y recreativas, sustentadas en la gerontagogía, «disciplina que adapta los procesos educativos a las necesidades y potencialidades de las personas mayores. De esta manera, la educación deja de entenderse como un privilegio reservado a la juventud para convertirse en un derecho que acompaña a las personas durante toda la vida».
Por ahora, cuenta con el respaldo de entidades como la Fundación Luker, Procaldas, el Ceder, la Cruzada Social y la Fundación Saldarriaga Concha.
No es casual que este programa surja precisamente en Manizales. La ciudad hace parte, desde 2021, de la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud. Esa vinculación representa un compromiso permanente con la construcción de entornos que favorezcan el envejecimiento activo y saludable.
En 2026, la publicación del libro Manizales, ciudad amigable con las personas mayores. Entre luces y sombras señaló que, aunque existen avances importantes, todavía persisten enormes retos para consolidarla como una ciudad verdaderamente preparada para el cambio demográfico.
Adicionalmente, recordemos que Manizales fue elegida recientemente como la mejor ciudad para vivir en América Latina, al recibir el prestigioso premio «Ciudades para la Vida» de ONU-Hábitat LATAM.
La Universidad Intergeneracional constituye, quizá, la respuesta académica más innovadora que ha dado la ciudad frente a ese desafío. La Universidad de Caldas entiende que el aprendizaje permanente será una de las condiciones esenciales para preservar la autonomía, la salud mental, la participación ciudadana y la calidad de vida de una población cada vez más longeva. La iniciativa también forma cuidadores, fortalece redes de apoyo, promueve el diálogo entre generaciones y enfrenta uno de los problemas más silenciosos del envejecimiento contemporáneo: la soledad.
En una conversación reciente con la socióloga Ivonne Mendoza, gerente del Centro Cultural del Banco de la República en Manizales, quien adelanta una excelente labor cultural en la ciudad con gran sentido de pertenencia y compromiso, resumió con una expresión tan sencilla como elocuente el significado de esta iniciativa: «La Universidad Intergeneracional es un gol olímpico».
Por su parte, Claudia Benavides, directora ejecutiva de INCUBAR y columnista de LA PATRIA, escribió: «Este modelo tiene todo para convertirse en referente del Sistema Universitario de Manizales (SUMA) y en una propuesta que la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) adopte a escala nacional».
Comparto plenamente esas apreciaciones. La Universidad Intergeneracional puede convertirse en uno de los proyectos que definan la identidad de Manizales durante las próximas décadas. Ahora tiene la oportunidad de tornarse en referente nacional en educación para el envejecimiento activo y el aprendizaje permanente. Uno no debe dejar de estudiar sino hasta cuando se muere. El mundo del conocimiento es fuente de un indescriptible placer.
La Universidad Intergeneracional debe entenderse como una política de ciudad y, ojalá, como una política pública regional. Fortalecerla significa prepararnos para el futuro, invertir en cohesión social, promover una vejez activa y digna y aprovechar el inmenso capital humano que representan las personas mayores.
Los chinos enseñan que toda crisis encierra una oportunidad. El envejecimiento de la población no tiene por qué verse únicamente como un problema. Puede tornarse en una ventaja competitiva para Manizales si somos capaces de anticiparnos a los cambios y construir, desde hoy, una ciudad que haga del conocimiento, la solidaridad entre generaciones y el respeto por la experiencia uno de sus mayores activos.
En esa dirección está en sus primeros pasos un proceso que avanza paralelamente: la creación del Club de Amigos de la Universidad Intergeneracional, llamado a fortalecer el sentido de pertenencia y a convocar nuevos aliados.
Finalmente, lo ideal sería que la Universidad Intergeneracional recibiera un sustancial refuerzo por parte del Gobierno nacional.