4 de julio de 2026

MF

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
4 de julio de 2026
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
4 de julio de 2026

 

Cuando anunciaron la pandemia y determinaron un encierro que nadie entendía, pero que tampoco fue discutido, para tratar de conservar los menores niveles de contagio, como que por la ignorancia total sobre el tema se pensaba que el mero intercambio de conversaciones ya era un riesgo, fueron muchos los que se pusieron en el trabajo de pensar que hacer en ese interregno que de alguna manera no los aislara totalmente de sus amigos y conocidos. 

Fue un encerrona en casa para cuidarnos. Cuando se conoció un poco más sobre el asunto, se supo que efectivamente el contagio entre humanos sólo era posible mediante intercambios salivales. 

Por muchas chispas que caen de la boca de más de uno a cada momento, no tenían la capacidad de contagio, pero ya estábamos encerrados y así nos mantuvieron durante muchos días, en que hubo que aprender a trabajar de otras maneras y que de alguna forma dejó unas nuevas modalidades de trabajar en conjunto, como fueron las reuniones virtuales y las clases desde la soledad de una pantalla de un portátil para hablarle a unos alumnos que al comienzo de la clase contestaban a lista, pero en la necesidad técnica de apagar cámara y micrófono, casi todos ellos terminaban haciendo otra cosa, mientras sus docentes hablaban ante un PC en la seguridad de no estar siendo escuchado por nadie. 

(A manera de experimento, alguna vez hicimos una pausa de diez minutos en la clase, guardando silencio completo, a la espera de que alguien hablase para interrogar el motivo de la falla. Nadie dijo nada. Contactado telefónicamente un alumno, se le preguntó si se había  preocupado por esa larga pausa y la respuesta fue de ausencia: no profe, usted en ningún momento interrumpió la clase. Seguimos en ese ejercicio inútil y de pronto ridículo y terminamos el semestre, en razón a que desde una oficina de la Universidad tenían el control del link de la clase y grababan todas y cada una de ellas, como prueba de haber asistido y cumplido con el deber). 

Un publicista, periodista, columnista, director de TV, director de programa de radio, pianista de oído, se dio a la tarea de hacerle llegar todos los días, por las redes sociales, un mínimo concierto de piano, teniendo como meta alcanzar mil obras, sin repetir ninguna. Llegó a las mil y siguió derecho. La pandemia pasó, pero él se quedó como parte de la esencia de lo que es ser vallecaucano. Cada mañana llega una canción, sin que sea repetición de otra. 

Mario Fernando Prado López, MF, es el pianista, que todos los días sigue haciendo llegar su grabación, sin comentarios, sin mensajes de ninguna naturaleza, y hasta ahora, van mucho más de mil, no ha repetido ni una sola canción. Se fue la pandemia, pero no se ha ido y ojalá que ello nunca llegue a suceder, esa presentación que todos los días tiene un escenario diferente, aprovechando los paisajes y los lugares icónicos de su amado Valle del Cauca, como que es de pandebono, manjar banco, sancocho de gallina, vientos e hilos que aprovechan los vientos suaves que vienen del Pacífico y cuya fuerza se aminora al pasar los bellos Farallones, para hacer el juego aéreo de las cometas en agosto y septiembre. . 

MF no falla, ningún día. No hay una hora fija para que llegue la grabación. A veces al despertar se encuentra con que la obra de ese día fue enviada a las dos o tres de la madrugada. Cada quien lo oye a la hora que tenga disposición temporal. 

La vida nos regaló la hermosa oportunidad de ser amigo de MF. Llegamos juntos al “Kinder de Sanclemente”,  en 1971, cuando Cali hizo los VI Juegos Panamericanos y el subdirector del diario local El País, Jorge Arturo Sanclemente, tuvo la idea de reclutar jóvenes que al menos fuesen bachilleres, que supiesen escribir a máquina (eran completamente manuales y se escribía sobre unas hojas largas, retales de la imprenta, de papel periódico, con el fin de formarlos como reporteros deportivos. Llegaron muchos. Escogieron a quienes pasaron las pruebas y entre ellos estaba MF. 

Contrataron expertos en todos y cada uno de los deportes que se practicarían en los Juegos y capacitaron a esos noveles periodistas en reglamentos, tácticas y estrategias, manejo del tiempo y técnicas de redacción. Luego el gran grupo escogido fue dividido por deportes y asignados al cubrimiento. Fue una capacitación de poco más de un mes, no sólo en lo teórico, sino en lo práctico. 

Entre esos muchachos estaba un flaco, muy flaco, dicharachero, de excelente buen humor, mamador de gallo, capaz de hacer amigos en apenas un minuto. Era MF, quien daba muestras de un talento que se le salía por los poros y que fue muy bien aprovechado por el periódico, como sucedió con los demás reporteros. De esa camada salieron grandes periodistas y exitosos profesionales de otras áreas del conocimiento, que de alguna manera han conservado sus vínculos con el periodismo. 

Mario Fernando  se destacó, como muchos de ellos, por su buen manejo del idioma, su bien escribir, dejando entrever en todo momento un gran sentido del humor, para no tomarse la vida tan en serio. 

Cumplidos los Juegos, hecho el mejor cubrimiento periodístico de los mismos por parte de El País, el objetivo esencial de la convocatoria pasaba a un segundo plano, por lo que a cada quien se le fue acabando su contrato y solo permanecieron aquellos, muy pocos, que demostraban verdadero talento como periodistas. Entre ellos MF. 

Pero MF era ambicioso. Creativo. Con ciertos rasgos de genialidad y pensó en que ello debía aprovecharlo. Renunció al diario y se fue a crear, con las uñas una Agencia de Publicidad. Con sus buenos contactos, su manera exquisita de ser y la ayuda de algunos amigos se hizo a las cuentas de grandes empresas y lo que parecía una simple locura de alguien con mucho talento, pero con más ganas que otra cosa, se convirtió en una de las Agencias de Publicidad más importantes que ha tenido Colombia. En la historia de la Publicidad siempre estará en primer plano MF Publicidad. 

En la medida en que la solvencia económica, sin llegar a ser rico, le fue dado tiempo libre, lo volvió productivo. En casa paterna siempre hubo un buen piano, que el muchacho golpeaba de  manera auditiva en muchas ocasiones. Nunca estudió música, nunca supo como elaborar un pentarama, por tanto nunca ha leído una nota musical. 

Eso si: con un oído privilegiado y una memoria de elefante, si es que los elefantes tienen la memoria que se comenta en el decir propular. Se aprendió las tonalidades del teclado. Mirando siempre las blancas y las negras. Se hizo al afecto de esas cuerdas que suenan con teclas suavemente golpeadas, y tocó piano. Nunca ha predicado que sabe tocar piano. Simplemente toca piano y comparte con mucha gente de Colombia el gusto de dejar oír muchas canciones que son parte de la esencia del mundo auditivo de MF. Un gran almacén nemoténico de canciones de todop el mundo.  

Quienes tenemos el privilegio de ser amigos de MF y además de recibir sus canciones todos los días, ya volvimos el ejercicio de escuchar esas notas, que nunca pasan de dos minutos de duración, como si fuera parte de nuestra vida diaria. Una especie de rutina del placer de la música. Nunca nos ha fallado. 

Nunca le hemos dicho a MF que lo queremos mucho por la enorme cantidad de música que nos ha regalado. Y de pronto esta nota tiene por objeto hacerle saber eso, a èl y todos sus millones de amigos. 

Regalar siempre es mejor que recibir. La satisfacción es mayor. MF nos regala a muchos todos los días las suaves notas de su piano, teniendo como escenario cualquier paisaje colombiano, escenario elegante de distintas ciudades y al lado de sus amigos. 

Parte de la esencia de lo que es la caleñidad, son los conciertos de los viernes en la plazoleta del Centro Comercial Chipichape, a las cinco de la tarde, donde siempre tiene invitados, que pueden ser desde figuras consagradas, hasta simplemente aficionados al canto que se quieren dar el gusto de hacerse oir acompañados de las notas de MF y con la asistencia de cientos de espectadores. 

Que grata es la vida cuando se tienen momentos deliciosos escuchando el piano de MF, quien toca de memoria, sin ninguna presentación previa, en caracteres sobreimpuestos se conoce el nombre de la canción y su autoría. Para sus amigos, el mini concierto diario de MF es parte de nuestras vidas.

 No sería fácil entender los días sin las deliciosas notas del piano de MF, a quien queremos tanto.