Evolución conceptual en salud
El nuevo modelo socio-sanitario de Bogotá
Muchos avances ha tenido la Administración Distrital actual de Bogotá. Algunos son notorios; otros, aunque bien estudiados y hasta puestos en marcha, no se han hecho tan visibles a la opinión pública. Es posible que los ciudadanos los hayan percibido o vivido, pero es cierto que no se han difundido ampliamente ni son reconocidos como logros por el conjunto de la población.
En esta ocasión quiero destacar uno de esos avances de los cuales poco se habla. Es el esfuerzo por transformar el concepto tradicional de salud y, con él, la realidad. Históricamente, la salud pública se ha medido casi exclusivamente con indicadores como tasas de mortalidad, morbilidad, cobertura de servicios médicos y control de enfermedades. El enfoque ha sido en lo reactivo, centrado en la presencia o ausencia de patologías.
En el último tiempo Bogotá ha venido construyendo un nuevo modelo socio-sanitario de protección social, más completo e integral en el cual participan, entre otras, las secretarías de Salud, Integración Social y Cultura, Recreación y Deporte. Es una concepción bien interesante, que bien merece ser imitada y que busca articular la tradicional atención y la prevención con una mirada más amplia al incorporar la calidad de vida y el bienestar emocional, social y ambiental.
El modelo presenta una enorme diferencia de fondo con lo anterior. Ya no se trata solo de tratar enfermedades o prevenirlas desde el sector salud de manera aislada. Se busca medir la salud como un estado de bienestar integral, el cual incluye dimensiones emocionales, sociales y ambientales. Esto implica reconocer que el buen vivir o bien-estar de las personas depende también del acceso a la cultura, la recreación, el deporte, la integración social y un entorno que favorezca la cohesión comunitaria. De allí la participación de otras entidades.
Las diferencias consisten, en primer lugar, en que se rompe con el enfoque sectorial tradicional. En vez de trabajar de manera aislada, las distintas secretarías comparten una visión común y es que la salud no se construye únicamente en los hospitales, sino también en el tejido social y cultural de la ciudad.
En segundo lugar, cambian los indicadores. Junto con las métricas clásicas de enfermedad, se incorporan mediciones de calidad de vida, percepción subjetiva de bienestar, participación en actividades culturales y deportivas, y fortalecimiento de lazos comunitarios. Se pasa de medir solo lo negativo como las enfermedades, las muertes y las hospitalizaciones, a promover y cuantificar lo positivo, incorporando una perspectiva subjetiva como la realización personal, la satisfacción con la vida y el sentido de pertenencia.
Este giro conceptual es un logro de la mayor importancia pues además representa la maduración y puesta en marcha de una idea que la Organización Mundial de la Salud planteó hace ya muchos años de la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social pero que en pocas ocasiones se ha logrado operacionalizar en políticas públicas a una escala urbana, menos aún nacional, al menos en nuestros países. Al hacerlo, Bogotá avanza hacia una gobernanza más integral, que entiende que los determinantes sociales y culturales son tan decisivos como los estrictamente médicos. Como ejemplo está la propuesta política pública para el envejecimiento y la vejez que, para empezar, no tiene que ver solo con los adultos mayores como podría interpretarse. Su propósito es que cada quien, sin importar la edad, sepa transitar cada etapa de la vida de la mejor manera posible y aprenda a envejecer, esto es, entender y manejar el cambio no solo normal sino inevitable al pasar de una edad o momento de la vida a otro.
La base del nuevo modelo descansa en cuatro pilares: a) la interoperabilidad, para una óptima información sobre la población (a cargo de la Secretaría Distrital de Salud pues es la que más datos sensibles administra y está en la obligación de proteger ciertos datos individuales), b) la articulación entre los actores que manejan los distintos factores o determinantes sociales del bienestar, c) el trabajo comunitario y, d) la gestión del riesgo para encontrar y manejar las vulnerabilidades y amenazas a las cuales se encuentra expuesta la población buscando eliminar, evitar o mitigar esos factores y determinantes sociales del riesgo.
Por supuesto, no todo está terminado. Muchos temas están aún pendientes, como una una mayor difusión de estos logros para que la ciudadanía los reconozca y se apropie de ellos. También es necesario seguir afinando los mecanismos de medición y evaluación para que el modelo demuestre su impacto real en la calidad de vida de los bogotanos.
Sin embargo, el solo hecho de haber impulsado esta transformación es meritorio. En un contexto de ciudades cada vez más complejas, donde los problemas de salud mental, aislamiento social y desigualdad son crecientes, adoptar un enfoque que abrace el bienestar emocional, social y ambiental constituye un paso adelante significativo. No es solo una mejora administrativa sino una evolución en la forma de entender lo que significa realmente cuidar o dar salud a la población.