28 de junio de 2026

Imperio del materialismo en el mundo moderno.

28 de junio de 2026
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
28 de junio de 2026

 

El mundo contemporáneo parece haber erigido un nuevo altar, el del materialismo absoluto, donde el valor de las cosas se mide por su utilidad inmediata, su precio en el mercado o su capacidad de generar poder. La política, el deporte, la administración pública y privada, la educación y hasta la vida íntima de las personas, se ven atravesadas por esta lógica que reduce la existencia a cifras, posesiones y beneficios.

Sin embargo, este fenómeno no es enteramente nuevo. Sus raíces se hunden en la historia de la filosofía y de la cultura. Ya en la Grecia antigua, Sócrates insistía en que la verdadera riqueza del hombre no está en lo que posee, sino en la virtud y en el cuidado del alma. Platón, en sus diálogos, advertía que el mundo sensible es solo una sombra de las ideas eternas, y que quien se aferra a lo material queda prisionero de la caverna. Aristóteles, más pragmático, reconocía el valor de los bienes externos, pero subordinados siempre al fin supremo: la vida buena, guiada por la virtud.

Hoy, el resultado es evidente. En la política, el interés común se subordina al cálculo electoral y al beneficio económico. En el deporte, la gloria se mide en contratos millonarios y no en la nobleza del esfuerzo. En la administración pública y privada, la eficiencia se confunde con la rentabilidad, olvidando la justicia y la equidad. En la educación, el saber se instrumentaliza como medio para producir riqueza, más que como camino hacia la sabiduría.

El desafío de nuestro tiempo es recuperar esos principios y reinsertarlos en la vida pública y privada. El materialismo, en sus diversas formas, ha aportado avances y explicaciones poderosas, pero cuando se convierte en dogma absoluto, empobrece el espíritu y degrada la convivencia.

La verdadera grandeza de una sociedad no se mide por su producto interno bruto, ni por la magnitud de sus estadios, ni por la sofisticación de sus tecnologías, sino por la dignidad de sus ciudadanos, la justicia de sus instituciones y la profundidad de sus valores.