¡¡Vaya!! ¡¡Vaya!!
Pasado el día de la segunda vuelta para la elección presidencial, quedan en la mente una serie de declaraciones de los distintos grupos políticos y de los candidatos que nos hablan mal de lo que nosotros, los ciudadanos hacemos, pensamos, recibimos y el cómo actuamos.
Para iniciar, hay que decir que no hemos podido aprender a no maltratar a los demás con nuestras tendencias e ideologías. Seguimos pensando que los “otros” son simplemente personas qué, por pensar, decir, o creer, son enemigos nuestros y, sin más o sin menos, estamos dispuestos a lo que sea con tal de que ese, que llamaré adversario, se calle y no diga nada que altere nuestra propia tendencia.
Y claro, dispuestos a lo que sea, no tendremos problema alguno en ir a matarnos con el fin de que lo nuestro salga avante.
Y si como ciudadanos hacemos y decimos lo que nos da la gana, no es para menos lo que los dirigentes de las colectividades hacen, dicen o invitan a hacer o a creer. Y de eso no se escapa ni el mismo presidente, tal y como es lo que hemos vivido y oído en esta oportunidad, lo que se sale de toda proporción y de lo esperado de quien debe dar ejemplo. Desde luego que de este presidente poco puede esperarse en todos los campos, pero especialmente en el del respeto y el ejemplo, empezando para con su propia familia. Y ni que decir de nosotros, los simples ciudadanos.
Podría decirse que es comprensible que los candidatos afirmen de si mismos cualquier propiedad exorbitante, y hasta podría entenderse que en algún momento diga algo de sus competidores, desde luego sin llegar a la calumnia y al ataque artero. Claro que algunos no dejarán de construir su grandeza parándose en las cenizas de otros y no haciendo de su vida un pedestal. Eso es inevitable dada la materia de la que estamos hechos los humanos.
Hoy, pasadas las primeras horas del debate electoral algunas cosas sobresalen y son salidas solo del pensamiento y frustración que emana del alma de quienes ven truncadas sus aspiraciones. El solo ejemplo del señor Cepeda al afirmar 3 horas después de cerradas las urnas, que tenía información de 33 mil urnas en las cuales hay irregularidades. No mide Cepeda sus palabas ni lo que de ello se deriva, como quiera que la información que dice recibió le debió llegar a razón de 2 quejas cada segundo. La veracidad de lo que dice se cae por su propio peso y mal dice de quien quiere comunicar tal problema o denuncia. Pasa, de igual manera, con el señor Petro que cree que los integrantes del pueblo que él dice representar le tienen que creer cuanta fantasía pasa por su mente para justificar su propio fracaso y frustración. Y allí sigue dándole y dándole a cuanta teoría se le antoja para buscar falsear lo que ante los ojos de un sin número de veedores es claro y no rompe con lo establecido. Eso sí, a los suyos, a su pueblo, al que lo sigue pie juntillas sin chistar, sin pensar, sin campo para el raciocinio, al que puede engañar, entregándole motivos para que se levante y destruya lo que no le ha convenido, lo que él no ha construido.
Y, para reafirmarse, los que ganan no respetan a la minoría, como quiera que eso es de la esencia de la democracia, democracia que no consiste solo en ganar y se vuelca más al respeto a los que no ganaron y el llamado a que hagan oposición, como medio para que las cosas hacia el futuro sean mejores en beneficio de todos.
Esperamos que el emperador que ya termina su mandato, respete el querer de las mayorías, tal como Cepeda ya lo hizo, así sus partidarios sean numerosos. Sí, porque numerosos también somos todos y el que gobierna lo tiene que hacer para con todos.