Cesó la horrible pesadilla
Al igual que la columna del lunes siguiente de la primera vuelta, esta fue escrita el viernes, dos días antes de las votaciones, día límite para la recepción por parte del periódico, para ser publicada hoy lunes. Con la seguridad de que los colombianos en su inmensa mayoría tenían claro que había que ponerle la raya al tigre en el tarjetón electoral a depositarse en las urnas para salvar la institucionalidad de la república, confiados escribimos: “Cesó la horrible pesadilla”. Y sí, esta larga pesadilla de cuatro años, en verdad de verdad ha terminado, gracias a la sensatez de nuestros compatriotas y a los innumerables errores de este Gobierno corrupto y criminal. La izquierda dañina, expulsada de los países que ha pretendido adueñarse para esclavizar a los pueblos y exprimir sus presupuestos, está llegando a su fin en América Latina, con Perú recientemente, al sumar el triunfo de Keiko Fujimori quien derrotó al izquierdista Roberto Sánchez, a quien Petro se anticipó a felicitar, en un acto contrario a la seriedad de un gobierno recto y democrático. Colombia, nuestra patria amada, altiva y victoriosa, nuevamente regresa por las sendas democráticas al imperio de la ley y al respeto por la institucionalidad en defensa de sus derechos fundamentales. Reconociendo que los gobiernos que antecedieron a este, fueron responsables de muchos errores y despropósitos, propios de una clase política corrompida que le abrió las puertas a la izquierda como alternativa, tenemos claro que el mandato de Abelardo De la Espriella, no sometido a la presión de los politiqueros de siempre, a los que desechó, sabrá rodearse de personas capaces e íntegras, de cuya pulcritud y decoro nadie tenga dudas. Corresponderá el nuevo gobierno a instalarse el próximo 7 de agosto, a ese sano fervor con que en campaña fue rodeado con exorbitante entusiasmo. La dupla victoriosa conformada por Abelardo De la Espriella y José Manuel Restrepo, llena de esperanza el futuro de la Patria, al desterrar de la Casa de Nariño a quien habiendo grabado en piedra sus compromisos, traicionó al pueblo que lo ungió como su gobernante. El llegar sin ataduras ni compromisos con quienes han hecho de la política un barril sin fondo de sucias y criminales apetencias, lo convierte en un líder capaz de producir la transformación esperada, no dedicado a pagar su elección sino en conducir con responsabilidad y acierto a un pueblo ansioso de superar años de atraso y de pobreza. Llegar a la dirección del Estado con un vicepresidente como José Manuel Restrepo, a quien solo le bastó su profunda preparación académica, ajena a los tejemanejes politiqueros de siempre, garantiza la responsabilidad y la solidez de un gobierno que en hora buena, supimos elegir. Como bien lo ha expresado el presidente electo, gobernará para todos los colombianos sin excepción ninguna, hayan o no votado por él. La polarización, que tantos males nos ha traído, irá quedando atrás en la medida en que el pueblo vaya registrando de manera positiva el cambio con las nuevas políticas impuestas, que habrán de beneficiar a todos los sectores de la población. Ungido como nuestro mandatario, por fuera de los conciliábulos politiqueros, llega, no como uno de los de siempre, sino dispuesto como él lo dijera a lo largo de su campaña; a “cambiar la política para siempre”.