¡Gracias, Petro!
Puede sonar paradójico, pero la inmensa corrupción y la desfachatez presidencial, nos llevan a pronunciar un profundo agradecimiento a Gustavo Petro al final de su mandato. Y es que, la verdad, este gobierno sí fue el del cambio, pero de quienes tenían el patriotismo dormido o anestesiado.
Porque después de haber padecido durante estos cuatro años al sátrapa redomado, aprendimos a amar nuevamente a Colombia, a ser más cívicos, a luchar por nuestros derechos, a reconocer el valor de la ley, la justicia y la institucionalidad. Aprendimos que el silencio es el mayor cómplice de la corrupción y la criminalidad. Porque sus desafueros y perversidad nos obligaron a buscar una alternativa distinta a lo de siempre, para quitarnos el yugo que creíamos imposible de superar.
Nos obligó a diferenciar entre una Juventud pujante, valiente, trabajadora y llena de espíritu patriótico, y aquella que quiere todo regalado, exige derechos, desconoce sus obligaciones y cree que a través de la violencia se puede apoderar de lo ajeno, o vandalizarlo si lo ve lejano. Nos enseñó, además, que esa juventud equivocada aún puede ser rescatada si sale del engaño al que ha sido sometida, y que la violencia que los acompaña es producto de una orquesta de seres mezquinos que los arruina para perpetuarse en el poder. Reaprendimos que los símbolos patrios son más que objetos coloridos, y que portarlos nos hincha el corazón de orgullo y nos mueve a defender los valores de una nación.
Gracias, Petro, porque su maldad es la antítesis de lo que merece Colombia y nos mostró que los buenos, unidos, podemos derrotar a los más feroces, poderosos y crueles enemigos. Usted, con su maldad, volvió a encender los corazones de millones de colombianos que nos despertábamos sin ilusiones ni aspiraciones porque todo lo veíamos perdido. Usted, con su perversidad, provocó que emergiera de lo profundo de la nación un hombre que supo leer las necesidades del país y le apostó a una resurrección nacional llamada Patria Milagro; un hombre que supo liderar el espíritu de libertad y hoy tiene el país ad portas de lograrla.
Y aunque Carrillo, Bolívar y demás áulicos indeseables traten de amedrentarnos, anunciando otra toma terrorista cuando triunfe Abelardo en las urnas, lo que nos indican es que la única forma de liberarnos de usted y su camarilla mafiosa, es ganando con contundencia el próximo domingo. Nos indican que hay que vencerlos en las urnas por millones de votos ¡Y así lo haremos!
No vamos a escondernos ni a dejarles el país a sus anchas para que se lo sigan consumiendo. Los colombianos de bien somos más que los bandidos que nos amenazan. Este 21 de junio demostraremos que Colombia, unida, es invencible y que el próximo lunes amaneceremos bajo la esperanza de la Patria Milagro.
Entonces sí: ¡Gracias, Petro! Porque tal vez usted, con su satanismo, era el único que nos podía unir a los colombianos que estamos hoy, más que nunca, ¡Firmes por la Patria!