13 de junio de 2026

Alberto

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
13 de junio de 2026
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
13 de junio de 2026

 

La  ética construida desde el respeto pleno por el otro fue la base fundamental de su existencia, de su saber, de su enseñar, de su vivir. 

Por encima de todo estaba el respeto hacia el otro, hacia quien pensara distinto, hacia los seres humanos, hacia los animales, hacia los vegetales, como que fue un gran entusiasta de la defensa del medio ambiente, en sus convicciones de que el mundo de hoy era necesario preservarlo, protegerlo y conservarlo para que las generaciones venideras tuvieran un mundo no tan contaminado que les permitiera seguir respirando. 

Para él el ser humano era la esencia de todo lo existente en el mundo. Y a su defensa se dedicó desde su actividad personal y profesional, dedicando gran parte de su producción intelectual a la explicación de esa filosofía en la que llegó a ser el primer convencido. 

Se hizo abogado por plena convicción de encontrar soluciones a todos los problemas de la sociedad mediante el uso de las normas y dejando de lado el uso de la fuerza en su más mínima expresión. 

Desde donde estuviera en el desempeño de su saber, su prédica en todo momento era en defensa de la naturaleza y de los derechos de los seres humanos. Una vida dedicada a defender lo que todos deberíamos defender por naturaleza, pero que a veces deja la sensación de que son pocos los que lo hacen. 

Llegado de su natal Sevilla, Valle del Cauca,  la tierra de Lino Gil Jaramillo y de Lisandro Duque Naranjo, buscó la capital del Departamento como una manera de abrirse un camino que no le era posible encontrar en lo que se sigue llamando en nuestro medio la provincia. 

En la provincia son demasiado limitadas las oportunidades y de ahí la necesidad de que quienes tienen ambiciones que van mucho más allá de encontrar una manera de vivir decentemente se deban desplazar hacia los grandes centros urbanos, donde se pueden hallar razones más amplias de construcciones vitales. 

Se  fue de su pueblo natal en busca de mejores destinos y siempre supo que el camino era el saber y el aprender y cuando supiera el enseñar, pues desde lo que se sabe se formulan propuestas y se generan propósitos más amplios para todos. 

Pensó en su formación profesional como la oportunidad de conocer más de cerca las regulaciones que permitan a los seres humanos entender el orden y mediante su uso gozar de la libertad. Poniendo como condición esencial el respeto. 

Y al respeto en todas sus expresiones dedicó su vida. Su misma forma de ser pausada, elegante, del buen decir, del buen escribir marcaba ese respeto que sentía por los demás y que seguramente aspiraba a inspirar. 

Sus alumnos en las Universidades donde fue docente, entendieron que al frente en sus clases de Derecho Constitucional y Derecho Ambiental tenían a un sabio, pero antes que nada a un ser que entendía, explicaba y buscaba el diálogo en todos los espacios. 

Una temprana y devastadora enfermedad se lo ha llevado al mundo de los que dejan de existir como personas y se convierten en realidades que confornan su obra, su producción académica, que en su caso alcanzó un total de 16 libros sobre ética, historia y derechos humanos. 

Esas dos áreas del conocimiento humano fueron su fuerte y no solamente en el conocimiento teórico, sino en el ejercicio vital de todos los días. Encontrarse con Alberto Ramos Garviras era tanto como estar frente al respeto pleno por los valores humanos. 

Alberto nunca supo de maledicencias, ni descalificaciones ajenas, ni mucho menos de ausencia de respeto por lo que los demás pensaran, así fuese absolutamente contrario a sus ideas. 

En los cargos de ejercicio de lo público en que se desempeñó siempre buscó el campo de acción de defensa de los derechos humanos y de los derechos ambientales, en los que no dejaba por fuera al más humilde de los animales, ni el más desprotegido de los cultivos. 

Un ser humano universal, desde su saber. Fue abogado para defender las causas comunes, aquellas que hablan del posible futuro de un mundo que en momentos deja la sensación de lo que vamos a acabar entre todos, con el maltrato, con el despilfarro, con los abusos sobre la naturaleza. 

Hablar con Alberto era estar frente al intercambio de ideas, pensamientos y explicaciones que debían tener el soporte necesario desde lo científico, sin que nunca jamás levantara el tono de su pausada voz y de la claridad de sus pensamientos. 

Un encuentro con Alberto Ramos Garviras era un encuentro con la inteligencia lúcida y el verbo respetuoso ante las ideas más disimiles que pudiesen encontrarse en las tesis de los grandes filósofos y de los destacados politólogos. 

Era  un dialogante en todo. No entendía a quienes querían o pretendían imponer ideas. Para él pensar era debatir con paciencia, con conocimiento y sin necesidad de elevar el tono de la voz. Siempre cuidó mantener la calma, el orden y antes que nada el respeto hacia si mismo y hacia los demás, incluyendo allí a todos los seres vivos. 

Pensar en Alberto Ramos Garviras, con quien nos unió el amor por el conocimiento, el estudio, la docencia, la investigación histórica, es creer en la dialéctica del saber, con la esencia del respeto. 

Para Alberto saber no tenía límites. Conocer menos. Siempre dijo que antes que nada era un eterno estudiante, en la convicción de que nunca terminaría 

de aprender. Sabía mucho y pensaba que sabía poco.

Se fue de la vida cuando tanta vida le quedaba. Su esposa, sus hijos, sus amigos, sus alumnos lo vamos a extrañar. Nos hará mucha falta la pausa de su hablar y el contenido esencial de su saber. 

A todo intelectual de la calidad de Alberto le sobrevive su obra. Por muchos años en el pensamiento político y en la historia va a quedar lo dicho por él en sus escritos. 

Escribir y transmitir parte de lo mucho que sabía fue de la esencia de su existir. Una existencia que construyó con muchas ganas de conocer más a fondo todo aquello de lo que se ocupaba. 

Nos deja un gran vacío la ausencia física de Alberto Ramos Garviras, nos queda su obra intelectual y especialmente su afecto que llevamos metido en nuestras emociones.

Son demasiados los espacios que deja Alberto al marcharse de la vida. Mientras la existencia de quienes tuvimos el gusto y el honor de ser sus amigos permanezca no será olvido, será la presencia de un hombre universal que puso con entrega y especialmente con un gran respeto. su vida al servicio de los demás, con discreción,  pero sin claudicaciones. 

Quienes hacen del saber su vida, jamás van a desaparecer de la memoria humana, porque solamente les llega al olvido a quienes pasaron por aquí apenas sobreviviendo. Los estudiosos, como Alberto no llegaron a la existencia a eso, sino a aprender todos los días y a compartir con los demás lo mucho que aprendieron. 

Alberto Ramos Garviras  no ha dicho adiós, apens si un pequeño guiño para que sigamos leyendo sus obras, pero especialmente para que pongamos en práctica en todos los actos de la vida el respeto como esencia de lo que es ser humano. 

Definir a Alberto Ramos Garviras es decir respeto.