¡Unidos, podemos!
Tal vez nunca habíamos visto el país en este estado de crispación, nerviosismo e incertidumbre. Porque, aunque los resultados electorales del 31 de mayo nos fueron favorables, falta un peldaño definitivo para asegurar el presente de millones de colombianos y el futuro de quién sabe cuántas generaciones.
Y no podemos llamarnos a engaños, ni recibir esta primera victoria con soberbia y prepotencia. ¡No! El peligro nos acecha, y estamos enfrentados a enemigos muy poderosos, inescrupulosos y millonarios, además de terroristas, mafiosos y dispuestos a todo para conservar el poder y la impunidad que les dio el gobierno Petro. Por eso la reacción presidencial en su derrota; por eso el desconocimiento de los resultados electorales; por eso los actos vandálicos de esta semana; por eso la ola de actos ilegales de un gobierno que decidió públicamente ponerse al frente de la campaña cepedista, jugándose los restos y arrasando con lo poco de institucionalidad y respeto que nos quedaba.
Bien lo dice Abelardo: esto ya no es una lucha entre candidatos. Es la definición entre las cadenas ignominiosas del comunismo, la pérdida de libertades, derechos y patrimonio, o el rescate del país y la proyección hacia la grandeza que nos merecemos. Es la pérdida total de oportunidades y terminar sumidos en la miseria económica, política y social, o la recuperación de los derechos, la esperanza y los valores familiares, religiosos y morales que nos permitan salir de este estado de postración en que nos encontramos.
Repito: ¡el peligro nos acecha! Gustavo Petro ha venido urdiendo sus planes macabros desde el primer día de gobierno y hoy, al ver que se truncaron sus aspiraciones de ganar en primera vuelta, está desatando toda su ira y desplegando esas fuerzas que descaradamente coordinó, alimentó, instruyó, armó y pagó durante cuatro años de desvergüenza. Y nos encontramos con un país donde la fuerza pública está acuartelada y minada; las instituciones penetradas por sus camaradas del monte; la justicia acorralada e inoperante; el legislativo corrompido hasta los tuétanos; y los ríos de dinero permeando unas bases repletas de vagos, desechables, vándalos, terroristas y delincuentes.
¿Qué nos queda entonces ante este oscuro panorama? ¡La unión de los buenos! Porque, no obstante lo descrito, en Colombia los buenos somos más. ¡Y muchos más! Si cada uno de quienes votamos por Abelardo en primera vuelta, llevamos a las urnas el 21 de junio a alguien que no votó, o lo hizo por otra opción, derrotaremos con contundencia a Cepeda y no le dejaremos más opción al sátrapa que declinar sus aspiraciones de perpetuarse en el poder.
Y hay que ganar con contundencia. Porque de todas formas tratará de desconocer los resultados adversos, pero le será más difícil si la diferencia es pronunciada. ¡Y tenemos con qué! No nos podemos arredrar ante las amenazas de violencia, ni ante la proliferación de mensajes tenebrosos de sus bodegas. Por el contrario, debemos responder con ardentía: ante cada amenaza y ante cada acto violento, la respuesta será un voto adicional. ¡Y aseguraremos el triunfo! ¡Unidos, podemos!