Extremadura y Antioquia, antología realizada por Antonio María Flórez
Antonio María Flórez es un médico deportólogo criado entre Extremadura y Caldas, entre Marquetalia, la pequeña población del oriente caldense, y Don Benito, en las tierras extremeñas. Es novelista, poeta y agudo crítico, pero fundamentalmente es un gran promotor cultural entre esas dos regiones geográficas de donde parece que va y vuelve todos los años.
Unido a la incansable Luz Mery Giraldo y al profesor Manuel Simón Viola, han recurrido a la herencia de Extremadura en la cultura antioqueña, la que es muy pocas veces reconocida, pero que ahí está, con solo buscar el origen del nombre de Medellín (copiado de una región extremeña) o de recordar a Núñez de Balboa, a Sebastián de Belalcázar o a Pedro Cieza de León.
Y aunque bastaría ese reconocimiento por una región española que no aportó la aureola que hoy le dan a judíos y vascos en las tierras de la civilización paisa, resulta indudable que Extremadura, pobre y sin méritos hidalgos, fue poniendo el empeño en lo que sería después el comportamiento y el lenguaje, las tradiciones y las actitudes históricas de los paisas.
Para comprobar esa verdad, Antonio María Flórez y su equipo investigativo han realizado una antología de narradores vivos de Extremadura y de Antioquia, en una bellísima edición realizada por el Ayuntamiento de Don Benito.
Por supuesto, como en toda antología, hay escritores antioqueños reconocidos, como Piedad Bonnett o Darío Ruiz Gómez, o desconocidos, como Isabel Botero o David Betancur. Y de narradores de Extremadura, casi ninguno se conoce en Colombia, aunque algunos nos retumban a los ratones de biblioteca como Javier Cercas, Dulce Chacón o Jesús Carrasco, a quienes hemos leído más de una vez.
No se trata, pues, de un libro para lectura masiva, cuanto para horadar en nuestra ignorancia colombiana el perdido ancestro literario y temperamental que hayamos podido tener de otras regiones españolas como Extremadura, a quienes nos enseñaron a no darles importancia o a pasar por alto porque, si bien no eran tan nobles, nos transmitían el coraje y el empeño de los pobres de España que hicieron América.