22 de julio de 2026

La carrera presidencial de Estados Unidos

5 de marzo de 2025
Por Elizabeth Mora-Mass
Por Elizabeth Mora-Mass
5 de marzo de 2025

 

Entre elefantes pastedGraphic.png y burros pastedGraphic_1.png

 

Nueva York. Con la seguridad de tanto los kamalistas como los trumpistas me van a nombrar la madre por igual por esta nota y, cómo alguien que entiende y vive fascinada por la política y las demostraciones públicas desde la adolescencia, esta semana fui hasta el Coliseo de Nassau para ver en vivo y en directo, el show de Donald Trump. 

Dado que soy una persona un tanto izquierdista, quería entender por qué la mitad de los estadounidenses, no sólo van a votar en masa por un hombre convicto de 34 cargos, sino que lo pregonan y para ello usan camisetas con su foto y número de convicto. Es una dialéctica política viva, que llega a la catarsis colectiva, cuando el expresidente levanta el brazo para saludar a los presentes. 

Como periodista he cubierto las campañas presidenciales de George Bush y George W. Bush, de Bill Clinton, de Barack Obama y la primera de Trump. Pero este estallido de reverencia y entusiasmo llegado al máximo, JAMAS lo había visto ni en Estados Unidos ni en Colombia. Son fanáticos que simplemente están extasiados con el presidente No. 45.

 Es fascinante ver cómo lo idolatran sus seguidores. Cuando Trump sale a escena el recinto estalla en gritos. La energía que se siente es tan electrizante que sólo puedo compararla con lo que sucede en un estadio cuando sale del túnel el equipo de la selección nacional en busca de una clasificación para la Copa Mundo y va en los primeros lugares. 

Fue asombroso mirar en vivo y sentir el rugido de la multitud que idolatra a Trump en un estado “azul”, es decir demócrata, cuyo símbolo es el burro y cómo tantos de los presentes lo ven como una víctima de la politización de la justicia por parte de los demócratas. Ese sentimiento es casi una blasfemia en Nueva York que es un estado demócrata hasta los tuétanos. Y por eso, la dificultad para entenderlo. Yo estaba segura que los seguidores de Trump estaban localizados en los estados “rojos’, es decir, los estados republicanos, cuyo símbolo es el elefante. Creía que, por lógica, que Nueva York tenía un 20% de seguidores de Trump, pero no ésta fanaticada fervorosa y desafiante.

En este coliseo, se entiende porqué Trump no sólo es un aspirante muy competitivo, sino que puede ganar las elecciones generales. De hecho, va empatado con Kamala Harris, la candidata demócrata. Y que, en sectores como Long Island, cuyos tres representes a la Cámara son republicanos no sólo puede ganar, sino arrasar. En 2020, el estado de Nueva York les dio a los republicanos las cuatro sillas que les permiten tener la mayoría en la Cámara de Representantes.

TRUMP ES PRIMERO ENTRE LOS HOMBRES

Desde temprano, las zonas aledañas al sitio del encuentro estaban repletas, con centenares de hombres blancos haciendo la mayoría. También había mujeres blancas, negras, hispanas y asiáticas. Y jóvenes—la Generación Z—de ambos sexos y de todas las razas, pero predominaban los jovencitos varones, quien están con Trump. Kamala Harris solo lo aventaja en un 3%, en esta importante generación futura. Y muchos analistas opinan que ese es el gran escollo para que gane las elecciones.

Lo que más me ha llamado la atención de esta elección es el hecho de que mientras para la inmensa mayoría de los medios estadounidenses, “Trump es un charlatán peligroso que acabará con la democracia si es elegido”, para sus seguidores es un ídolo que tiene las propuestas concretas y al que defienden a rabiar.   “Trump es justo el candidato que habla de nuestras necesidades”, me explicaba Joe, un joven estudiante hispano que estaba sentado a mi lado en las gradas altas del coliseo, hijo de activistas políticos demócratas de Long Island. Por eso no publico su apellido.

ECONOMIA E INMIGRACION, SUS CABALLOS DE BATALLA DE TRUMP

De igual manera no entiendo por qué mis colegas se centran en sus afirmaciones controversiales y exageraciones, mientras hacen a un lado sus propuestas. En Long Island, Trump habló de rebajar impuestos para la clase media, media baja y las pequeñas empresas, para explicar qué medidas tomaría como presidente para rebajar el alto costo de la vida.

Pero el paroxismo llegó cuando habló de volver a imponer el SALT, un descuento de $10,000 dólares en impuestos para los dueños de casa propia. Este es un tema muy importante para ganar votos en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, estados demócratas. El SALT se perdió por la reforma del mismo Trump, pero con el impulso de Alexandria Ocasio-Cortez y “El Escuadrón”.  

Pero en Long Island le echan la culpa a AOC y al Escuadrón. “Por ellas yo no tengo con qué tomarme un café. Diez mil dólares son nada para mis vecinos que trabajan en Wall Street y viven en Long Island, pero un dineral para mí que trabajo en construcción y tengo dos hijos en la universidad”, afirmó Alex, un salvadoreño que vive en Huntington Station, está registrado demócrata, pero hace campaña por Trump.

La historia de Alex explica por qué muchos hombres hispanos y negros, de clase media y media baja, registrados demócratas van a votar por Trump.  

El ex presidente republicano discutió porqué quiere seguir perforando para encontrar gas y petróleo y hacer a Estados Unidos la primera potencia mundial en energéticos–lo mismo que Kamala Harris promete por estos días—. Esto se da al mismo tiempo que la Cámara de Representantes votaba contra la imposición de que los carros no emitan gas carbono y funcionen con energías limpias, el gran mantra de los demócratas para las nuevas generaciones y las viejas, porque muchos viejos como yo consideramos que estamos destruyendo el Planeta Tierra –. Pero la mayoría de los republicanos replican que “es propaganda de la izquierda para acabar con el país e imponer el comunismo”.

Trump prometió quitarle los impuestos al Seguro Social. Muchos ancianos jubilados tienen que pagar impuestos por los dineros de la jubilación. “Sí. Hagamos grande a América otra vez”, aullaban los presentes, muchos hombres blancos mayores.

Una de las más grandes ovaciones que recibió fue cuando habló de sus programas para impulsar la construcción de viviendas y la compra de casa propia para aquellos que no poseen una. “Yo sé cómo construir a bajos costos”, aseguró, entre la algarabía de la gente.

PATADAS DE ELEFANTE Y LA LEY DEL ENEMIGO UNICO

Sin embargo, Trump volvió a hablar de los “inmigrantes ilegales que se están comiendo las mascotas”. La reacción de la gente fue horrible. Pancartas llenas de comentarios obscenos y personas que clamaban por la deportación masiva fue la respuesta.

¿Por qué Trump lo hace una y otra vez? Es simple. Está aplicando la ley del enemigo único de la propaganda política. Como inmigrante rechazo este caballito de batalla, pero como estudiosa del tema lo entiendo. Atacar a los indocumentados mexicanos le dio frutos en 2016. Así que quien dijo miedo. Los inmigrantes haitianos son ahora su plato fuerte para asustar a los estadounidenses de los estados republicanos.

Y no sólo eso. Hasta la saciedad acusó a Kamala Harris de “comunista”, “marxista” y de permitir “la invasión de nuestro país por parte de inmigrantes ilegales criminales”.

Es que la inmigración de indocumentados y las crisis que ha generado, se ha convertido en el talón de Aquiles de la administración Biden-Harris, motivo por el cual, Trump lo explota al máximo. Con casi cinco millones de indocumentados llegados en los últimos años, los pueblos y ciudades escogidos por estos inmigrantes y sus familias para vivir tienen los presupuestos al tope y los servicios de vivienda, salud y educación semi destruidos.

Trump afirmó que “Nueva York será como (la capital de) un país del Tercer Mundo, si Kamala gana”, mientras la gente gritaba y vociferaba contra lo que está sucediendo en la ciudad y sus alrededores debido a la llegada de 240.000 inmigrantes indocumentados, según la alcaldía de Nueva York. Pero de acuerdo con los republicanos serían medio millón.

KAMALA: ABORTO Y AUSENCIA DE POLIZAS

Por otro lado, reclamaba que los medios están a favor de Harris y en contra suya. Que señalan todo lo que dice, mientras que a la candidata demócrata le pasan todos sus errores, incluyendo que sea incapaz de emitir una sola póliza para su futura presidencia, “sin que los medios izquierdistas comenten siquiera lo que pasa”. 

En el coliseo de Nassau, casi ninguno de los asistentes cree en los medios tradicionales. Sólo en lo que dicen las plataformas sociales que impulsan la MAGA política. Qué gran problema para los medios como empresa. La mitad del país los considera mentirosos e innecesarios.

A Trump no le falta razón. El martes, Harris fue incapaz de definir “una o dos específicas cosas que tenga en mente para rebajar el costo de vida”, como se lo solicitaba la ABC. Se dedicó a hablar de su familia y sus sueños, pero nada sobre cómo bajar el costo de vida. Mientras que su apoyo al aborto es su mantra. Por eso tiene una ventaja del 38% entre las mujeres jóvenes del país.

Quizá lo más grave para los demócratas es que por primera vez en 28 años, la Unión Internacional de Sindicalistas, con 1.3 millones de afiliados no hayan endosado a la dupla demócrata. Alex contaba que las asambleas de la unión fueron una verdadera guerra campal para definir a quien iban a apoyar, al punto que el presidente decidió que no apoyarían a ningún candidato en forma oficial. “El 60% de nosotros apoya a Trump”. Otro problema futuro de los demócratas: reconquistar a los trabajadores rasos.

“A ella (Harris) no le interesa la política. Nos habla de ella y su Sueño Americano, pero no de lo que hará para que nosotros y nuestros hijos cumplamos los nuestros. Por eso no la votamos. Es izquierdista y simpatizante de Hamas, pero ahora apoya a Israel. Quiere darlo todo gratis para los indocumentados, los vagos y los transexuales. A los demás nos ignora. Cree que con el aborto nos tiene seguros”, expresaba Jaime, otro de mis jóvenes vecinos. 

Harris tampoco ha querido decir qué hará para apoyar el social security, cuyos dineros se acaban en ocho años. “Trump tiene un plan, Kamala, no dice nada”, aseguró otro de mis vecinos. “No le gustan los temas específicos. Por eso no voto por ella”, aseveró Jaime, mi joven vecino.

Pero mis vecinos no contestaron cuando les pregunté por qué un hombre misógino, convicto de fraude, que nos considera a los inmigrantes en general y a los hispanos en particular, los podía representar mejor que la hija de unos inmigrantes, como sus propios padres.