4 de julio de 2026

Alud de gestores

15 de noviembre de 2024
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal
15 de noviembre de 2024

Difícil de entender la magnitud y trascendencia de la determinación del gobierno Petro de proclamar como “gestores de paz” a un grueso grupo de los antiguos paracos que hicieron casi siempre de narcotraficantes. Esta medida puede ser atrevidamente inteligente o cantinflesca. Puede prestarse para llenarse de esperanza en el futuro de Colombia en paz o de acicate que acelere la huida de compatriotas y, más aún, de capitales.

Pero, como también puede ser parte de una concepción atrevida del presidente Petro de encontrar la paz o una manera maquiavélica de demostrarle a Uribe que él sí es capaz de reintegrar bajo un mismo techo de perdón y olvido, desde los actuales traquetos disfrazados de disidencias hasta los ancianos y vencidos paracos, el abanico de interpretaciones se abre mucho más.

Quizás Petro busca encontrar la confianza que el país le perdió por su disfraz de cambio. Quizás, ante el pragmatismo que invadirá a los Estados Unidos con Trump, imitar el esquema de negociación de los gringos con bandidos confesos y condenados resulte ser un mensaje digerible para el anciano nuevo presidente norteamericano.

Todo puede ser posible y ojalá el elevar a dialogantes de la paz a quienes hicieron guerras atroces sea una salida genial y no un escupitajo en la cara de los millares de víctimas. Pero se corren muchos riesgos, tal vez demasiados. Trasponer el sentido de justicia, por injusta que ella haya terminado siendo, es patasarribiar el orden que, mal que bien, los fundadores de la patria instauraron y que nos ha servido para llegar hasta hoy.

Ojalá que todo no sea una contradicción y que, cuando Petro nombre a Álvaro Uribe Vélez como gestor de paz, ni el expresidente sienta que lo igualaron con los peores ni el país adormecido vaya y entienda que Uribe habrá perdido, ahí sí, la batalla final y todo termine sonando a venganza de siete suelas.