4 de julio de 2026

Leyes para limpiarse el fundillo

3 de octubre de 2024
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal
3 de octubre de 2024

Crónica 977 de Gardeazábal

La ley 1270 del 2009 le ha servido al gobierno nacional, a los alcaldes, a los de la Dimayor y a los clubes de fútbol para limpiarse en caso de escasez de papel higiénico. Esta ley, que pudo haber sido aplicada desde los tiempos de Santos y Duque, y ahora por el presidente Petro, ni siquiera la voltean a mirar. Fue redactada para crear la Comisión Nacional para la Seguridad, la Comodidad y la Convivencia en el Fútbol, y adoptaba varias disposiciones al respecto, pero no la conocen ni Peláez ni De Francisco, y mucho menos en el Ministerio del Deporte o en el escritorio del omnipotente Jaramillo de la Dimayor. En otras palabras, en Colombia tenemos las herramientas legales para afrontar los problemas que se presentan, pero preferimos declararlos letra muerta.

Lo vivido una y otra vez en los últimos días con las barras del Cali en su estadio de Palmaseca y la rebatiña sin nombre en el Atanasio Girardot entre las barras del Nacional y del Junior no se previenen ni se evitan con declaraciones amenazantes a lo Bukele, como las de Fico, el alcalde de Medellín, que eleva de categoría delictiva a los gestores de la escandalera, ni con las multicas chimbas que les impongan los de la comisión de disciplina de la Dimayor, ni con las suspensiones de los estadios, ni mucho menos con poner a jugar a los equipos con los estadios vacíos.

Si se lee bien la ley y la aplican, la propuesta de Guillermo Santos en su columna de El Tiempo sobre el uso de cámaras inteligentes en los estadios, o las que propuso hace varios años el representante Mauricio Parody de censar a todas y cada una de las barras, podrían abrir el camino para encontrar la solución. Pero si continúan con las medidas paternalistas de los clubes de apoyar económicamente a las barras y de patrocinarles desplazamientos y varetos, van a terminar como los ricos de Cali que creen todavía que repartiendo mercados en Siloé pueden atajar otro estallido social.