Rodamos sin puntilla…
Culmina una etapa más en el proceso mediante el cual los antitaurinos buscan erradicar definitivamente la legendaria actividad de la fiesta brava en los ruedos colombianos, resultados que serán efectivos en unos 3 años cuando se ejecute en forma definitiva lo que ordenará la nueva ley, cuando sea sancionada por el Señor Presidente.
Para los amantes del arte de Cúchares es verdaderamente lamentable y doloroso por decir lo menos, la pálida actuación de los pocos congresistas defensores de la tauromaquia. Algunos se limitaron, como excepción, a mostrar unas cifras de orden económico y social, pero nadie se refirió a temas científicos, ni solicitó la actuación de científicos, que explicaran la verdad verdadera, del arte taurino y su eje central el toro de lidia.
Daba grima ver y escuchar, para no decir vergüenza, al senador, domador de caballos, subcampeón mundial de coleo, Josué Alirio Barrera Rodríguez, el mismo que quiso entrar su caballo a las oficinas del congreso, cuando pidió, sin ningún argumento, en forma casi lastimera, que se archivara el proyecto. Con congresistas así, Colombia está grave.
El connotado filósofo francés, Francis Wolff – 72 años – en una de sus obras, 50 razones para defender la corrida de toros, consigna claras y contundentes conclusiones de estudios científicos, algunos de ellos, de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, sobre la realidad de la fiesta brava. Y nada de esto se escuchó en los anodinos debates de Cámara, ni Senado.
En un aparte con el título, La adaptación fisiológica del toro a la lidia, el erudito francés escribe:
“ …no sorprende que los estudios de laboratorio del ya citado Juan Carlos Illera del Portal hayan demostrado que este animal, particularmente adaptado para la lidia, tenga reacciones hormonales únicas en el mundo animal ante el “dolor” (que le permiten anestesiarlo casi en el mismo momento en que se produce), especialmente debido a la segregación de una gran cantidad de beta-endorfinas (opiáceo endógeno que es la hormona encargada de bloquear los receptores del dolor), sobre todo, cuando se produce en el transcurso de la lidia. Otro descubrimiento que demuestra la singularidad del toro de lidia en relación a las demás “razas” de bovinos es la talla del hipotálamo (parte del cerebro que sintetiza las neurohormonas que se encargan especialmente de la regulación de las funciones de estrés y de defensa) que es un 20% mayor que el de los demás bovinos – dato que es considerable. Todo esto no hace sino explicar las causas fisiológicas de un comportamiento que cualquier ganadero de toros de lidia o cualquier aficionado conoce (pero que ignoran todos los profanos) y que hace posible la lidia: el toro bravo, en lugar de sentir el “dolor” como un sufrimiento, lo siente como un estimulante para la lucha. Se transforma inmediatamente en una excitación agresiva.”
Francis Wolff, es filósofo francés, catedrático en la Escuela Normal Superior de la Universidad de París, las universidades de Paris-X-Nanterre, la de Reims y la de São Paulo (Brasil). Con 18 obras de filosofía, ciencias sociales y 4 taurinas.
Sobre los toros: 50 razones para defender la corrida de toros, Filosofía de las corridas de toros, Discours de philosophie taurine à l’usage de tous, Seis claves del arte de torear, en otro no menos interesante párrafo, el filósofo francés, anota: ¡Si un toro fuera torturado huiría!
“ La lidia no pretende torturar a un animal indefenso, sino más bien al contrario consiste en hacer pelear a un animal naturalmente predispuesto para la lucha, de ahí el nombre de toro de lidia.
Tenemos dos comprobaciones empíricas evidentes: si se le hiciera la prueba del puyazo a cualquier otro animal, un buey o un lobo, huiría inmediatamente, puesto que la fuga es la reacción inmediata de cualquier mamífero ante una agresión. Sin embargo, el toro de lidia, lejos de huir, redobla sus acometidas.
Segunda comprobación: cuando se le hace sufrir a un toro de lidia una verdadera “tortura” (por ejemplo, una descarga eléctrica como es el caso de algunas vallas electrificadas), se escapa y huye. Este comportamiento es justamente el contrario al de su reacción normal durante la pelea en el ruedo.”
Remato con este aserto final.
“ Ya hemos dicho que, al contrario de los demás animales, el toro de lidia no reacciona a las heridas huyendo sino atacando. Es el único animal que, herido por los puyazos, vuelve a la carga para atacar al picador en lugar de huir de él (siendo la fuga la respuesta normal, naturalmente adaptada, al dolor). Sin embargo, esta reacción es perfectamente natural en un animal genéticamente predispuesto para el combate.
Sabemos que en el ser humano sucede algo parecido. Miles de testimonios de soldados heridos lo confirman. Ellos explican no haber notado nada, o casi nada, de las graves heridas recibidas a causa del fragor del combate. Esto mismo les ocurre a algunos toreros cuando reciben una cornada, que comienzan a sufrir después de acabada la lidia.
¡Cuánto más verdad es en el caso de un animal fisiológicamente dotado y genéticamente seleccionado para la lidia, y que no deja de combatir, mientras le reste un hilo de vida!”
Lo anterior son verdaderos argumentos, aquellos que se debían haber presentado tratándose de tránsitos legales en un Congreso de la República. Pero, da grima, por no decir dolor, la manera como algunos congresistas armados simplemente de buena fe, tratan de sustentar pobremente la verdad verdadera de la fiesta brava, pidiendo, no argumentando.
¿ Y que hizo Manizales, la capital taurina del nuevo continente ? ¿ Se imaginan ustedes amables lectores los efectos sociales y económicos del cierre de nuestro coso taurino y por lo tanto una Feria sin programación taurina ? La ciudad no es el alcalde, somos todos y en este caso los taurinos que ni siquiera confrontaron a los congresistas que aceptan la fiesta brava, para haber concitado el respaldo de otros congresistas taurinos, al menos los del eje Cafetero, para defenderla verdaderamente, con argumentos, con pruebas, sustentos, realidades, no con peticiones anodinas.
Y aunque el hombre es un animal político, como lo afirma Aristóteles, no hay derecho a que la oposición, que es mayoría en el Congreso, superada por la minoría en este debate, quiera convertir el tema taurino en un debate político y simplemente responsabilizan al Ejecutivo, del resultado de tan nefasta decisión. ¡ que horror !