24 de junio de 2026

Emigración

16 de noviembre de 2023
Por Orlando Restrepo Jaramillo
Por Orlando Restrepo Jaramillo
16 de noviembre de 2023

Un viaje comienza con un paso, y ese viaje puede ser tanto la recompensa como el destino fatal. Así lo expresó Lao Tse.

Salir de nuestro entorno, atreverse a romper lo que se ha logrado por haber nacido en un hogar, construido con imaginación y deseo, con la lucha de varias generaciones que durante mucho tiempo han hecho lo mismo, dejando su huella en el tejido de su propio destino.

Desde el hogar, desde la infancia, tal vez desde la niñez, se desea salir de su entorno, de la vida repetitiva y continua de la sociedad, de su comunidad, donde la pobreza es la base, una condición nunca aceptada, a pesar de la imposición religiosa de establecer, después de la existencia, un merecido premio o castigo. Como escribió el premiado portugués José Saramago, “No hacemos más en la vida que ir buscando el lugar donde quedarnos para siempre”.

La emigración suele ser determinante, impulsada por sistemas que atentan contra la individualidad, en un país donde la violencia ha sido el pico de todos los paradigmas, los miedos, las negaciones, a lo largo de su precario desarrollo. Para algunos, la alternativa es emigrar, buscando realizar la esperanza.

Según Wikipedia, la EMIGRACIÓN es el desplazamiento del ser humano con la intención de salir de un país para vivir en otro. La MIGRACIÓN implica moverse a través de diferentes lugares, dentro de una misma región. La INMIGRACIÓN se da cuando se ingresa a un país extranjero dejando el de origen. Todo esto es desplazamiento, es movilidad, es la acomodación de los anhelos, buscando encontrar un nuevo escenario para el desarrollo de la personalidad y realizar pequeñas o grandes propuestas, planes de ser más y de llegar a una existencia productiva, sana, alegre, digna.

Ausente del miedo, de la persecución, por cualquier incidencia personal, de color, religión, política, o de situación económica, de logros académicos o de formación personal empírica, para pretender, como dice el poeta William Blake: “Ver el mundo en un grano de arena/ el cielo en una flor silvestre:/ Abarcar el infinito en la palma de la mano/ Y la eternidad en una hora”.

El sufrimiento experimentado al atravesar países, caminos, cruzar ríos, evadir controles, es inimaginable. Se habla de “mujeres migrantes que se enfrentan en su mortal travesía por México en su intento por llegar a Estados Unidos ante la amenaza de sufrir abusos sexuales, embarazos forzados, muerte fetal y un alto riesgo de morir si están embarazadas”, según organizaciones de derechos humanos inmersas en el estudio de este comportamiento. Eso sin contar las aguas de las vertientes que arrastran a la gente río abajo, los asesinados, los niños robados, perdidos, por el Tapón del Darién, donde la muerte acecha entre los pantanos, agazapada entre las trochas, en la inhumana piratería en barcazas repletas.

También se migra por la fuerza de la violencia, que se convierte en una espina que taladra. Crea en quien lo sufre resentimiento, frustración y el permanente deseo de volver al fundo perdido, anidando en su ser, como una serpiente de mil cabezas, la venganza.

Todo es interés por dejar de sufrir donde se vive, e ir a sufrir a otro lugar desconocido, pero nadie emigra por placer o aventura, se trata de la búsqueda de uno mismo, de trabajo, de lograr la superación personal, de llegar a “vivir sabroso”, aunque la felicidad nunca llegue.

Se han visto casos de valor humano superándose en otros países, pero también a otras personas volviendo, vencidas por la nostalgia, por el amor a lo perdido, erigiendo sobre sus recuerdos la anhelada estancia para decir con el poeta Salvador Novo: “He vuelto. Soy el mismo. /La misma sed que me aqueja/ y embelesa mi oído idéntica canción,/ y soy aquel que ama el minuto que deja/ un poco más de llanto dentro del corazón.”