24 de junio de 2026

RTVC: recuperar todo lo que somos

Experto en medios de comunicación, telecomunicaciones y comunicación corporativa.
24 de junio de 2026
Por Eduardo Osorio Lozano
Por Eduardo Osorio Lozano
Experto en medios de comunicación, telecomunicaciones y comunicación corporativa.
24 de junio de 2026

 

Una reflexión sobre la crisis de RTVC, el deterioro de Señal Colombia, la Radio Nacional y la urgencia de recuperar un patrimonio público que pertenece a todos los colombianos.

Hace más de dos décadas tuve el privilegio de participar en la creación de RTVC y convertirme en su primer gerente. Lo hicimos convencidos de que Colombia necesitaba unos medios públicos modernos, independientes, transparentes y al servicio de todos los ciudadanos.

La misión era clara: informar con equilibrio, educar, promover la cultura, fortalecer la identidad nacional y garantizar que la radio y la televisión públicas llegaran a todos los rincones del país mediante una infraestructura sólida y confiable. No fue una tarea sencilla.

Construir una institución pública sólida nunca lo es. Requirió visión, esfuerzo, conocimiento técnico y el trabajo comprometido de cientos de personas. Posteriormente llegaron otros gerentes, otros equipos, otros gobiernos y otras generaciones de servidores públicos que continuaron fortaleciendo el proyecto. Durante más de veinte años RTVC creció, se consolidó y logró convertirse en una de las experiencias más exitosas de medios públicos en América Latina.

Por eso resulta inevitable preguntarse hoy: ¿qué queda de aquella RTVC que soñamos y construimos? La respuesta es dolorosa.

La entidad atraviesa probablemente uno de los momentos más difíciles de su historia. A las denuncias sobre posibles irregularidades administrativas y contractuales se han sumado cuestionamientos relacionados con el ambiente laboral, señalamientos de acoso y persecución a quienes pensaban distinto a su gerente, controversias sobre el manejo de los recursos públicos y crecientes preocupaciones sobre el cumplimiento de su objeto misional. Más allá de las responsabilidades que determinen las autoridades competentes y del curso que sigan las investigaciones, existe una realidad imposible de ignorar: la confianza ciudadana en RTVC se ha deteriorado profundamente.

Pero el problema va mucho más allá de la gestión administrativa. Quizás la preocupación más grave sea la progresiva desviación de la misión para la cual fue concebido el sistema de medios públicos. RTVC nació para servir a los colombianos, no a los gobiernos. Su razón de ser nunca fue convertirse en una plataforma de promoción política ni en una herramienta de propaganda al servicio de quienes ejercen temporalmente el poder.

Los medios públicos tienen una responsabilidad distinta. Deben garantizar pluralismo, independencia editorial, información equilibrada, contenidos educativos y culturales de calidad y espacios para todas las voces de la sociedad.

Cuando un medio público deja de representar a la nación para representar a un gobierno, comienza a perder su esencia y cuando los ciudadanos perciben que la información está subordinada a intereses políticos, el principal activo institucional —la credibilidad— empieza a desaparecer.

Señal Colombia: la pérdida de un referente de la televisión pública

Quizás ningún ejemplo refleja mejor la crisis actual de RTVC que la transformación sufrida por Señal Colombia.

Durante años, el canal educativo y cultural del Estado colombiano se convirtió en un referente de la televisión pública latinoamericana. Su programación logró combinar entretenimiento, educación, cultura, innovación y servicio público en una propuesta atractiva para audiencias diversas y sobre todo, el canal se convirtió en un valioso generador de empleo para el sector de la producción independiente, cuyo talento y creatividad no tenían cabida en la oferta de los canales comerciales.

Señal Colombia construyó una identidad propia. Fue pionera en contenidos infantiles de calidad, impulsó la producción audiovisual nacional, promovió la cultura y la memoria del país, fortaleció el sector creativo y obtuvo reconocimientos en prestigiosos festivales nacionales e internacionales.

Espacios como Mi Señal se consolidaron como referentes para la infancia colombiana. Producciones educativas y culturales desarrolladas en alianza con productores independientes, universidades, organizaciones culturales y entidades públicas permitieron construir una programación reconocida dentro y fuera del país por su calidad y pertinencia.

El canal desarrolló además mecanismos innovadores para estimular la industria audiovisual nacional. El Mercado de Coproducción, durante más de una década, permitió la participación de productores independientes, industrias culturales y académicas en la construcción de contenidos que enriquecieron la televisión pública y proyectaron el talento colombiano en escenarios internacionales.

Gracias a esta visión, Señal Colombia alcanzó niveles de reconocimiento sin precedentes para un canal público colombiano, obteniendo decenas de premios y nominaciones en festivales de diversos países y consolidándose como una de las experiencias más exitosas de televisión pública en la región.

Fue también el hogar de proyectos educativos que acompañaron a millones de familias colombianas. Producciones como Profe en Tu Casa, Territorio Mágico y fenómenos culturales como el Frailejón Ernesto Pérez demostraron que la televisión pública podía educar, entretener e influir positivamente en la construcción de ciudadanía.

Pero quizás el mayor logro de Señal Colombia fue haber demostrado que un canal público podía competir en calidad y relevancia sin renunciar a su vocación educativa y cultural.

Sin embargo, buena parte de ese modelo parece haber sido abandonado.

Hoy existe una creciente percepción ciudadana de que los contenidos informativos y políticos han desplazado progresivamente los espacios educativos, culturales, infantiles y de entretenimiento que históricamente caracterizaron al canal. La programación que durante años distinguió a Señal Colombia por su diversidad y vocación de servicio público ha cedido terreno a formatos centrados en la coyuntura política y gubernamental.

Más allá de las simpatías o diferencias que cada ciudadano pueda tener frente al gobierno de turno, la pregunta de fondo es otra: ¿puede un canal educativo y cultural cumplir adecuadamente su misión cuando la agenda política ocupa el lugar que antes pertenecía a la educación, la infancia, la cultura y la construcción de ciudadanía?

Señal Colombia nunca fue concebido como un canal gubernamental. Fue concebido como el canal educativo y cultural de todos los colombianos y recuperar esa vocación debe ser una de las prioridades de cualquier esfuerzo serio de recuperación institucional de RTVC.

La radio pública: una voz que también merece ser recuperada

La discusión sobre el futuro de RTVC tampoco puede limitarse a la televisión.

Durante 86 años, la Radio Nacional de Colombia ha cumplido una misión fundamental para la integración del país. A través de sus frecuencias, la radio pública ha llegado a territorios apartados, comunidades rurales, pueblos indígenas y regiones históricamente marginadas de los grandes circuitos informativos y culturales.

Su valor no radica únicamente en la transmisión de noticias. La radio pública ha sido una herramienta para preservar la memoria, difundir la cultura, fortalecer la identidad nacional y acercar a los colombianos a las realidades de regiones que muchas veces permanecen invisibles para los medios comerciales.

A través de la Radio Nacional de Colombia, RTVC ha contribuido a que miles de comunidades encuentren un espacio para narrar sus historias, expresar sus preocupaciones y fortalecer sus identidades culturales. En muchos lugares de Colombia, la radio pública no es simplemente un medio de comunicación: es un servicio esencial para la vida comunitaria y un vínculo permanente con el resto del país.

Sin embargo, la radio pública tampoco ha podido escapar a los riesgos derivados de la politización de los medios estatales. Su legitimidad depende, al igual que la de la televisión pública, de mantener una vocación de servicio ciudadano, pluralismo, equilibrio y autonomía editorial.

Recuperar RTVC implica también recuperar la fortaleza de la Radio Nacional y garantizar que la radio pública continúe siendo un espacio de encuentro para todos los colombianos y no para una sola visión política del país.

Mucho más que canales y emisoras

A esta situación se suma otra preocupación menos visible para la opinión pública, pero igualmente importante.

RTVC no es solamente un conjunto de canales de televisión y emisoras de radio. Es también el operador de una infraestructura estratégica para el Estado colombiano. Detrás de cada señal existe una compleja red de transmisión, estaciones, sistemas y equipos que permiten llevar información, educación y cultura a millones de colombianos, especialmente en regiones donde muchas veces no existe ninguna otra alternativa de comunicación.

Durante años esa infraestructura fue fortalecida y expandida con una visión de largo plazo. Hoy existen serias preocupaciones sobre el estado de atención que está recibiendo una red que constituye un activo estratégico para la integración nacional y el acceso democrático a la información.

Mientras el debate público se concentra en los micrófonos y las cámaras, no podemos olvidar las antenas, los transmisores, las estaciones y las redes que hacen posible que el servicio público de comunicación llegue efectivamente a los ciudadanos.

La conectividad cultural y comunicativa del país también depende de esa infraestructura. Sin ella, la televisión pública, la radio pública y los contenidos que producen pierden gran parte de su capacidad para cumplir su misión.

Ha llegado el momento.

Sin embargo, por grave que sea el diagnóstico, ha llegado el momento de actuar;  de recuperar la credibilidad perdida; de devolverle a Señal Colombia su vocación educativa y cultural; de fortalecer la Radio Nacional de Colombia; de rescatar la independencia editorial que debe caracterizar a los medios públicos; de proteger la infraestructura estratégica de transmisión y garantizar que los recursos de los colombianos vuelvan a invertirse en el cumplimiento de la misión para la cual fue creada RTVC.

Contrario a lo que algunos podrían pensar, resulta mucho más fácil recuperar que destruir. Es mucho más fácil corregir el rumbo de una institución que conserva su talento humano, su experiencia acumulada, su infraestructura, su capacidad técnica y su presencia nacional, que desmantelar décadas de capacidad institucional para intentar empezar de nuevo.

Lo verdaderamente irreparable sería renunciar a una institución estratégica para Colombia sin siquiera intentar rescatarla. Por eso, el desafío que tenemos por delante no es decidir si RTVC merece existir. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a devolverle el propósito para el cual fue creada.

Yo creo que sí. Lo creo porque conozco su historia, porque vi nacer esta institución, porque durante más de veinte años cientos de servidores públicos, periodistas, productores, ingenieros, técnicos, realizadores y trabajadores demostraron que era posible construir unos medios públicos modernos, respetados y reconocidos dentro y fuera del país. Y también lo creo porque las instituciones públicas son mucho más grandes que quienes circunstancialmente las administran.

RTVC es patrimonio de los colombianos. Por eso no escribo estas líneas movido por la nostalgia. Pero la nostalgia mira hacia atrás, la recuperación mira hacia adelante.

Mi convicción sigue siendo la misma que tenía hace más de dos décadas cuando nació RTVC: Colombia necesita medios públicos fuertes, independientes, transparentes y al servicio de todos los ciudadanos.

Si una generación fue capaz de construir esta institución y convertirla en un referente de la televisión pública latinoamericana, otra generación será capaz de recuperarla.

RTVC merece volver a ser motivo de orgullo nacional. Señal Colombia merece volver a ser el referente educativo y cultural que admiró Hispanoamérica. La Radio Nacional merece seguir siendo la voz que conecta a Colombia consigo misma. Y la red pública de transmisión merece volver a ser una prioridad estratégica para el Estado.

Quienes creemos en el valor de los medios públicos tenemos la obligación moral de trabajar para que ese día llegue.

Aun en medio de este doloroso panorama, Colombia conserva una certeza profunda: las instituciones públicas no pertenecen a coyunturas pasajeras, sino a la memoria viva de una nación que se niega a renunciar a su dignidad. Por eso, se abre paso a la esperanza de una nueva etapa en la que el país, bajo decisiones de Estado orientadas a la recuperación institucional, vuelva a poner en el centro lo que nunca debió perderse: el conocimiento, la experiencia, el talento especializado y el compromiso genuino con lo público. Que este sea el tiempo de la reconstrucción serena pero firme, de la reconciliación con la excelencia, y del renacer de una televisión y una radio pública que vuelva a reflejar lo mejor de Colombia.

No es tiempo de resignarse. Es tiempo de recuperar a RTVC.