El deber de votar
No podemos tapar el sol con las manos y dejar de reconocer que la política, que en su origen fue una actividad seria y buena, se ha desbordado y ha tomado otros cauces, por acción de politiqueros que hacen de ella una actividad más comercial, con intereses eminentemente personales, que de ciencia social. Las consecuencias saltan a la vista y sus resultados nefastos son ampliamente conocidos por todos los colombianos.
Desde La Política de Aristóteles, pasando por Montesquieu, creador de la Ciencia Política, Nicolás Maquiavelo, padre de la Ciencia Política Moderna, el común denominador es el pueblo y lo social, pero que distinta es la actividad que estamos padeciendo en nuestros días.
Ante ésta situación, se volvió común en Colombia la campaña, no vote, vote en blanco, pero sus promotores no saben que le están jugando a los movimientos que si reciben votos, que en los casos de proporciones electorales se ven favorecidos con rangos muy bajos para alcanzar los niveles necesarios para conseguir las curules; les hacen menos exigente la actividad electoral porque al contar el número de votantes, las cifras son exiguas, con relación al gran potencial de votantes de nuestro país, pues en los últimos 40 años, el promedio de abstención ha sido del 60 %, es decir que vamos a llegar a que 20 millones decidan por 50 millones, porque los que no tienen capacidad de votar, también padecen las consecuencias de la abstención.
Y no podemos olvidar que el voto en blanco legalmente es válido solamente en la primera ronda y solamente sirve para excluir a los candidatos que participaron en dicha jornada, y a los partidos que no alcanzaron el umbral, pero en el segundo intento ya no tiene validez.
Tenemos que entender, sentirnos orgullos y hacer valer ese derecho que consagra el artículo 3° de la Constitución Política que dice claramente que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. Pero parece que los colombianos somos buenos para protestar y no lo somos para hacer valer estos derechos, ejerciéndolos, todo se lo dejamos a los demás. La ley del mínimo esfuerzo, pero las consecuencias más graves. No nos quejemos, planteemos alternativas.
Hagamos caso a los imparciales, que tiene capacidad de orientación, como el filósofo Platón, que hablaba con autoridad y propiedad, de política, cuando manifestaba que “el precio de desentenderse de la política, es, ser gobernado por los peores hombres.”