La culpa pide castigo
El remordimiento por errores cometidos frustra la persona y le carcome el corazón, atormentada por la censura y la recriminación, más tormentosa y agobiante al provenir del interior. Desconocer las limitaciones e ignorar responsabilidades ahoga en la culpa no dejando identificar, aceptar ni expresar los sentimientos, cierra el paso a las soluciones y obsesiona con la imagen de lo que «debería» haber hecho.
En el campo de las propias exigencias persigue logros imposibles, resultando vanas las pretensiones de ganar aceptación a pesar del heroísmo y sacrificio, produciendo agotamiento físico por excesivo esfuerzo sin resolver nada. La incapacidad sentida ante pretensiones, mayores a las posibilidades, genera insatisfacción al creer que no alcanza credibilidad ni el reconocimiento de la importancia de sus actos.
Una cadena de reproches y autocastigo la convierte en víctima implorante, creyendo que nunca puede hacer las cosas bien, ve su capacidad menguada por carencia del impulso vital que da confianza y fortaleza para emprender entusiasmada cada experiencia. Al no sentirse merecedora de alegría y placer parece siempre deber algo a los demás, sobre todo, a los superiores y a quienes están a su alrededor, renuncia a cualquier merecimiento evadiendo recompensas; el camino del reconocimiento y méritos es derivado hacia otros. El sentimiento de culpa lleva a ignorar la propia satisfacción poniendo su vida a disposición ajena, aun sacrificando intereses personales.
Los sucesos alegres pierden resplandor al ser mezclados con la gota amarga que nunca falta, distorsionando cualquier sabor agradable ofrecido en la experiencia; ningún logro, por importante que sea, le satisface, el dolor expiatorio de la culpa es su estado natural. La víctima de este sentimiento pierde la capacidad de irradiar alegría y amor, su postura negativa influye en la actitud de los demás sin que ella siquiera lo pretenda, una aureola de círculos concéntricos impresiona la película mental, disipando la vitalidad. La sensación de enfermedad y cansancio aleja el placer y oculta el entusiasmo. La culpa pide castigo, considerando presente la mala conciencia ante la menor insignificancia, el dolor subjetivo se anticipa al magnificar lo que puede ser un mal menor convirtiéndolo en desgracia, escondida en la angustia y el pesar que sólo penalidad produce. La culpa es un navegante a la deriva en el océano de las perturbaciones sin el incentivo de la llegada a puerto.
Ante exigencias externas, superiores a la fuerza personal, no tiene excusa ni justificación alguna, víctima del vaivén, incapacidad-culpa-incapacidad, crea un sentido de debilidad y dependencia difícil de superar. Estereotipos sociales de belleza inducen, principalmente a las mujeres, a la anorexia y la bulimia, por el temor a engordar, la culpa aparece en la sopa, en la grasa, los azúcares y carbohidratos; se castigan vomitando y provocando diarreas intensas con excesivo consumo de laxantes que les expía el pecado al limpiarles lo ingerido; el castigo está latente en la enfermedad, el desgaste físico, mental y fisiológico.
Idéntico fenómeno embarga a drogadictos y alcohólicos, arrepentimiento y promesas incumplidas empeoran sus estados lastimeros. Para ser conscientes del fracaso no hay que construir talanqueras obstructivas, en los canales de apertura al conocimiento desembocan soluciones. La culpabilidad no soluciona nada; los sucesos del pasado no pueden herirte, si quieres tranquilidad recuerda: no es culpa tuya, ni de nadie, todos somos responsables, forjamos una red interactuante en la cual hasta el más pasivo participa.
Instalemos en el lugar de la perturbación agobiante la bandera de la aceptación y comprensión sin pretensiones defensivas. No ocultemos el dolor y la tristeza ni desconozcamos el error, contra el pasado no se lucha, sólo podemos aprender, mejorar el presente y construir un mejor futuro.
El sometimiento y la enajenación sirven de cabalgadura a factores externos que controlan y dominan, imposibilitando el menor asomo de enfrentamiento y debate. La religión y el sexo originan los mayores tabúes, moldean una fuerza cultural encargada de borrar la capacidad de cuestionar, por una absurda y equivocada interpretación.
La ética y la moral confundidas con la mojigatería y la ignorancia, unidas al fanatismo y la soberbia del poder, producen daños irreversibles, hacen víctimas de los prejuicios a mentes débiles e indefensas, cayendo en forma paranoica en la súplica, el abatimiento y la desesperación. Pequeñas faltas, muchas veces sin viso de maldad, bloquean la purificación del arrepentimiento y la contrición de corazón, la necesidad de castigo es más fuerte que el sentimiento individual y no da espera al propósito de enmienda, posesionándose del sujeto desfigura su conciencia.
La maldición y negatividad, ejercidas por la sociedad tradicional respecto a la sexualidad, traumatizan y enferman, alejan el placer, la culpa dolorosa pide a gritos su condena. La represión actúa en forma continua, la dificultad de asimilación intelectual del hecho ejerce influencia con insidia y frustración frenando la superación, el individuo se levanta una vez para caer dos veces. Es el dominio del subconsciente sobre el consciente, el espejismo supera la realidad, no ve ni cree en lo que ante su vista tiene, la imagen mental lo mantiene obsesionado, la permanente oscuridad hace olvidar que existe la luz y predispone para el sacrificio, la inmolación y la renuncia, encarcelando el valor y la libertad que afirman la propia individualidad.
Las amenazas son puertas incorrectas que se abren para mostrar panoramas desconcertantes, crean dependencia esclava, premonitoria de castigo, la intimidación origina desconfianza. Discernir entre lo correcto y lo incorrecto es un proceso mental, labor de la inteligencia, no requiere atropellos físicos ni verbales que distorsionan el sentimiento y agrandan la frustración.
La coacción moral atenta contra la capacidad de vivir hace olvidar la dicha que la misma vida oculta. Difunde intereses mezquinos cuyo incumplimiento, o ejecución a medias, mantiene en la zozobra y el dolor.