Nos invade el pesimismo
Nos invade el pesimismo.
Al sentarnos a escribir estas notas nos sentimos invadidos por el pesimismo. Después de todas sus protestas contra la ministra Corcho porque en las reuniones con los congresistas de los partidos que cuestionaban el contenido de la reforma aceptaba algunas de las observaciones recibidas, esas supuestas aceptaciones no se reflejaban en cambios en el texto del articulado; y después de la esperanza que alcanzó a despertar la actitud abierta de nuevo ministro Jaramillo, quien dio muestras de que entendía las observaciones y estaba dispuesto a analizarlas desapasionadamente, resulta que al final los miembros de la comisión séptima de la cámara de representantes han resultado probando el esquema propuesto, que se parece mucho al proyecto original. Faltan algunos artículos, pero el núcleo ya aprobado efectivamente acaba en dos años las EPS con sus funciones actuales, y les deja solamente la posibilidad de convertirse en unas instituciones secundarias y sin poder real.
Todo parece indicar que los avances del sistema de salud en estos 30 años se van a perder. Uno no es experto en sistemas de salud, por supuesto, pero lo que se ha aprobado hasta ahora da la impresión de una gran improvisación. A nivel personal, lo que siento es que, a mi avanzada edad y con unas condiciones de salud deterioradas, en dos años, si sigo con vida, estaré yendo a una fría instalación oficial a hacer cola durante horas en lugar de poder, como hago ahora, ir directamente a mi EPS, donde me conocen y me obtienen las citas que necesito. Es como volver a la época del seguro social (que atendía solo a los trabajadores y sus familias por estar afiliados a ese instituto, o peor aún, a los tiempos en que aún no se había creado el ISS, y todos los que no pudieran pagar medicina privada debía resignarse a acudir a lo que se conocía como hospitales de caridad. ¡Qué frustración! Ojalá me equivoque.
Crisis en Ecuador y Perú.
Nuestros dos vecinos del sur, Perú y Ecuador, se encuentran inmersos en graves crisis políticas que han alterado el devenir de sus vidas democráticas. En ambos países ha habido un desencuentro absoluto entre el poder ejecutivo y el legislativo: en el primero, en un fallido golpe de mano que no podría haber resultado peor, el presidente Pedro Castillo quiso adelantarse a la destitución que veía llegar, y dictó un decreto por medio del cual disolvía la Asamblea Nacional, y asumía el poder absoluto antes de que esta actuara contra él. En este caso, parece que era la movida parlamentaria la que tenía validez constitucional, porque la posibilidad de disolver la asamblea por parte del presiente no estaba respaldada en ninguna norma de la constitución de país, y el intento terminó con Castillo depuesto y detenido, y con las fuerzas armadas respaldando al legislativo, y a la vicepresidente de la república que asumió inmediatamente las funciones presidenciales.
Esto, porque la actuación presidencial era ilegal, inconstitucional, y estaba por ello destinada al fracaso.
En el Ecuador, en cambio, la cosa fue al revés: también allí se llegó a a un conflicto entre ambos poderes. Y también el presidente Lasso quiso salirle adelante al deseo de los parlamentarios de destituirlo. Y en este caso, sí había normas constitucionales de las cuales prenderse. La Asamblea estaba adelantando un juicio contra el presidente. Parecía inminente la votación contraria al primer mandatario, en cuyo caso habría sido depuesto irrevocablemente. Pero en ese país hay una figura conocida popularmente como la muerte cruzada: por una sola vez, dentro de sus primeros tres años de mandato, el presidente de la república puede disolver el parlamento. Esa acción es válida dentro de ciertas circunstancias definidas por la constitución. Si lo hace, firma su propia salida del poder, porque dentro de los siguientes tres meses se debe llamar a elecciones de presidente y de parlamentarios. Durante ese tiempo, el presidente gobernará por decreto. El presidente prefirió ese cambio total de los dos poderes, más bien que afrontar la destitución que se le venía encima. La decisión está sujeta al estudio inmediato de la corte constitucional del Ecuador. Así ocurrió ya, y esa corporación la avaló sin atenuantes. En el próximo mes de agosto habrá elecciones. Parece que en el Ecuador habrá una más fácil salida a la crisis que en el Perú.
La posición del presidente Petro fue opuesta al curso de los acontecimientos en el Perú, porque, bien de acuerdo con su ideología, éste considera que el golpe inconstitucional que intentó Castillo era válido, así implicara un cierre del parlamento que, contra su entender, no tenía validez constitucional. Y, por supuesto, apoyó la actuación de Lasso. Presidencialista que es uno. Por supuesto, las nuevas autoridades peruanas han reclamado airadamente la posición de Petro frente a lo allí ocurrido, así como la del presidente mejicano, López Obrador.
Sorpresas te da la vida.
Aunque ya se percibía un cambio importante en la inclinación política de los ciudadanos de Chile, cambio que condujo al rechazo mayoritario del proyecto de constitución que presentó a la ciudadanía chilena el gobierno del presidente Boric, se suponía que a los redactores de ese texto se les había ido un tanto la mano en la normatividad que estaban proponiendo, por lo que un nuevo intento de texto constitucional seguiría teniendo una inclinación izquierdista, aunque no tanta como lo que se había propuesto inicialmente. Las encuestas hacían prever esa situación. No había razones para pronosticar el cambio tan radical que vendría después. En el pasado plebiscito que se convocó para el efecto, el proyecto de constitución fue derrotado, pero no por una mayoría demasiado grande. Quedaba la opción, contemplada previamente en la normatividad establecida para el proceso, de elegir nuevos consejeros constitucionales para que redactaran un nuevo texto.
El evento tuvo lugar el domingo 7 de mayo, con un resultado inesperado: la derrota total de los candidatos de la izquierda. Esto garantiza que el proyecto de constitución que se presente esta vez no sea extremista. Parecería que en Chile empieza a gestarse algún movimiento continental que disminuya en parte el dominio que ha ido tomando la izquierda en el panorama político latinoamericano. Amanecerá y veremos.
A otros les da por tirar piedras.
Uno nunca sabe con qué locuras pueden salir los humanos, cuando los invade la creatividad. Existen por ahí unos señores pertenecientes a dos grupos llamados «June & july» y «Birds Colombia» («Junio y julio» y «Pájaros Colombia»), a quienes les dio por deformar el escudo nacional para promover, se supone, alguna acción en favor de las especies de aves en peligro de desaparecer que existen en Colombia, algunas en riesgo de extinción inmediata, y algunas otras que podrían demorarse un poco más en desaparecer. La estrategia promocional consiste en reemplazar en nuevas versiones del escudo el cóndor de los Andes que lo corona, y que es una de esas aves en vías de extinción, por diferentes aves en similar riesgo. Así crearon una colección de 32 banderas de Colombia, cada una de las cuales se diferencia de la bandera oficial, en que el escudo que aparece al centro no está coronado por el famoso cóndor, sino por alguna de esas aves que se nos van a acabar.
¿Qué esperan con eso los autores de la iniciativa? ¿Ver aparecer en nuestros campos brigadas de guardabosques recogiendo y llevando a cuidados intensivos a esas aves en peligro?
¡Qué desocupados! Así no se salva la naturaleza. Colombia tiene infinidad de problemas y seguro que es imposible resolverlos todos. Pero aún si fuese posible salvar las aves (y demás especies de animales en vías de extinción), no será deformando banderitas como se va a lograr. Francamente, parece un chiste de mal gusto.
Ciertamente, habría algunos cambios por llevar a cabo en nuestros símbolos patrios, esos sí más importantes, como eliminar algunas estrofas del himno nacional, especialmente la referencia a una humanidad que gime entre cadenas, toda ella, hasta que escucha las prédicas de Jesús de Nazareth. ¿Qué tiene que ver esa reminiscencia bíblica con la independencia de Colombia? O el episodio de la señora esa ‒virgen, además– que, desesperada por la muerte de su esposo, empieza, me imagino que en plena guerra de la independencia, a arrancarse el pelo y a colgarlo de las ramas de un ciprés, para lo cual tuvo que conseguir la mencionada conífera en alguna de las zonas templadas del mundo, porque por aquí, realmente, el ciprés es una especie inexistente. Y no hablemos de otras rebuscadas estrofas que nadie canta y muy pocos entienden.
Y al escudo, ¿no valdría la pena quitarle el istmo de Panamá, que sigue apareciendo como recuerdo de un vergonzoso episodio de nuestra historia, reminiscencia de una derrota nacional que nunca habría debido existir y que deberíamos tratar de olvidar?
Pero esos cambios habrá que dejarlos para después, porque cosas mucho más urgentes requieren nuestra atención. Y, por ahora, dejemos tranquilito al cóndor para que siga surcando las alturas hasta cunado los humanos acabemos con él.
