El aquelarre
Monarquía con democracia. El exótico espectáculo popular (exótico para los latinoamericanos) de un pueblo como el británico, que practica una de las democracias más serias del mundo, entregado en forma multitudinaria, en esta época en las que tantas monarquías han dejado ya de existir, a celebrar alborozado la coronación de una rey, es la muestra de un experimento exitoso en cuanto se refiere a sistemas de gobierno. Impensable en nuestro continente, por supuesto, pero prueba viviente de que los regímenes monárquicos están todavía lejos de desaparecer en el mundo.
La impresión que aquí tenemos es que la monarquía británica ha ido perdiendo seguidores a lo largo de muchos años. Y seguramente es así. Pero el entusiasmo de los miles y miles de ciudadanos que invadieron alegremente las calles y plazas aledaños al centro de Londres, donde se ubican los edificios del gobierno y las sedes de las autoridades del país, incluida la abadía de Westminster, la alegría desbordada que expresaron frente a lo que estaba ocurriendo, la mística patriótica de que hicieron gala y el amor que demostraron hacia el sistema monárquico, llevan a pensar que el Reino Unido va a seguir siendo reino durante mucho tiempo más. Y que más que un acto político, lo que nos trajo la televisión fue una completa ceremonia religiosa, de consagración de una persona, Carlos III, que es ahora el jefe de la iglesia de Inglaterra y que, a pesar de su poder constitucional indudablemente ha perdido importancia, cuenta con esa inmensa estructura religiosa para mantener su influencia en los asuntos del país, y para asegurar la existencia de ese sistema durante mucho tiempo más. Vale la pena mantener la mirada puesta en ese fenómeno que parece indicar un renacimiento de una manera de constituir el estado que, a la hora de la muerte de Elizabeth II, parecía demostrar un franco deterioro.
¿Peligra nuestra democracia? no sabemos si el presidente Petro es un demócrata convencido o un dictador de izquierda en formación, en los foros internacionales, cuando habla de democracia y de defensa de los derechos humanos, suena como si fuera bastante amigo de la institucionalidad. Pero hacia al interior de Colombia presenta otra cara, la de un promotor de revoluciones callejeras que le ayuden a imponer, por las buenas o por las malas sus ideas de lo que debe ser el sistema político colombiano.
La discusión pública entre el presidente Petro y el fiscal Barbosa ya esta pasando de castaño a oscuro. Es difícil saber quien tiene la razón en este enfrentamiento. Si uno, como es mi caso, no tiene conocimientos suficientes de derecho constitucional, su juicio carece de la profundidad necesaria, pero hay asuntos de conocimiento general que , al menos en el tema especifico que se discute ahora, parecen darle la razón a Barbosa. Nuestra Constitución establece la independencia de los poderes del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Ninguno tiene mando sobre los demás ni puede exigirles actuar en uno u otro sentido. El presidente de la Republica es el jefe del Estado, es cierto, pero no es el jefe de las tres ramas. El legislativo y el judicial son poderes independientes que no tienen por que someterse a las ordenes del presidente. de hecho, el deseo de Petro de sacar de la cárcel a personas que lo apoyan pero que están acusadas de actuaciones criminales, no ha podido cumplirse como el lo desearía, porque algunos jueces, independientes como son, han analizado los casos a la luz de la legislación penal, no a la de las opiniones o presiones del ejecutivo.
Si el presidente termina ganando este pulso y llega a someter a su voluntad las decisiones del fiscal, duelos le mandamos a nuestra democracia. He sabido que el presidente y la vicepresidenta simpatizan abiertamente con los miembros de la primera línea, por ejemplo, y lo que desean es que anden libres por la calle, cometiendo abusos y actos delictivos que perjudican a la población. Díganlo si no los gritos de «¡viva la primera línea!», vítores públicos de doña Francia Márquez en favor de los integrantes de esa fuerza destructora.
Desde cuando los vándalos y violentos se tomaron en el 2021 las calles de las ciudades y las carreteras del país para oponerse en forma violenta a una reforma tributaria propiciada en mala hora por el ministro Carrasquilla, situación que alcanzo más gravedad en Cali que en otras ciudades por causa de los bloqueos que allí impusieron, y que causaron desabastecimiento de víveres y otra clase de suministros en esa ciudad, ha estado buscando premiar con la impunidad a esos malhechores, seguidores suyos, en agradecimiento por el apoyo que siempre le han dado. Con el agravante de que ahora, cuando esos vítores recibieron un rechazo frontal de la ciudadanía de Cali, el propio alcalde Jorge Iván Ospina repitió sus evidentes muestras de apoyo y simpatía hacia esos grupos. Y ahora, mientras hubo serias propuestas de declarar a la vicepresidente persona no grata en Cali, Ospina declaro que esa seria una muestra de racismo. Que es como decir que, si doña Francia fuese blanca, no habría problema en «otorgarle» una declaración similar. ¿no es realmente ese un verdadero racismo invertido?.
La vuelta de la juventud. Con resignación, recibimos la noticia del cambio de recorrido de la competencia ciclística «vuelta de la juventud 2023», decidido por precaución ante la posibilidad de una tragedia por cuenta de una posible erupción violenta del nevado del Ruiz. La carrera, que se inicio el primero de mayo en Zipaquirá, culminaba con dos lindos episodios. Entendemos que sea necesario ser sumamente previsivos, pues ya conocemos lo que puede llegar a ocurrir, o mejor dicho, lo que ya nos ocurrió en la avalancha de Armero.
Las dos ultimas etapas, debían celebrarse ayer y hoy. ayer, con la etapa reina de la prueba, el mítico trayecto Mariquita-Manizales, con el ascenso al paramo de Letras, considerado como al escalada de ciclismo más larga del mundo; y hoy con un atractivo circuito contrarreloj en Pereira. Dos emocionantes trayectos que cerraría con broche de oro la vuelta.
Definitivamente, la cercanía del nevado del Ruiz es un problema grave. No hay forma de predecir su comportamiento. Ojala el famoso leon vuelva a quedarse dormido, tal y como estuvo tantos y tantos años, sin provocar ninguna preocupación, hasta cuando le dio por despertarse y convertirse en tan terrible amenaza.
El veto a Agustín Laje. Los extremistas de izquierda, los feministas, los activistas del tercer sexo (o del cuarto, o del quinto, y de los demás que aparezcan, que van siendo muchos a juzgar por el número de letras que se ha ido acumulando para formar la sigla que los identifica), lograron que se cancelara una conferencia que iba a dictar en la Universidad Javeriana el politólogo argentino Agustín Laje, joven promotor de lo que el mismo llama La Nueva Derecha quien vino a la feria internacional del libro de Bogotá (FILBO), al lanzamiento de su libro Generación Idiota. El logro extrema izquierdista fue contraproducente, y la organización de la feria, que tenia dispuesto un auditorio para 800 participantes debió acondicionar rápidamente dos carpas con un aforo adicional de unas 2000 personas, ante la gran asistencia al lanzamiento, ocasionada seguramente como reacción a la absurda censura. El evento en la FILBO resulto un éxito total.
Laje se opone, entre otras cosas, a la ideología de genero, al llamado lenguaje inclusivo, al aborto, y a la promoción continua en favor de la homosexualidad. Y, por supuesto, se puede estar o no con el. Pero que una universidad vete unos temas de actualidad, es inexplicable. Más aun, si es una universidad católica, apostólica y Romana. Hasta donde se sabe, no hay ninguna doctrina católica en favor del homosexualismo ni en favor del aborto. El espíritu de la universidad debe ser amplio y abierto. Los que defienden esas ideas con las que Laje no esta de acuerdo, tienen todo el derecho a exponer su ideología, incluso en la Javeriana. Pero quienes piensan distinto, también deben tener ese derecho. Es inexplicable que se impida hablar en esa universidad a una persona que predica lo mismo en lo que la institución cree, pero le impida hacerlo a alguien cuya manera de pensar es, precisamente, la misma que sus directivos eclesiásticos supuestamente practican.
