¡Los puentes, que se caen!
Hay puentes que se resisten a caer.
Fueron construidos, muchos de ellos en el sector rural, para que pasara la recua de mulas cargadas.
Crecieron los vehículos, los peatones, pero nunca conocieron que era mantenimiento, prevención y muchos menos repotenciarlos. Tenían hierro, arena, cemento al gusto y la ingeniería poco sabía de pliegos que se robaban. Que entregaban con misteriosos costos, para que la rentabilidad no quedara en el bolsillo de sus patronos.
Mientras se adornaban muchas carreteras con tono de modernidad, los vejestorios de las vías terciarias y secundarias, señalan el recorrido de pánico que admite y cuestiona, a la vez, el pacto lujurioso de proyectos cargados de duda. Que se tragan la plata del mantenimiento y adecuación.
La muestra de ello, es el limítrofe con Cartago y el del Puente Mosquera. Por no hablar del que cambian en el tramo hacia Pereira -Marsella, que era una vergüenza.
Por las rutas del café, los estragos del tiempo, son un paseo, una narrativa de la muerte. Un riesgo sin seguro. ¿Hay inventario y costos?
El top es fácil de confeccionar, porque el ciudadano padece y conoce de lo que ha sido la línea de la infraestructura vial. Los viejos puentes estrechos y peligrosos, cuyas claves parecen tener flotadores en ese itinerario de terror. El museo y el cementerio están en la próxima curva o en la recta, que se ve desde el auto o el bus.
Escudriñando documentos del Ministerio del Transporte, de INVÍAS, encontraremos muchas sorpresas.
Otros, son un rosario de peligro revestido de miedo y bendiciones.
No se han caído por que están trancados por el milagro diario de la experticia de muerte que acompaña viejos zorros del timón.
Así está la vieja infraestructura educativa, centros de salud, casetas comunales, vetustas edificaciones estatales que son bodegas al punto del colapso.
Nadie que sea sensato, se dará cuenta hoy y muchos menos negará, los problemas que compramos por terceros, con la forma como quedará tramos viales de la región, con el voltaje y el daño de la alta circulación que tendremos que soportar de manera adicional. El tráfico de vehículos pesados y los livianos que no querrán dar vueltas por el corredor Cartago – Alcalá.
Igual, la forma como sufrirá, aún más, el habitante de amplios sectores de Pereira. En su economía, productividad y competitividad.
Todo ello ocurre, cuando, como dijo con acierto el diputado Durgues Espinoza, estamos secuestrados por los peajes. O, mejor, como lo describió el ingeniero, Carlos Alfredo Croswhaite, cuando hoy todo está concesionado y la corrupción de la ingeniería.
Sabemos, que ahora, por ventanilla, volverán los amigos de las concesiones a llenar el paladar, a la hora del negocio -socio.