Elecciones en Risaralda

La llamada democracia representativa debe ser una y tener presencia en urnas. No una pisoteada y con sesgos. Alejada y marchita. Inundada en apatía y en tecnicismos que la han desfigurado. Incluso con la complacencia de una burocracia espesa que embosca y traba.
Por eso el marchitamiento de muchos procesos electorales de base, que permanecen hoy en el limbo. Varios de ellos desaparecidos. Eso es lo que más le conviene a pocos.
Alejarlos del radar. Permearlos y desaparecerlos. Un notorio ejemplo de ello: son las elecciones comunales y la de Jueces de Paz, que deben reanimarse. Crear ciudadanía y un territorio fortalecido.
Llegar a un ordenamiento territorial planeado como herencia de ejercicio responsable del poder ciudadano. Del accionar de buen gobierno y de movimientos sociales fuertes y no envilecidos.
Así haya factores que menoscaben el interés ciudadano por ir a las urnas. El voto es el signo mayor que nos aproxima a una ciudadanía soberana. El supremo voto. Donde esté. Más allá de la displicencia – muchas veces- del Estado por apurar y tomar decisiones de respaldar acciones en pro de ello. Acciones para mutilar la participación.
Por eso, ese resurgir de procesos casi que agotados como los Jueces de Paz, la estructuración de faenas comunales como base esencial de estos procesos recortados, la estructuración real de la fuente de ediles hasta la conformación de una democracia cafetera, enseñan un modelo por que el pequeño productor del grano, logre hacerse sentir en la cúpula nacional del gremio.
Hierve un rebrote de esperanza en el campo por nutrir, por cultivar, un gremio fortalecido y propositivo. Que ligue esperanza a la familia cafetera hoy equilibrada por los precios en dólar y las aspersiones de muerte.
Por el auge de lo que será en un futuro la federación nacional marimbera y las grandes transformaciones industriales que el cultive viene teniendo.
Esta apuesta es por un reverdecer ciudadano en urnas.
Por fortalecer y enderezar la pirámide de mando con instituciones sociales vigorosas y no al vaivén de la trampa y la mentira. Del robusto engaño para cortejar al poder y malos líderes que tranzan presente y esperanza de sus organizaciones.
Este debe ser un campanazo, para que se reflexione. Una ciudadanía reflexiva y que participe, le dan sentido a sus comunidades y muestran un poder distinto en su toma de decisiones. ¡A participar, pues!