Educar es formar buenas personas
Historias de sobrevivencia
Agradezco a mis amigos, aquí presentes, la convocatoria para hablar de nuestras vidas, por fin nos encontramos después de tantos años, amigos con hermosos recuerdos compartidos en la niñez y juventud, a pesar del tiempo hemos logrado conservar nuestra amistad viva
Más importante, aún, me parece la temática a desarrollar, es una brillante idea compartir nuestras historias de sobrevivencia, de resiliencia, la forma de sobreponernos a medios hostiles, afrontando vicisitudes de toda índole impuestas por las dificultades de la convivencia expuesta al matoneo o bullying, característico de una sociedad que se acostumbró a resonar en esa frecuencia, no sé por qué, pero somos propensos a aprender fácilmente lo malo, esa es la realidad a pesar nuestro.
El mundo con todas sus violencias está expuesto al naufragio provocado por la agresión del matoneo, verdadero imperio del mal, tenemos que abrir campo a las virtudes y con ellas al espíritu del bien que responda a una comunidad de buenas personas, platónica aspiración, pero no de imposible concreción, al menos no es perjudicial para nadie, que sea nuestro ideal y pinte de bondad el paisaje de los propósitos comunes.
¿Cómo hemos llegado a nuestra realidad presente, mirar hacia atrás y divisar las escenas vividas en el vasto teatro existencial? Ver cómo fueron dejados los obstáculos en el camino, las amenazas de la vida vencidas, la fortaleza surgida de ella misma, experiencias peligrosas superadas en forma inexplicable, el hecho de haberles ganado la batalla significa que la vida es un milagro, no sólo vivimos, digamos más bien, sobrevivimos.
Resaltamos la sobrevivencia, homenaje a la vida y gratitud por nuestra supervivencia al coronar exitosamente diferentes situaciones catastróficas y violentas.
Estoy fascinado con todas las experiencias de vida escuchadas hoy, sólo admiración y felicitaciones se me ocurren para todas las historias ejemplares cada uno de nosotros representa. Sorpresa fascinada es la maravilla de cada manifestación de vida experimentada en el vuelo de la imaginación de héroes anónimos no reconocidos, generalmente ignorados, olvidadas las novelas de nuestro existir grandioso no escrito todavía.
Es necesario admitir que la historia de nuestra jornada temporal en el espacio de vida, en esencia efímera, en nuestro tránsito individual, reviste caracteres de heroísmo, odiseas realmente milagrosas, debemos manifestar la gratitud por estar vivos disfrutando horas extras, amar y perdonar, cada espacio y fracción de tiempo representan un favor concedido a la confianza en el futuro y persistencia en las acciones.
Mis experiencias personales, igual a las de ustedes, revelan condiciones sociales no superadas aún por el colectivo humano, oportunidad apropiada para poner el dedo en la llaga y de manera consciente buscarle curación al dolor que, ojalá, no vuelva a repetirse.
Educar es formar buenas personas, búsqueda imparable de la armonía e inculcarla en los niños y adolescentes, responsables de propiciar el cambio enfocado en la bondad que la humanidad merece.
Me comprometo a recoger del conversatorio las mejores ideas y sugerencias relacionadas con las virtudes de las buenas personas, resumirlas en una propuesta para el mejoramiento de las relaciones humanas, transformadas en motor de búsqueda de la armonía, por ello el mensaje implícito en el nombre de este documento: Educar es formar buenas personas.
Bogotá, 22 de julio de 2022