Las cobijas rojas se rompen
El partido liberal venía dando tumbos en Risaralda. Mejor, sigue dando tumbos.
La mayor fortaleza fue el dique con una aspiración tendida en el camino por el ex alcalde, Juan Pablo Gallo Maya, al senado. El liberalismo se había quedado sin senador después qué de manera histórica y repetida, sus mayorías en concejos y la Asamblea, más el dominio en el Congreso, le permitía reunirse en el patio de cualquier municipio, donde clavó mayorías. Lo entregaron a pedazos.
Gallo, cree que todo lo tiene en el bolsillo y no es cierto. No puede creerse que está elegido y terminar con una superioridad que no deja de ser escasez de humildad.
El liberalismo también “tiene caja negra” en ese avión sin piloto que vuela en la oscuridad.
El liberalismo era tierra de nadie. Lícito es que de otros lugares venían a tirar la ancha atarraya para pescar votos en la turbulencia electoral
El liberalismo hoy está intratable: tienen dos credenciales a la Cámara y busca ganarse el baloto electoral al senado, en medio de una reyerta declarada.
Mario Castaño, actual senador por Caldas y con 8 mil votos en arcas en Risaralda, regresa más activo, frotándose las manos y se mete por la mitad. Detrás de él, vendrán tribus, migrantes electorales, para capturar el botín, regado en la calle.
No sólo es el rojo que invade a esta porción territorial sino que es un concierto de colores, policromía, que evoca una imagen de bazar electoral de pueblo, que no da respiro, mucho menos tregua.
Hoy hay tres candidatos fijos a la Cámara en la lista que se ensambla. Dos de ellos tienen la credencial en el bolsillo del saco: Diego Patiño, un ingeniero liberal que se le apunta a otra gesta y Juan Carlos Reinales, quien llegó bajo la égida del CAMBIO.
Un tercero, el cafetero y empresario, Aníbal Hoyos, coloca los píes en el acelerador y brota de la lámpara con una campaña fresca, surgida de la provincia pero metida en el corazón del liberalismo, para hurgar votos y romper el viejo esquema de que “cualquier cosa puede suceder”. Su presencia asusta al viejo rojo y lo ha movido. Lo sacó del confort.
Hoyos, le pelea votos a ambos.
Hoyos, ex alcalde probado, juicioso, conectado con la gente, se convirtió en una piedra en el zapato, en un liberalismo que desafía al que “tiene dueños”. Él, sólo piensa en la gente. Los votos, considera, vendrán en la resistencia, en el trabajo que convierte la calle en su mejor directorio.
Hay relámpagos rojos. El liberalismo, está incendiado. No se puede respirar porque está tóxico y huele a pólvora.
Hay gente echándole china al fogón. La piromanía electoral enciende más el rojo.
Las cobijas rojas, están rotas. No aguantan más un matrimonio imposible donde las infidelidades crecieron. El divorcio está listo. Sólo falta que lo firmen. “Hay acciones que podrían ser igual o peores para la vida en pareja”.