6 de junio de 2026

Alberto Vásquez Restrepo a los cinco años de su muerte

10 de octubre de 2020
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
10 de octubre de 2020

Este once de octubre se cumplen cinco años del fallecimiento de Alberto Vásquez Restrepo, quien fue ministro de Minas y Energía, gobernador de Antioquia, embajador ante la Comunidad Europea, dirigente conservador y, sobre todo, gerente de grandes empresas y líder gremial, habiendo ocupado la presidencia de la Cámara Colombiana de la Construcción –Camacol- en sus últimos años, como muchos recuerdan.

En mi libro Protagonistas de la Economía Colombiana (1997) incluí la siguiente semblanza suya en reconocimiento a su actividad empresarial no sólo por sus invaluables aportes al desarrollo del país sino también por considerar que las empresas son realmente el motor de la economía, en la que deben ser consideradas, junto a los ministros de Hacienda y demás autoridades económicas, auténticos protagonistas.

Dicho libro fue presentado en Bogotá por Vásquez Restrepo, como presidente de Camacol, y el ex vicepresidente Humberto de la Calle Lombana.

Un paisa de sangre azul

Uno de sus antepasados, conocido como El general Giraldo, fue héroe de la independencia, allá, en Antioquia.

Y su abuelo materno, Nicanor Restrepo Giraldo, era sobrino precisamente de este militar. Fue gobernador de Jericó, cuando el presidente Rafael Reyes dividió en su mandato (1904 – 1909) a la extensa región antioqueña en dos provincias, cuyo fracaso determinó el regreso a la unión original, aún vigente.

Fue, además, representante a la Cámara y senador de la República, intendente del Chocó en su temprana juventud, alcalde de Medellín en tres oportunidades, gobernador encargado y secretario de Gobierno hasta el ascenso de Olaya Herrera en los comienzos de la República Liberal (1930).

De ahí que su nieto, quien fungía en 1996 como presidente de la Cámara Colombiana de la Construcción –Camacol- al conceder esta entrevista, confesara que lo había conocido siempre, desde muy pequeño, como un notable dirigente político.

Conservador, claro. O godo, para ser exactos. Como lo fue también su abuelo paterno, ganadero de Itagüí con varias fincas en Amagá, de quien acaso heredó el espíritu empresarial, de negociante, característico de los paisas.

Pero, quien más influyó en él fue el primero de los abuelos. No era para menos: siendo su nieto preferido, lo formó para que seguir sus huellas de líder cívico, lo hacía leer los periódicos en voz alta y hasta le enseño a dibujar, desarrollando así un talento artístico que, por lo visto, es un mal de familia.

En cuanto a su padre, Alfonso Vásquez Betancur, fue comerciante, con un negocio de seguros, pero también dibujante y músico, un intérprete afortunado de varios instrumentos, como lo fue él mismo, Alberto Vásquez Restrepo, quien contaba a su haber con algún premio por ese motivo en su época de colegio.

Una época que se remontaba al Colegio San Ignacio, de los jesuitas, situado a pocas cuadras de su casa, en pleno centro de Medellín, cerca del Parque de Bolívar.

Diario con predicciones

De los jesuitas aprendió la disciplina que el propio Vásquez Restrepo se imponía, según consta en su diario de entonces (que todavía conservaba, como tantos otros documentos importantes en su vida personal), donde reseñó no sólo las fallas cometidas sino los castigos infligidos para enmendarlas.

Recibió, por consiguiente, una sólida formación cristiana, ética y moral, aquella que le ha permitido actuar según rígidos principios o normas de comportamiento, con los cuales solía evaluar las acciones de los demás, en especial de nuestros gobernantes.

Se formó un alto concepto de sí mismo, como era de esperarse. Por sus nobles orígenes, en primer término; por el selecto grupo social al que pertenecía, donde estaban los pioneros de la poderosa industria antioqueña en los años treinta del siglo pasado (Carlos Gutiérrez Bravo, Carlos Cock, Jorge Arango Vieira, Alejandro Ángel y Jorge de Bedout, entre otros); por la educación religiosa y moral, que contaba mucho, y porque al fin y al cabo fue dando muestras de su liderazgo, siempre estimulado por su abuelo materno.

No fue de extrañar, en consecuencia, que a los doce años hubiera escrito, con visión profética, que él llegaría a ser una figura importante en Colombia.

Pero, todo indica que esto igualmente era mal de familia: el padre, un día después de celebrar su nacimiento, predijo que el niño sería ingeniero, propósito que luego le inculcó su abuelo Nicanor.

Alberto Vásquez Restrepo, por su lado, se convenció de niño que así sería, pues en su infancia construía modelos de viviendas, edificios y aviones, con una notable habilidad que sus parientes celebraban ante propios y extraño.

La obsesión por conocer

Y como la Escuela de Minas quedaba entre su residencia y el colegio, a veces se quedaba allí, cuando cursaba los últimos años de bachillerato, para recibir una que otra clase, con la complicidad de los profesores y alumnos.

Entraba a los laboratorios, hacía experimentos, y su posterior ingreso formal, para cursar obviamente los estudios de Ingeniería, fue sólo la continuación del proceso iniciado años atrás, proceso que ha mantenido hasta hoy.

“Mi obsesión ha sido conocer, conocer y conocer”, afirmaba. Y si bien admitía que esta ansia insaciable de saber lo había perjudicado porque le impidió ser especialista en determinada área del conocimiento, aplaudía que tal interés, tal entusiasmo, hubiera sido constante en su vida.

Tanto es así que a los quince años dictó una conferencia pública en la biblioteca municipal de Itagüí (donde un tío suyo era director), nada menos que sobre la responsabilidad, tema del que consultó “todo lo divino y lo humano”.

“Cuanto dije allí me ha servido mucho en la vida”, aseguraba en tono reflexivo, recordando que en su mente quedó grabado lo dicho por el padre Henao, su profesor de Física: “Que la muerte nos coja trabajando”, mandato que ha cumplido al pie de la letra, sin descanso.

En el mundo empresarial

Sólo que antes de meterse a la política, donde alcanzaría a ser dirigente conservador en el país, Vásquez Restrepo entró de lleno a los negocios, al mundo empresarial, para gloria y loor de sus ancestros.

Salido de la universidad, se vinculó a Medias Pepalfa, como administrador, gracias a que el gerente era hermano de un condiscípulo suyo. Pero, se aburrió. Y aunque le ofrecieron mejor sueldo y un futuro próspero, obviamente en el sector privado, abandonó el cargo a la primera oportunidad.

¡Se fue al sector público! ¿Y no le preocupaba la politiquería, en momentos en que el enfrentamiento partidista, poco después de El Bogotazo (en 1948, cuando Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado), estaba en uno de sus peores momentos? ¿O la corrupción, sobre la que tanto le advertían sus amigos empresarios?

¡No! Decidió aceptar la oferta de José María Bernal (quien luego fue ministro de Hacienda, en el gobierno de Laureano Gómez, a comienzos de los años cincuenta) para ocupar la subgerencia de la Empresa de Energía Eléctrica de Medellín, con la perspectiva diaria, declarada, de llegar a la gerencia en corto tiempo.

De inmediato sacó a relucir el ritmo paisa. Con el gerente, Julio Restrepo, cada noche revisaba túnel por túnel, tubería por tubería, hasta que la junta directiva no tuvo más remedio que pagarle un sueldo bastante atractivo: ¡tres mil pesos mensuales!, suma que le permitió, con el primer pago, comprar carro nuevo, cuyo valor total era de cuatro mil pesos.

Ahí empezó su carrera en esa empresa, donde permaneció siete largos años, etapa que no dudaba en calificar como una de las más significativas de su vida.

Pionero de la descentralización

¿Por qué? Ante todo, porque allí tuvieron su origen, por su iniciativa personal, tanto las conocidas Empresas Públicas de Medellín como la autonomía de que gozan numerosas empresas públicas en Colombia, fundamento -explicaba- de la descentralización en boga.

La historia es como sigue: siendo su gerente, cuestionaba que la compañía no pudiera prosperar porque sus recursos financieros eran tomados, a cada momento, por el alcalde de turno, a veces hasta para pagar la nómina.

La única solución al respecto -sostenía- era lograr plena independencia, conseguir un empréstito internacional para asegurar la modernización en equipos, y aprovechar enormes recursos hídricos, como los del río Nare, que demostraba con fotografías aéreas tomadas por él mismo cuando fungía de piloto.

Ningún alcalde le escuchó. Antes bien, todos le hicieron la guerra, hasta no tener otra salida que exponer sus ideas a Tulio Ospina Pérez, secretario de Obras Públicas, quien le abrió las puertas ante el gobernador Pioquinto Rengifo para presentarle su plan.

Corrió con buena suerte. El mandatario lo apoyó; pidió cita, a continuación, con el presidente Rojas Pinilla, para llevarle el proyecto, y, efectuada la reunión palaciega, el primer mandatario, ingeniero como él, le dijo: “Encuentre la solución jurídica, ¡y lo hacemos!”.

El presidente de la Asociación Nacional de Industriales -ANDI-, José Gutiérrez Gómez, encontró la salida. Era simplemente dictar un decreto del Ejecutivo, con base en facultades aprobadas por el Congreso, y como el decreto existía, además del citado respaldo presidencial, la anhelada autonomía de la empresa fue un hecho.

Creadas las Empresas Públicas de Medellín -EPM- como primer ente descentralizado del país, Vásquez Restrepo fue designado su coordinador general, a mucho honor.

Tras varios años de lucha, había logrado salirse con la suya.

El salto a la política

Hasta entonces, era más bien apolítico. La política no le atraía. “Me las daba de empresario”, subrayaba.

Pero, había una diferencia con relación a los tiempos actuales: los empresarios hacían política partidista, lejos de la tajante separación que hoy se presenta. Y aunque no sería mal visto que el jefe conservador Luis Navarro Ospina le ofreciera ser concejal por el conservatismo, respondió que sus actividades particulares, como constructor, lo inhabilitaban.

El acoso, sin embargo, siguió. Y cierto día se encontró, junto a las vacas sagradas del conservatismo antioqueño, en la oficina de Dionisio Arango Ferrer, quien les pedía expulsar de sus huestes a J. Emilio Valderrama dizque por haber traicionado al partido.

Consultado como empresario, Vásquez Restrepo apoyó la propuesta, actitud crítica que a lo mejor le permitió después ser miembro del Directorio Conservador de Antioquia al lado, por ejemplo, de Mariano Ospína Hernández.

Acá empezó su carrera política. Tras aquel histórico debut, pasó mucha agua bajo el puente: respaldó la candidatura presidencial de Carlos Lleras Restrepo, quien durante su gobierno (1966 – 1970) le ofreció la gerencia del Instituto de Crédito Territorial -ICT-, cargo que declinó en favor de Luis Alberto Villegas, su coterráneo, como cuota antioqueña.

Lleras, no obstante, quería tenerlo en su administración, por lo cual le ofreció la presidencia del Instituto Colombiano de Energía Eléctrica -ICEL-, rechazada igualmente. Y aunque actuó así, mantuvo las mejores relaciones con el estadista liberal, como sucedió también con el ex presidente Ospina Pérez, en cuyas filas militaba.

Rumbo al Ministerio

Pero, su bautizo de fuego en la alta política fue con la candidatura presidencial de Misael Pastrana Borrero. Le tocó enfrentarse otra vez a J. Emilio, recio defensor de las aspiraciones de Belisario Betancur, y fue quien le comunicó al futuro primer mandatario, en nombre del Directorio Departamental, la grata noticia del aval a su nombre, decisivo para el posterior éxito electoral.

En 1971, alcanzada ya la victoria e iniciado el mandato de Pastrana (1970 – 1974), aceptó por fin la gerencia del ICT, hecho que obligó su traslado de Medellín a Bogotá, el cual fue definitivo.

De allí, antes de concluir el cuatrienio, pasó a asumir la gerencia de las Empresas Públicas de Bogotá, por petición del alcalde Aníbal Fernández de Soto, naturalmente con el propósito de repetir la afortunada experiencia de la capital antioqueña.

Quién sabe si lo hizo. En cambio, sobrevivió al relevo de la administración central por el beneplácito del presidente electo, Alfonso López Michelsen (1974 – 1978), y porque en definitiva terminó haciendo llave con el nuevo alcalde de Bogotá, Luis Prieto Ocampo.

En el mandato siguiente, de Julio César Turbay Ayala (1978 – 1982), ocupó el Ministerio de Minas y Energía; desde 1980 hasta 1984 fue embajador ante la Comunidad Europea, y, a su regreso del viejo continente, gobernador de Antioquia, según lo había previsto en sus años mozos.

Por cierto, en su acto de posesión, ante la sorpresa general de los asistentes, leyó aquel escrito juvenil donde anticipaba que sería una persona importante, como había previsto, en un viaje a Europa, su reciente paso por la diplomacia cuando visitó a quien sería allá su antecesor, Nicanor Restrepo Santamaría.

Fundación de Camacol

A la presidencia de Camacol llegó, igual que para ser ingeniero y ocupar la gobernación de Antioquia o el Ministerio de Minas y Energía, porque tenía que llegar.

En efecto, siendo niño dio claras muestras de su espíritu gremialista, desde formar un grupo de excursionistas o una asociación de radioaficionados, fruto asimismo de sus múltiples aficiones.

Sin terminar sus estudios universitarios, fue secretario general de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros, cuyo escudo diseñó al igual que el de la Escuela de Minas, hechos que muchos ignoran.

De ahí que en 1957 hubiera impulsado lo que hoy conocemos como Cámara Colombiana de la Construcción -Camacol-, nombre que él también acuñó de manera sorpresiva: ante el desacuerdo que había para bautizar a la naciente unidad y verse en la necesidad de enviar telegramas para invitar a la primera reunión del gremio, no se le ocurrió sino ese calificativo, apoyado con entusiasmo por los otros socios fundadores.

En Camacol fue fundador, presidente honorario, presidente ejecutivo en dos oportunidades y, como tal, miembro del Consejo Gremial Nacional, donde hacía gala de su reciedumbre moral y la mejor estirpe conservadora aún en las situaciones más difíciles, como las que se enfrentaban entonces, durante la administración de Ernesto Samper Pizano (1994 – 1998).

Menos mal que en el país aún había dirigentes empresariales de su talla…

(*) Ex director del periódico “La República” y Magister en Economía de la Universidad Javeriana