20 de junio de 2026

Los avatares del periodismo

24 de febrero de 2020
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
24 de febrero de 2020

Cuando miramos la historia de los periodistas y de los medios en nuestro país encontramos un camino lleno de espinas: ayer por las persecuciones de los regímenes políticos y por las angustias económicas; hoy por la competencia de las redes sociales, por la desinformación, por el manipuleo de los dueños del poder y porque la audiencia se desvanece.

En el siglo XIX nacían y morían centenares de periódicos y publicaciones la mayoría político-literarias. En la época de las guerras civiles y de la polarización política, aparecieron los periódicos críticos, como El Zancudo. Periódico Cándido, Antipolítico, de Caricaturas, Costumbres y Avisos (Santafé de Bogotá).  Para escapar de las persecuciones acudían a los seudónimos. En esta época la historia del periodismo se relaciona con la del grabado; en este punto aparece don Alfredo Greñas, director de El Zancudo, y luchador contra el régimen de la Regeneración de Núñez. Pero Greñas tenía, además, un taller de dibujo y grabado en Bogotá y se convirtió en uno de los mejores grabadores de Colombia; por esta razón lo encontramos en la historia del Papel Periódico Ilustrado, de Alberto Urdaneta. Participó en la guerra civil, como liberal, en la causa de Aquileo Parra; pero terminada la guerra dejó el fusil y tomó la pluma, oficio más peligroso que el campo de batalla, porque escribía contra Rafael Núñez o Miguel Antonio Caro, considerado un riesgo mortal. Su primer periódico fue El Posta, una publicación clandestina; se editaba en una prensa de madera, portátil, que él mismo fabricó. Después publicó El Demócrata, que fue multado y suspendido, y luego dio vida a dos periódicos, El Barbero y el Zancudo.

Cuando se produjeron las manifestaciones de enero de 1893 contra la administración de Miguel Antonio Caro, llegaron las persecuciones del gobierno y se estableció la censura para la oposición. En ese momento el periodista más perseguido era Alfredo Greñas, varias veces multado y apresado, pero ahora condenado al ostracismo. Don Alfredo salió para el exilio, pero antes fue castigado en la terrible prisión de Cartagena; de aquí partió rumbo a Estados Unidos, pero por el camino decidió quedarse en Costa Rica.

La violencia del siglo XX

En este siglo el periodismo fue golpeado por la violencia política y por la mafia. Durante el gobierno de Laureano Gómez (1950-1953) se produjeron los incendios de las instalaciones de El Tiempo y El Espectador. Después llegó el golpe militar de Gustavo Rojas Pinilla (13 de junio de 1953) y se complicó el ambiente para los medios de comunicación; un decreto del 6 de marzo de 1954 ordenaba que todos los periódicos debían “ceñirse al relato de los hechos”. Se castigaba con prisión de seis meses a dos años por “Transmitir, escribir, editar, ayudar a editar, o distribuir escritos o publicaciones clandestinas en que se insultase a las autoridades legítimamente constituidas”. En este clima de censura fueron suspendidos El Espectador y El Tiempo.

Después llegaron los carteles del narcotráfico que fueron conquistando espacios en la economía, en la sociedad y en la política. Don Guillermo Cano, director de El Espectador, sabía que el poder de las mafias terminaría postrando y dominando al Estado y a la sociedad y utilizó su máquina de escribir como arma para enfrentarlos. Desde sus editoriales y desde su columna Libreta de Apuntes, les dijo: ¡Ni un paso más!; destacó la importancia de la Operación Yarí o Tranquilandia, realizada por la Policía Nacional el 7 de marzo de 1984 y señaló cómo detrás de este complejo cocainero estaban Pablo Escobar y sus socios. La respuesta de la mafia fue contundente contra la justicia y contra los medios; el país quedó postrado con el rosario de asesinatos. El 17 de diciembre de 1986 le llegó el turno a don Guillermo Cano, por orden de Pablo Escobar. El Espectador y sus periodistas habían librado una guerra para recuperar la decencia nacional.

La crisis de hoy

La situación actual es diferente pero compleja, porque crece la desinformación debido a las redes sociales y a las noticias falsas. Además, es difícil ejercer el periodismo en medio de la polarización política que padece nuestro país. Sin embargo, esta profesión es más peligrosa en las regiones, por las bandas criminales, por la corrupción y por las alianzas de los gamonales  con los grupos ilegales.

También los mandatarios “meten la mano” para posicionar temas de interés del Gobierno y de vez en cuando arremeten contra medios y periodistas independientes para afectar su reputación. A esto hay que agregarle cuando el mismo periodista “mete la pata”. El caso más reciente lo protagonizaron Vicky Dávila y Hassan Nassar, el pasado 11 de febrero, durante una entrevista. Se trataba de preguntarle al vocero de comunicaciones del Gobierno sobre la utilización del avión presidencial en un paseo al parque Panaca, donde viajaron la primera dama y sus hijos, además de algunos particulares. Pero Hassan empezó atacando a la periodista, la sacó de casillas y logró que muriera la polémica sobre el uso del avión presidencial para beneficio particular. El periodista le quiso decir, “coma callada que usted también está untada” ¿Seguirá la política de atacar a quien pida explicaciones?

Sobre el tema escribió la periodista en su columna de la revista Semana: “Creo que caí en una trampa que premeditadamente me tendió el provocador consejero de comunicaciones del gobierno. Yo tuve una reacción humana, inaceptable en mi papel de periodista. El decidió atacarme de manera muy baja con información privilegiada que misteriosa y convenientemente le llegó a sus manos, en lugar  de responder las preguntas que le hice sobre la utilización del avión presidencial”. Este es un buen ejemplo de cómo es posible acallar a los periodistas y congelar una noticia desde el alto gobierno.

Todo esto sucede y se facilita en una sociedad dividida en partes irreconciliables; en este ambiente los medios atizan las diferencias para ganar audiencia. Y como la prensa pierde pauta publicitaria, recurren a los escándalos, a los temas morbosos e incendiarios. De este modo seguirá la crisis de los medios de comunicación; así será difícil que se inserten en la era digital.