10 de junio de 2026

Anserma,  desde la colonia hasta hoy

26 de agosto de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
26 de agosto de 2019

Esta ciudad está cumpliendo 480 años. Cuando la fundaron los conquistadores españoles, el 15 de agosto de 1539, se encontraron con una hermosa región sembrada de aldeas, conocida con el nombre de Valle de Amiceca, que hoy corresponde AL Valle del Río Risaralda. Anserma sufrió varios traslados y desafortunadamente no se han encontrado los vestigios coloniales de la vieja ciudad colonial; cuando avanza la Colonia se formó un distrito minero que involucraba las poblaciones de Quiebralomo, Supía y Marmato; medio siglo después controlaba la producción agrícola y ganadera, la explotación del oro y el comercio; en esta época se utilizaron los caminos de los indios para conectar entre sí las poblaciones de Marmato, Vega de Supía, Arma, Anserma, Cartago (donde hoy está Pereira), Cali y Popayán.

Para el año 1600 solo quedaba el 10% de la población aborigen porque el resto murió debido a las enfermedades, a las guerras y por el trabajo en las minas; cuando se estimula el comercio de esclavos traídos de África toman la delantera los distritos mineros y los nuevos reales de minas de Quiebralomo, Vega de Supía y Marmato. Después de 1650, y debido a las guerras contra los aguerridos pijaos, se diezmaron los quimbayas, y Cartago quedó aislado; como consecuencia esta ciudad fue trasladada, en 1691, al sitio que hoy ocupa Cartago, en el Valle del Cauca y junto al río La Vieja. Esto es muy importante tenerlo en cuenta porque se rompió la relación comercial de Anserma con Cartago y Cali, razón por la cual la vieja Anserma fue trasladada al Valle del Cauca con el nombre de Ansermanuevo, hacia 1715.

Aquí empieza otra etapa de la historia de Anserma, porque no murió, sino que empezó a ser reconocida como Anserma la Vieja o Ansermaviejo. En este lugar permanecieron varias familias de mestizos pobres que vivían de sacar el oro en las quebradas y ríos y trabajaban como peones en haciendas ganaderas controladas por hacendados de la Vega de Supía. Durante las guerras de Independencia, entre 1810 y 1820, se produjo la migración o desplazamiento de numerosos campesinos que huían de los conflictos bélicos y buscaban tierra para cultivar, en zonas alejadas de los caminos principales. En esta coyuntura se asentaron en Ansermaviejo los colonos antioqueños y en un período de varios años tumbaron pedazos de selva, levantaron fincas y cultivaron artículos de subsistencia; después de la independencia, durante la Guerra de Los Supremos, de 1840, Anserma volvió a ser protagonista.

En 1841 el general Eusebio Borrero se acantonó con su ejército en esta población, que era una pequeña aldea, para enfrentar la insurrección de Salvador Córdoba, a quien venció en el Alto del Chocho, en Riosucio. Las guerras estimularon la llegada de nuevos grupos de campesinos pobres que huían de los conflictos y de los reclutamientos, se escondieron en la selva y con el paso del tiempo se veía salir el humo de sus casitas escondidas entre la maraña.

La Nueva Anserma

Hacia 1860 había tantos campesinos en la región que pensaron en refundar la aldea para hacer vida social, levantar un templo y organizar plaza para mercadear los productos. En 1866 ya estaba organizada la aldea y aparecen como repobladores o fundadores los siguientes: Vicente y Juan Ortiz, Vicente Moreno, José Urrutia, Rafael Velásquez, Félix Salazar, Juan de Jesús Ramírez, Pedro Manrique, Ponciano Taborda, Pedro Giraldo, José María Rincón y Ángel Roche, como los primeros que pasaron a la historia. Este año aparece como corregimiento de Quinchía y en 1882 alcanzó la categoría de municipio. Para esta época las vías de comunicación, o caminos de herradura que se trazaron para favorecer el desplazamiento de los ejércitos durante las guerras civiles, dejaron muy bien ubicada a Anserma: por un lado, estaba unida con Riosucio, Supía y Marmato, el viejo camino; pero una nueva ruta la comunicó con la cuchilla de Belalcázar, donde se rescató el viejo camino de indios que unió la población de Anserma con Risaralda, San José y Belalcázar, hasta caer al Valle del Risaralda. Por esta época se empezó a trazar la carretera hacia Manizales.

Durante las guerras civiles, entre 1880 y 1902, los campesinos producían maíz, fríjol, panela, tabaco, aguardiente y gallinas, para abastecer los ejércitos; se vincularon a los mercados y tuvieron dinero para comprar ropa y herramientas de trabajo. Este es el período del café, su producción y comercio hizo desarrollar la arriería, aparecieron fondas y posadas, recuas de mulas y arrieros especializados en el oficio; el principal representante en el municipio era Ubaldo Ochoa. Por estos años llegaron al pueblo los artesanos y organizaron pequeños talleres para procesar la cabuya y hacer lazos, costales y enjalmas; arribaron los tejedores de esteras, de sombreros, de alpargatas y de ponchos. Se organizaron fraguas para fabricar herramientas de trabajo y un artículo tan útil como las herraduras. Pero también entraron carpinteros y ebanistas para levantar casas y fabricar muebles. Los excedentes y ganancias producidos en las fincas y por el comercio del café y la arriería hicieron posible que el pueblo creciera; se estimuló la educación y la cultura. En 1883 había una buena escuela, era muy reconocida la sabiduría del educador Don José Eloy Rivera, Inspector de Educación en Ansermaviejo.

La caficultura siguió avanzando y hacia 1920 ya se hablaba de la cultura del café. Para 1925 el café se producía en las sementeras, con los cultivos de plátano, yuca y caña de azúcar; aquí recibían la sombra de árboles de naranja, de limón, de guamo y de los carboneros.

La ciudad en el Paisaje Cafetero

La Anserma de hoy se inserta en el Paisaje Cultural Cafetero aportando el pasado indígena, su papel en el período colonial, la vida republicana y la caficultura. Se le reconoce el patrimonio natural, la riqueza hídrica, el patrimonio urbanístico, el centro histórico, el legado arqueológico, la tradición histórica en producción de café, la finca campesina caracterizada por ser autosuficiente y con producción de maíz, plátano, café y otros artículos para el mercado.

El centro histórico se caracteriza por el Parque Mariscal Jorge Robledo, el sitio público más importante del municipio; allí está ubicado el templo de Santa Bárbara, principal espacio religioso. El sector está rodeado de construcciones tradicionales donde prima el uso de la madera, la guadua y la teja de barro. Abundan los sitios naturales, el paisaje de vertiente, los bosques de guadua y los puentes. Su territorio está favorecido por los ríos Cauca, Risaralda y Opirama y por las quebradas Tabuyo, Tusas, Don Lázaro y la Bendecida.

A lo anterior se le suman las veredas del paisaje cafetero donde sobresalen Bellavista, Chapatá, Chavarquía, El Pénsil, El Rosario, Juan Pérez, La Cabaña, La Esmeralda, La Floresta, la Loma, Patio Bonito y Villaorozco.

A lo largo y ancho de estas veredas surgieron desde el siglo XIX numerosas leyendas, mitos y espantos, que todavía son recordados por la cultura popular; entre los más famosos están el fantasma del arriero, la patasola de Chorroseco, el fantasma de Etelvina, la Llorona, el jinete sin cabeza y el carro fantasma; a principios del siglo pasado abundaban los duendes y las brujas.