“Afuera todos somos Colombia”
Por: mario arias gómez
Siento vergüenza ajena por el irrelevante Ministro de Transportes -con alma de secretario-, a quien observé caripelado haciendo bulto al lado del Presidente, en la firma del plan 51×50, que beneficia 51 municipios impactados por el conflicto armado. Acto que delata la falta de peso del presuntuoso burócrata, al no incluir en él a ninguna de las 27 jurisdicciones caldenses, en especial, a Pensilvania, Marulanda, Samaná, Marquetalia, asolados por el sanguinario frente 47 de las Farc, conducido por ‘Karina’ -Nelly Ávila Moreno-, la brutal asesina de Alberto Uribe (padre del fatal expresidente), al intentar secuestrarlo en 1983, en la finca Guacharacas, San Roque-Antioquia.
Facinerosa que ganó notoriedad, luego que el canallesco hijo, impartió al alto mando del Ejército, en un consejo de seguridad en el batallón Ayacucho, la orden: «Hay una tal ‘Karina’ de ‘lafar’, en el oriente de Caldas que hay que capturar». Provincia convertida en santuario y zona de descanso de dicha guerrilla. Para el poco influyente Rojas, la extorsión, secuestro, vacunas, voladuras de Arboleda y Monte-bonito, hostigamientos a Pueblo-nuevo y Samaná, el asesinato de campesinos, ganaderos, comerciantes y líderes sociales, de Rubiela Hoyos (alcadesa), desaparecieron de la memoria histórica del departamento. Situación expandida por los amigos paramilitares del poderoso “mesías”.
Igual para los inéditos: Carlos García de Invías; Mauricio Lizcano, el imberbe Presidente del senado -sin peso en la cola-; Hernán Penagos, el mediático ex presidente de la Cámara, medianías que pareciera, fueron sacadas de la novela, “Olivos y aceitunos todos son unos”. Historieta de ficción que no escatima esfuerzos para lanzar duras críticas a la nula gestión de los mediocres funcionarios, lagartos que salen de cacería de votos a la provincia, en las que ofrecen el “oro y el moro”. Una vez elegidos, regresan manivacíos. Es el caso de la oprobiosa y sospechosa apatía frente a la apremiante urgencia provocada por el crudo invierno. Subordinados sin influencia, sin voz, al no agregar ni un céntimo a lo presupuestado por concepto de regalías, por las que andan dramáticamente enfrentados alcalde y gobernador.
Insoportables antilíderes, proscritos al basurero de la historia. Contrasta con Arturo Yepes, qué sin temor reverencial, ha sido el único qué sin pelos en la lengua, protestó por el indolente desamparo e incuria del Presidente, y de los inútiles bedeles -los serviles y eclipsados recaderos citados- que dejaron huérfano, sin doliente, a Caldas en el susodicho plan 51×50. Adversidad e infortunio sufrido por el “Lejano Oriente” abandonado, trasmutado ayer en un mar de coca. Dejadez, inequidad y pasividad, denunciados por Yepes Alzate, catapultado como ejemplo de liderazgo indestructible, quien instó a los atribulados coterráneos a exigir cuentas a las aludidas mediocridades.
La estela de dolor y muerte dejadas por “Karina”, antes de desertar, en la vereda “La Soledad” -Sonsón- recibida por la cuarta brigada, de donde fue liberada por el pestilente maestro del contubernio y la perfidia al nombrarla -marzo 2009- “gestora de paz”. Obrar reprochado a Santos. “Forma de vida” nueva, agradecida por la bandida. Gesto asumido por las familias que lloran aún sus seres queridos, como burla. Época en que el mefítico perdonavidas desautorizó la gestión humanitaria de intermediación de Piedad Córdoba, que buscaba liberar a Pablo E. Moncayo, con 11 años de secuestro. Vivir para ver.
Cecilia López, escribió (marzo 13/2009): “Bajo ese título -gestora de paz- gozará de libertad y prerrogativas que desearía cualquier ser humano. Solo produce en la mayoría de los colombianos, desconsuelo, impotencia, rabia, frustración e injusticia. No es fácil comprender, cómo es que Uribe, supuestamente tan preocupado por el sentir de la gente, tan atento al clamor de las masas, tan acucioso con la seguridad de la población, pueda propinar una bofetada a los valores más sensibles de los connaturales, permitiendo que esta bandida represente las aspiraciones de paz de todos nosotros”.
Desde la trinchera del Centro Demoníaco, el viperino belcebú, opera como jefe de la más agresiva, endemoniada y desleal oposición al gobierno. Sin mirarse al espejo se autocalifica como “salvador” de Colombia. Con su sumisa guardia pretoriana de áulicos, esbirros, lacayos, paracos y vándalos, que baten incansables el incensario, manipula la opinión a efecto de hacer ver a Santos, como un lobo con piel de oveja, luego que verificó que no sería el títere imaginado. Como respuesta, su venganza ha consistido en desconceptuarlo, empequeñecerlo mediante calumniosa campaña, montada sobre falacias, suposiciones, imprecisiones, exageraciones.
En el colmo de la estulticia, en Grecia adulteró con fines políticos la realidad, con verdades a medias fuera de contexto. Allí desinformó, difamó, mintió, ofendió, presentó al país como hostil a la inversión extranjera, certificó que aquí impera el crimen, que el país no es confiable. Por menos, Piedad Córdoba, fue señalada por “traición a la Patria”. No habló en Atenas de los falsos positivos; la compra de la reelección; los “buenos muchachos” detenidos; las chuzadas a la CSJ; las zonas francas de Tomás y Gerónimo; agro ‘robo’ seguro; acopio ilegal de baldíos; los “Doce apóstoles”, razón para aplaudir la oportuna, justa e indignada réplica del embajador, Néstor Osorio.
Molestia causada, no porque “estornude, trine, arengue, exponga, cambie de tono, pase de la beatitud a la iracundia, ejerza el derecho de hacer oposición”, sino por el escenario escogido para ejercerlo. Es deber ciudadano proteger la honra y ascendiente moral de la República. A riesgo de equivocarme, pienso qué frente al dañino quehacer del insufrible perro rabioso, la absurda neutralidad no cabe. Híbrida postura -“ni chicha ni limoná”- practicada por quienes distantes, ausentes, ciegos y mudos, se muestran prontos a absolver el desvarío, el cual no va conmigo. Motivo -uno más- para continuar con la temeraria labor de desnudar, censurar y repeler los fúnebres aullidos del esquizofrénico y volcánico santón, para enrostrarle su falta de autoridad, el macizo prontuario de delitos de lesa humanidad sin aclarar por el viudo que vocifera, despotrica, desacredita, mancilla, sataniza, falsea la verdad, antepone odios y diferencias políticas y personales, al interés general de la nación, lo que menoscaba impunemente su buen nombre, con olvido que “la ropa sucia se lava en casa”.
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