14 de junio de 2026

“Los deseos deben obedecer a la razón”. Cicerón

8 de febrero de 2017
Por mario arias
Por mario arias
8 de febrero de 2017

Por: mario arias gómez

Pintura Ramiro Ramírez

El brillante y cuasi-eterno César Montoya Ocampo, quien es a no dudarlo un volcán a punto de entrar en erupción, cuyo innato e inusual talento le permite abordar múltiples temas de la historia política y cultural -a veces con celebrada ironía, mofa y picardía- de la amada tierra caldense, asiente que lo “conmovió” el llamado hecho a la unidad en el acto de bienvenida a Efraín Cepeda, -gran elector del conservatismo- con motivo de la preciada visita a los líderes de la “Alianza para el Progreso”, que dirige Arturo Yepes. Codiciada armonía que reviste prioridad ineludible para el partido, qué de no darse -dice Montoya- “nada podrá salvarlo”. Cohesión que es preciso aquilatar, a efecto que no termine como cola de ratón. Las matemáticas, que son tozudas, elocuentes y persuasivas, no mienten.

Antes de proseguir con la homilía, me refiero al despótico, ebrio y enconado comunicado de los “Partidos que declaran no ser parte de la “ALIANZA PARA EL PROGRESO” que lidera Arturo Yepes”, a quien prescriben “no utilizar más los logos que los identifican”. Globo salvavidas a la crisis que aquejan a quienes se presuponían afines. Agregan: “respetuosos de las convicciones ideológicas del trabajo -incansable- que adelanta Arturo”, sordina que no afronta la razón del ultimátum, aunque es fácil adivinarla.

‘Florero de Llorente’ usado para espolear la antipatía subyacente. Logos que nada significan si tras ellos no cohabita la búsqueda de la bienandanza de los pobres. El término “alianza” lo define la RAE: “Conjunto de personas que se han aliado”. Y “Progreso”: Acción de ir hacia delante. Avance, adelanto, perfeccionamiento. De lo que se colige que la “Alianza para el progreso” es literalmente una asociación de carácter cívico, formada por militantes de toldas diferentes de quienes se arrogan la vocería para suscribir la agria y enojosa nota.

Premeditado berrinche armado por fanfarrones exaltados que confunden ideología con identidad, politiquería con servicio “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Art. 2° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El discurso político se enfocaba antes en la igualdad, hoy se centra en la diferencia. La “Alianza para el Progreso” se ocupa -además- del avance social y humano; del desarrollo sostenible; defensa del medio ambiente; cultura del reciclaje; del maltrato animal. Política -con mayúscula- con la mira puesta en los altos intereses del país, del progreso humano más que del adelanto material. Pedagogía que inspira a líderes, alcaldes, diputados, ex y amigos nuevos.

Auroras aireadas en la campaña pasada, en la que compartí tablados con el Bachiller que rubrica el comunicado, Héctor Giraldo, quien desconoce qué de los 7.234 votos, muchos salieron de la cantera “Aliancista”. Así paga el diablo… Potencial -virtual- sin decantar que se atribuye el tribal, obtuso y visceral Jairo A. Mejía, patrocinador del lánguido comunicado. “Costalado de votos” con los que medra ante el irascible “ñato” y utiliza como escalera para el ascenso del hijo.

Ignoran los amnésicos autores del zafio pasquín, que los custodiados no desertaron de sus partidos, aunque sí de las directivas, que van por un lado y ellos por otro. La “Alianza”, no le lava el cerebro a nadie, ni obliga a alistarse en ella, ni requiere abandonar la franquicia que mal administran los cortoplacistas “jefes” que se creen imprescindibles. En su soledad practican la “disciplina para perros”, al suponerse con la facultad de establecer lo que tienen, pueden o no decir, o hacer los domesticados o insumisos prosélitos. Mandan huevo.

Las bases de la “Alianza” llegaron para quedarse, gente fiable, coherente, libre, creíble, con ideas propias, que piensan y saben lo que quieren y cómo lo quieren; con objetivos comunes, que buscan -con todo derecho- un lugar en la historia y motu proprio toman decisiones, sin que implique uniformidad. Autonomía que es conocimiento y pasión, saber y coraje, que desnuda la realidad que ensaya ocultar el crudo y lacónico libelo, pensando, caripelados, que pueden tapar con un dedo la luz del sol.

Lo sangrante de la malhumorada y mezquina camarilla, es que no digieren el liderazgo inexorable de Arturo -verdadero intríngulis- contrapuesto a su falta de credibilidad y ausencia de representatividad. Élite cuyo afán único es ganar elecciones. Eh ahí razón de la pérdida de empatía, de su desconexión con los esclavizados electores; la putería de sus envenenados corazones, que se refleja en el desquiciado impreso, carente de lógica, de equilibrio, de ponderación y racionalidad, contentivo de verdades a medias, turbias y flagrantes mentiras que asfixian la democracia.

El endiablado panfleto refleja el malestar por la democracia de mano tendida que practica en forma transparente, el creativo Arturo Yepes, alejada de sectarismo, del apolillado, estéril e hirsuto partidismo. Incontaminado Mariscal de campo, que guarda absoluto y piadoso silencio, frente al impreso -a un bagazo poco caso-  ocupado, como vive, en remar junto a los líderes de relevo, en el rastreo del puerto donde recalar las sentidas urgencias sociales e inaplazables soluciones, a tanta y constante arbitrariedad, atropello, inequidad e injusticia.

Coincido con Montoya: “Ninguna de las minorías recopilará los sufragios para un holgado renglón en la Cámara. Solo el entendimiento entre los diversos grupillos abrirá horizontes para llevar al congreso un parlamentario que lo canalice. Verifico que el chorro que perfora la roca, es del manantial que nace en las estribaciones cordilleranas en donde acampan los ejércitos de Arturo Yepes”, resaltan -en él- más sus cualidades y estorban menos sus defectos.

Manizales, febrero 08 de 2017

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