14 de junio de 2026

Deuda social

10 de enero de 2016
Por mario arias
Por mario arias
10 de enero de 2016

Por: mario arias gómez

mario arias“Qué bueno sería -dice con razón un amigo- volver a aquellos tiempos en que el civismo y la cultura caracterizaban a Manizales. Fernando Londoño dictaba cátedra de comportamiento ciudadano y los Manizaleños se distinguían por su aplomo y señorío en el concierto nacional”. Lamento que encaja dentro del tango, “Tiempos viejos”, que el desilusionado censor interpretaba en su época moza: ¿Te acordás hermano qué tiempos aquellos…? 25 abriles que no volverán… ¿Dónde están los muchachos de entonces? Barra antigua de ayer, ¿Dónde están?  Yo y vos solo quedamos, hermano;  yo y vos solo para recordar…”

Exhortación que no conmovió a los receptores de su queja, pues en el acto de posesión del alcalde de la ciudad, OCTAVIO CARDONA LEÓN,  un hecho por naturaleza cívico, brillaron por su ausencia. Asistieron el Min-ambiente, Gabriel Vallejo, el señor Gobernador, Guido Echeverry, el señor Arzobispo, Gonzalo Restrepo, los señores congresistas, Arturo Yepes y Mario Castaño, rectores universitarios, ediles y concejales.

Los desbancados herederos del azucenaje -el último de los cuales, Eduardo Arango, acaba de fallecer- presuntos depositarios de las reseñadas virtudes, los que deslumbraron por su ausencia, sustituidos por el expectante pueblo que los derrotó. Se abstuvo igualmente el otrora pragmático y nostálgico autor del reclamo -que nunca se dejó llevar por ensoñaciones- al que esperé verlo llegar del brazo de su avispada Tola, en compañía del azaroso y turbulento Pitbull guardián. (Avoir une tete a gifler). Tener una cara que pide bofetadas.

Su sola presencia hubiera refutado a los que sustentan la idea que el amigo desertó de la clase social que lo parió y de la que emigró en hombros del pueblo que lo ayudó a escalar la cima en la que triunfante permaneció por cerca de cinco décadas, gracias a su apoyo y fidelidad, de la que cayó sorpresivamente en tierra de nadie. Ausencia que le resta autoridad a la crítica transcrita. Superioridad consecuente con quien practica lo que predica, que no es el  caso. Respuesta a la pública reprimenda que parodiando a Aristóteles, -perdón por el atrevimiento-, el amigo es mi amigo, pero la verdad me es más querida. Queda claro.

La falta de civismo y cultura ciudadana que con buen juicio extraña, la hubiera suplido su asistencia y marcado además un hito, muestra de civilizada armonía, avenencia y concordia tan de capas caídas en el ejercicio público. De haberse dado habría sido una invaluable enseñanza para las generaciones de recambio, ya que como se dice, el ejemplo vale más que mil palabras. Oportunidad para haber confirmado que la fútil y regalada adhesión a la chamuscada candidata, obedeció realmente al único deseo de “hacer ciudad”, sin nada a cambio.

Excepcional lección de grandeza, de desusada obediencia al querer popular, de republicana fraternidad, de inusual respaldo con quien buscó su aval que le negó en forma ingrata. Democrático gesto que de haberse dado, hubiera sido digno de ser grabado en perenne piedra. Muestra de lucidez conceptual, feliz remate de una decorativa vida política, insumo para el meloso panegirista e inmoderado biógrafo que sin empacho, ni rubor lo equipara con Bolívar, Alzate Avendaño, Silvio Villegas y cuánto grande existió. “Nadie concentró -dice- tanto poder”.

El pueblo prevalido de la endémica pusilanimidad de la presumida clase oligárquica, que juzga a los demás con una vara moral más estricta que la utilizada por ella para medirse; pueblo que resolvió liberarse -como en su tiempo el yepismo- del anquilosado poder detentado por estos intocables que gobernaron la ciudad como su coto privado, sacándole el máximo provecho personal y político; expertos como son en practicar la ley del embudo, la parte ancha para sí y la estrecha para los demás.

Pueblo engañado, esquilmado y postergado por estos “redentores”, que en esta elección se cobró por ventanilla su falacia, hipocresía e impostura, sus olvidos y promesas incumplidas. “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros disfrazados con pieles de ovejas, más por dentro son lobos voraces” (Mateo 7:15). Razón del surgimiento de Octavio, un esforzado, meritorio y superado campesino, salido de la vereda, “La Cabaña”, líder formado en las canteras del satanizado “Poder del Pueblo”, sin los atrayentes y dinásticos apellidos de sus competidores, quien con su familia le puso el pecho a la brisa para llevar al pináculo político al dueño del otrora inderrotable “Poder del Pueblo”, y quien encausó la oposición a la élite que mal gobernó y derrotó, la que a pesar del insuceso sufrido, como desahogo a su pena, impotencia, indignación, rabia y zozobra, continúa con las espadas en alto.

Culmen del proceso es el dardo que el día de los inocentes lanzó su nuevo amo: “Cazadores de cargos: así llaman algunos teóricos a las personas que otean el horizonte para acomodarse de acuerdo a las circunstancias, dejando atrás los amigos, los principios, y contrariando las opiniones que apasionadamente solían o aparentaban defender. Otros los llaman pasivos electorales y parásitos del Estado“. Indefinición ideológica que ahuyentó a los simpatizantes. ¿Quién dejó a quién?

No hay duda que otro hubiera sido el “cívico” e “interesado” desfile de modas de la empingorotada, enjoyada e insolidaria oligarquía criolla, que en su desoladora mediocridad, hubiera lucido sus mejores arreos y galas, si uno de los suyos hubiera sido el consagrado. Dios los hace y también -para su eterno lamento- los divide, colándose por entre ella el excelente candidato de la “Alianza” injertado en el corazón del pueblo.

Oligarquía cuya mezquina y egoísta agenda fue destruir siempre a los opositores, pisotear a sus líderes, desdibujar su idiosincrasia y hábitat, impidiendo soñar y hasta volar, pues eternamente quisieron cerrarle el paso, la esperanza y el futuro, del para entonces insoportable yepismo.

La propicia “Alianza para el Progreso”, confiando en el tiempo y su implacable cernidor, rompió el pasado 25 de octubre las cadenas del establishment, la que se hizo el harakiri público con su partición. “Alianza” que llegó no sólo para quedarse, sino para sustituir la voraz,  insensata y codiciosa fauna politiquera que sin cortapisas ejerció el poder, y gracias al método del “todo vale”, se engulló literalmente con sus faraónicas obras el tesoro público, que con su CVY engrosó sus bolsillos, dejando al garete la explosiva e insoluta deuda social que tocó techo.

“Alianza para el Progreso” que es sinónimo de promoción y pluralidad, sin sectarismos, sin rencores heredados, cuya declaración de  principios e intenciones son expresiones de cambio, de práctica de la meritocracia, de respeto por las ideas y criterios ajenos. Discurso coherente, cargado de propuestas viables y novedosas, con la visión de hacer realidad la consideración por los animales, el compromiso para que sea uno de los valores ciudadanos y caseros más importantes. Mahatma Ghandi decía que “un país se puede juzgar por la forma como trata a los animales”.

Manizales 10 de 2016