Elecciones, populismo y los lugares que no importan
Andrés Rodríguez-Pose es un reconocido investigador de origen español y profesor de geografía económica en la London School of Economics and Political Science. Tiene numerosos trabajos sobre desarrollo regional, en especial de Europa. En 2018 publicó un estudio denominado “La venganza de los lugares que no importan (y qué hacer al respecto)”, que me da pie para hacer un llamado de atención al próximo presidente y al nuevo gobierno. No es solo un tema económico o político; es más bien de supervivencia como país y como sociedad.
En el abstract (para no entrar en detalles aquí de todo el artículo, que puede leerse en internet) dice: “La pobreza persistente, el deterioro económico y la falta de oportunidades están en la raíz de un considerable descontento en las áreas en declive y rezagadas de todo el mundo. Las perspectivas de desarrollo deficientes y la creciente creencia de que estos lugares ‘no tienen futuro’ —ya que se ha planteado que el dinamismo económico depende cada vez más de las economías de aglomeración— han llevado a muchos de estos llamados ‘lugares que no importan’ a rebelarse contra el statu quo. Esta revuelta ha llegado desde una fuente inesperada: las urnas, a través de una ola de populismo político con fuertes fundamentos territoriales, más que sociales”.
Desde hace unos treinta años, en especial por el Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER) del Banco de la República en Cartagena, con trabajos de, entre otros, Adolfo Meisel, Luis Armando Galvis y Jaime Bonet, se han trabajado temas sobre el desarrollo regional en Colombia, siendo de los conceptos más utilizados allí los del centro y la periferia del país para señalar las enormes diferencias entre ambos espacios pues en la segunda es donde se concentran los territorios relegados o rezagados en su desarrollo económico y social.
El concepto fue central en la elaboración del capítulo II del plan de desarrollo “Prosperidad para Todos 2010-2014” de Juan Manuel Santos, con título “Convergencia y desarrollo regional – caracterización, dinámica y desafíos”, cuando estaban en gran apogeo los conceptos derivados de la nueva geografía económica. Se reconocía, como en los trabajos del CEER, que el país estaba dividido esencialmente en esas dos grandes áreas: los departamentos de mayor desarrollo relativo en el interior, principalmente en la zona Andina, mientras que los de menor desarrollo relativo estaban en la región Caribe, el litoral Pacífico, la Orinoquia y la Amazonia y de allí, las propuestas.
Aunque hubo avances importantes desde entonces, es evidente que los logros han sido insuficientes. Las votaciones para presidente en la reciente primera vuelta nos muestran un mapa que sigue dejando ver las grandes distancias en el desarrollo entre regiones: el centro del país volcado hacia Abelardo de la Espriella y la periferia hacia Iván Cepeda. Esto ocurre incluso a pesar de que, durante los últimos cuatro años, uno esperaría que algo hubiera cambiado. No fue así. Jorge Iván González, quien orientó el actual plan de desarrollo “Colombia Potencia Mundial de Vida 2022-2026” donde la convergencia regional también fue tema central, en reciente escrito (Carta Financiera, ANIF, mayo 2026) concluye que luego de cuatro años de gobierno, el proceso de descentralización no ha sido exitoso y las brechas regionales siguen siendo significativas.
Como señala Rodríguez-Pose en su trabajo, las regiones que siguen siendo atrasadas o dejadas de lado, las que al parecer no importan, aceptan el reto de quienes ofrecen esperanza y oportunidades, así no cumplan. Quienes las tiene en cuenta son los candidatos de lo que se nos ha dado por llamar, algo peyorativamente, la izquierda, que aparecen con esas promesas en esos territorios y por eso votan por ellos. Son regiones que uno podría decir que se están vengando de un conjunto de personas y territorios, que se agrupan ahora, llamada también de manera algo despectiva como la derecha y que por deducción hace parte del centro del país, pero que lo ha manejado durante décadas sin haber satisfecho nunca sus expectativas ni demandas por un mayor desarrollo y una mejor calidad de vida.
Para eliminar, o al menos disminuir, este sentido de soledad, de segregación y de un atraso que es real, el próximo presidente, en especial si es el señor De la Espriella, deberá prestar atención a estas necesidades y al desarrollo de estos territorios periféricos, que se han quedado o, más bien, se han dejado atrás, evitando que hacia el futuro sigan vengándose en las urnas.
Pero lo mismo debe decirse del otro lado. El llamado centro del país, al votar de manera tan masiva por Abelardo De la Espriella, también manifestó su descontento, dando un mensaje de desesperanza y de sentimiento de haber sido dejado de lado durante este primer gobierno de izquierda. Quienes votaron así han sido tildados de enemigos del resto del país por el actual gobierno. Diría uno que también se están vengando en las urnas por el mal trato recibido en estos últimos años. No están atrás en términos absolutos, pero la percepción de sus habitantes es que van en retroceso y que al gobierno central no le interesan. Piensan además que un nuevo gobierno de izquierda seguirá la misma línea.
Por eso mismo, si el presidente es el señor Iván Cepeda, tiene que entender que lo que se ha hecho hasta ahora por el gobierno actual que es dividir de manera tan dramática al país, solo puede ir en contra de los propósitos que deben animar un gobierno nacional. De lo contrario, cada vez serán más profundas las divisiones, más difíciles de sanar las heridas y más complicada la definición de políticas para el desarrollo que lleven a satisfacer el deseo común y nacional por una mejor calidad de vida de todos, por una convergencia regional que debe ser hacia arriba (nunca hacia abajo) y por una mayor cohesión social y satisfacción con el rumbo del país.
Como termina diciendo Rodríguez-Pose en su escrito, y para dar una primera idea al trabajo de quien quede elegido y si quiere tener éxito, las políticas de desarrollo territorial deberán ser más sensibles al lugar, diferenciadas, evitando las estrategias basadas en el asistencialismo, en las generalizaciones, en el apoyo al ingreso y en los grandes proyectos de inversión del pasado. Hay que aprovechar el potencial no explotado, hablar de desarrollo endógeno y ofrecer oportunidades a las personas que viven en esos lugares que “no importan”, cualquiera que estos sean y donde estén. De lograrse esto, podremos estar evitando más populismo y que se siga votando en contra, como castigo para buscar más bien que en el futuro se vote a favor, porque las cosas están marchando.