Hambre
Una de las novelas que mayor impacto me ha producido es Hambre, del escritor noruego Knut Hamsun, Premio Nobel 1920. La leí en 1989, y años después volví a leerla, dentro de la preciosa serie de bolsilibros publicada por Aguilar. La tercera lectura ocurrió en estos días con la publicación de Aquelarre Ediciones de México, obra que tradujo al español, con excelente destreza y bello estilo, mi amiga mexicana Zarina Martínez Borresen, residente hace varios años en Noruega. Y escribió el prólogo. Años atrás, había traducido y prologado para la misma editorial otro libro de Hamsun: En el país de las maravillas.
Zarina posee varios títulos académicos en literatura, educación y filosofía. Es gran admiradora de la obra de Hamsun, de quien publica ensayos desde 2005, en los cuales destaca su influencia en la literatura latinoamericana, y sobre todo en Juan Rulfo. Esta certeza la lleva a sostener que la obra del mexicano se mueve en atmósfera similar a la que corre por las páginas de Hambre. Sobre este aspecto elaboró una brillante tesis doctoral.
Ambas novelas giran en el terreno del desamparo, la soledad, el dolor y la angustia. El primer enfoque que Hamsun le dio a su escrito iba dirigido a contar su propia historia, que venía de la extrema pobreza como hijo de una familia humilde: para subsistir tenía que trabajar como aprendiz de zapatería. Era una vida errante, aventurera y miserable, agobiada por la penuria y la desesperanza.
Al avanzar en su relato, el escritor decidió quitarle el carácter autobiográfico y le imprimió el ambiente de novela, conservando la narración en primera persona como una manera de seguir ligado a su triste condición humana. En la obra forja la vida de un periodista que rueda por el mundo como un paria que no conoce el más mínimo bienestar. “Tenía muchísima hambre –confiesa– y me encontré en la calle un pedazo de madera para masticar… Saqué la otra viruta del bolsillo y me la metí en la boca”.
Como nadie le daba la mano, deambulaba por todas partes marginado y pisoteado por el infortunio. El poco dinero que recibía cuando lograba que el periódico le pagara algún artículo se evaporaba en un instante como una ilusión atroz. Al no tener dónde dormir, buscaba los bosques, los parques, las buhardillas abandonadas. La “oscuridad” era una palabra que no cesaba de resonar en sus errancias tétricas. Esta imagen del personaje de novela resulta un reflejo de lo que vivía el autor. Ambos caminaban a la locura.
Pero un día Hamsun (1859-1952) consiguió traspasar la barrera de su desgracia. A los 29 años escribió Hambre, su obra maestra, y se convirtió en uno de los precursores de la novela sicológica, donde primaba el monólogo interior y hablaba la conciencia. Su obra total pasa de 20 libros. Su influencia llegó a escritores de la talla de Kafka, Zweig, Hesse, Hemingway, Miller, Rulfo. Hambre está catalogada como la primera obra escandinava que abrió las puertas del modernismo.
En el mundo hay 673 millones de personas que padecen hambre (8,2 % de la población). En Colombia, la cifra pasa de 3 millones (5,6 %). Si se contempla la inseguridad alimentaria, la cruda realidad es mucho más estremecedora.