Paz
Casi coincidiendo con su cumpleaños 58, la Academia Sueca de Ciencias anunció el Premio Nobel de la Paz, esta vez adjudicado a la dirigente política venezolana María Corina Machado, de paradero desconocido para poderse mantener libre (es un decir) y viva, como quiera que el trío que destruye poco a poco a ese país, compuesto por Padrino, Diosdado y Maduro, poniendo a los dos primeros en el orden que se quiera, porque son los que mandan y piensan (?) y el tercero en el mismo lugar, porque es el encargado de hablar y hablar y hablar, como que no conoce las palabras, ni mucho menos la etimología de todas las pendejadas que dice cada que abre la boca y lo peor es que la mantiene abierta, con ínfulas de sabio de la tribu, sin que haya podido pasar nunca de la ignorancia correspondiente a un conductor de bus urbano en Caracas, sin que con ello se quiera generalizar esta profesión como la de los ignorant6es, pero a quienes si les dará vergüenza por siempre de haber sido colegas de semejante esperpento intelectual.
Una mujer con apariencia frágil -de lo que no tiene un ápice-, se ha colocado universalmente por encima de quienes tramposamente se mantienen en el poder, llenándose los bolsillos de dinero, con apoderamiento de bienes públicos, pero muy especialmente volviendo más rentable el ya de por si poderoso negocio del tráfico de drogas, que en la medida de la imbecilidad universal de mantener la ilicitud y prohibición de uso de sustancias tóxcas, lo encarecen más, que allí se van a quedar, hasta cuando alguien les facilite a los tres poder salir al extranjero con disfrute pleno de las enormes cantidades de dinero que tienen en cuentas clandestinas en los paraísos bancarios que aún se mantienen, en razón a que es negocio para quienes en ello participan.
Llegará un día en que se encuentre una salida al oprobio de Venezuela y los tres delincuentes que se apoderaron de todo como simples herederos del chafarote de Hugo Rafael Chávez Frías, habiendo sido desde sus mensajeros, hasta sus cómplices cuando lucía como golpista, se vayan a cualquier lado, aunque les vaya bien.
El trío de ladrones de cuello blanco que manda en Venezuela ha hecho todo lo posible por eliminar, política y físicamente a María Corina, pero no han podido.
La han inhabilitado varias veces, al saber de su poder electoral, por lo que en 2024 para las elecciones presidenciales no la dejaron participar y debió representar a su colectividad Edmundo González, que a las cuentas de todo el mundo fue el ganador, hasta cuando permitieron entregar resultados electorales, pues al llegar el silencio apareció como obra de arte y magia la Presidencia de Nicolás Maduro, que es el títere de Diosdado y Padrino.
Diosdado quiso se diputado en esas mismas elecciones y no lo logró, lo que muestra la carencia de legitimidad en sus representatividad, por lo que se hizo a la fórmula de la vicepresidencia, mientras el general Padrino se mantiene ad eternum como Ministro de Defensa, con la dirección de todo el aparato militar, incluidos los “temibles” escuadrones de voluntarios, conformados por vejetes que hace rato estaban en uso de su mínima pensión y a quienes disfrazaron con unos ridículos uniformes militares, para mostrarlos ante el mundo entero, como los defensores de la fuerza de convicción de Maduro. No le meten miedo a una cucaracha. Las fotos de esos escuadrones fueron patéticas. Tanto como para no dejar de sonreír ante la “ferocidad” de semejantes combatientes.
Maduro los mostró para meterle miedo a Estados Unidos, que le mantiene en el Caribe una flotilla de buques de guerra que sirven de plataforma de naves aéreas que pueden combatir sin tripulación y operadas desde centros computarizados, con capacidad de hacer mucho daño y no recibir más que posibles lesiones materiales de sus estructuras, perfectamente reparables.
El mundo admira a María Corina, a quien vienen visibilizando desde hace tiempo, cuando se supo que con Edmundo González había ganado las elecciones, pero le birlaron el poder, sencillamente porque la ambición de la tenebrosa trilogía que se apoderó de ese rico país, se quiere eternizar en los cargos, no para beneficio común, sino para seguir llenándose los bolsillos de plata, que no tendrán la suficiente vida para gastarla.
Ya son más de veinte años, cuando el coronel Chávez dio el golpe militar y luego Venezuela se equivocó al entregarle su respaldo electoral, con la promesa de ser igual que Cuba, que en su experimento socialista no ha conseguido nada más allá de la pobreza y el sometimiento de quienes no han tenido ni siquiera las fuerzas para abandonar el país, como lo han hecho tantos venezolanos que ahora en América Latina se sostienen en el desempeño de los más variados oficios, sin que puedan ejercer con las profesiones que ciertamente tienen. No se trata de hacer lo que se sabe hacer, sino de obtener el sustento diario de ellos y de sus familias , la ley del estómago que parece ser la más poderosa de todas.
De alguna manera el Nobel de Paz que acaban de otorgarle a María Corina Machado puede ser un seguro de vida en su favor. No se sabe nada de ella. Sólo que está en la clandestinidad, que no da la cara, pues los esbirros la esperan para detenerla y desaparecerla. No cabe su inteligente voz y su denodada lucha por la democracia en medio de quienes sólo quieren ser más ricos de lo que ahora son, aunque el pueblo venezolano se encuentre en las peores condiciones.
Cuando Chávez prometió hacer de Venezuela otra Cuba, nunca dijo que era para igualarla por lo bajo. Eso es sencillo, basta con no saber hacer nada. Y en eso son especialistas los tres dueños actuales del vecino país.
Estados Unidos amenaza, pero no agrede. De todos modos sería entrometerse en la soberanía de un país, lo que sigue siendo un dogma en las relaciones internacionales, además porque nada justifica que un tercero llegue a solucionar lo que deben solucionar ellos mismos.
María Corina ya no podrá ser desaparecida y/o asesinada tan impunemente como cuando no era Nobel de Paz. Ahora dejó de ser una figura nacional de mucho arraigo y se ha convertido en un personaje universal admirado, respaldado y protegido por quienes piensan en la libertad y en el poder de la democracia.
No puede ser eterna la condena al manejo del poder por parte de la gran ineptitud de Diosdado, Padrino y Maduro, porque algún día habrá de terminar. La Academia Nobel nos dio muchas razones para que María Corina sea protegida universalmente y continue en su lucha por el pueblo venezolano. No es fácil, pero algún día habrá forma de cantar una victoria, aunque sea por el hecho de la mortalidad de los tres analfabetas que ostentan el mando, que no van a ser eternos en el mundo.
A veces los seres humanos dan luchas que parecen estériles, ante la ausencia de resultados tangibles. Y en esa lucha es posible encontrar reconocimientos que poco a poco se van convirtiendo en escudos de protección, como este del premio Nobel de Paz para María Corina, que ahora es un poco menos vulnerable que antes.
No sabemos si en diciembre irá a Estocolmo a recibir el galardón o enviará a alguien en su nombre a recibirlo. Ese día los demócratas cantaran de alegría y satisfacción y sabrán que allí está un punto cardinal del camino de Machado para algún día acceder a ser la primera mujer Presidente de Venezuela.
Quienes conocen y aman a Venezuela, y en Colombia somos casi todos, sentimos la gran alegría de tener un Premio Nobel de Paz, otro como el de Juan Manuel Santos, que aun a costa de sus enemigos, fue ganado en una tarea loable, y saber que con ello se brinde protección y seguridad a una mujer que se convierte en el emblema de la gran capacidad de las damas de luchar en todos los frentes sociales, con resultados ciertos.
Un Nobel de Paz para María Corina Machado es mucho más que la simple enunciación de la igualdad entre los hombres y las mujeres. Es decirle al mundo que la mujer es poderosa y que se le debe permitir y ayudar en su acceso al manejo de todo lo público. Su racionalidad es en muchas veces superior a las emociones agresivas de los hombres.
En diciembre el Premio Nobel de Paz lo va recibir media humanidad, la demócrata, la que sabe de luchar por la libertad y estará representada por la gran venezolana María Corina Machado.
La paz no es solamente la ausencia de la guerra, también lo es la lucha por la libertad.