7 de junio de 2026

Eso que llamamos vida

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
14 de octubre de 2025
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
14 de octubre de 2025
Octubre es un mes de buen agüero para mí. En su jurisdicción de tiempo acabo de cumplir 42 millones, 76.800 minutos, 29.220 días, 960 meses, ¡80 años 80! Ya casi pido perdón por “haber vivido demasiado”. Si muriera ahora, sería el inquilino más aliviado del barrio de los acostados.
De mis primeros 80 años viví más de la mitad en Bogotá, donde desembarqué en octubre de 1964 en busca del sueño bogotano con una muda de ropa. Escogí el mes de las brujas para destetarme de Medellín, que me dio la patadita de la buena suerte. No fui profeta en mi tierra. En Bogotá tampoco, pero no se notó.
Y como el azar siempre ha estado de mi lado, me alojé en un inquilinato del barrio 12 de Octubre donde la casera creyó que “ese paisa maluco” y sus cuatro compinches se iban a volar con la cuenta. Falso positivo.
En el Chapinero bogotano me esperaba mi alma gemela, el gourmet-gourmand paisa Álvaro Vasco, quien me invitó a compartir techo, pan y vino. Ah, y me consiguió chanfa de reportero, la joya de la corona del periodismo.
Con ese oficio me he ganado la vida y para la vida. Me ha ido tan bien con ese destino, como lo llamaba mamá Genoveva, que nunca conseguí plata. La plata me la dieron en gente.
Para redondear la faena también por los lados de Chapinero irrumpió Gloria, la mujer de mis sueños e insomnios quien me convirtió en taita de dos críos, me puso a ennietecer, y hace un mes largo me graduó de viudo para el resto de mi travesía.
Hay mujeres que merecen enviudar primero. Es su caso. Tiene que estar en el Wallhalla de las mujeres imprescindibles. Solo acepto la reencarnación si la incluye a ella. Tenemos previsto encontrarnos en el más allá, segundo piso ascensor. Para seguir hablando. O callando.
Me alegra saber que la muerte es para toda la vida. Este estoico activista del signo libra anda ligero de equipaje. No le tengo bronca a la vida. Nos llevamos bien. Nos damos el besito de las buenas noches. No nos pisamos las mangueras. La vida y yo vivimos y dejamos vivir al “otro”.
He procurado vivir de tal forma que cuando muera lo lamente hasta el dueño de la funeraria, como quería Twain. Esa asignatura sigue pendiente.
El Tiempo