Un alucinante libro polaco
A mi amiga polaca Dorota Kobierowska le pedí, en viaje que hizo a Bogotá, que me hablara sobre algunos escritores de su país. Entre los que mencionó está Ryszard Kapuscinski (1932-2007), a quien considera la figura de mayor prestigio. E hizo alusión a Ébano como su libro más importante, que había visto en la Librería Nacional. Días después, me dio la sorpresa de obsequiármelo. Dorota ejerce el cargo de consejera de la embajada polaca en Cuba, y años atrás estuvo adscrita a las nóminas diplomáticas en otros países, entre ellos Colombia.
Esta obra, editada en 1998, contiene 29 relatos sobre África, escritos a raíz de los intensos viajes que el autor realizó en ese continente. No se trató de simples paseos de turismo, sino de la penetrante incursión en la vida, las costumbres y los hechos sociales y políticos de ese convulsionado continente. Allí recorrió, a lo largo de varios años. todos los caminos posibles. No hubo perspectiva o noticia que se escaparan a su ojo avizor. A su paso surgían cuadros de hambre y pobreza, dolor y angustia, miedo y desesperanza, endemias tropicales y toda suerte de factores adversos. Presenció actos despóticos, golpes de Estado, supo de vejámenes y torturas, y se sintió agobiado en medio de tanto infortunio.
El color de la piel era determinante para ocupar un puesto en la sociedad africana: mientras los blancos tenían las mejores tierras y vivían en los barrios opulentos, los negros eran relegados a pedazos de tierra en zonas estériles, sin nadie que los protegiera. Era una situación irredenta que venía desde tiempos remotos. Para saber lo que el pueblo sufría, el escritor se convirtió en un habitante más, en un tránsfuga de la desgracia humana, que rodaba de pueblo en pueblo como un paria. Padeció el hambre y las plagas y casi muere de malaria cerebral, endemia que durante siglos ha matado a millones de habitantes.
Kapuscinski tomó de esas vivencias el nombre de Ébano para su libro: el ébano es un árbol de diez o doce metros de altura y tiene como distintivo el negro profundo. El término “ébano” se usó como un calificativo de la raza negra, con carácter peyorativo, sobre todo en el sentido de la trata de esclavos.
Ébano está catalogado como obra maestra, tal como me la recomendó mi amiga Dorota. Además, el autor ha escrito numerosos libros y recibido grandes preseas, entre ellas el Premio Príncipe de Asturias. Se le tributa alto honor como escritor, periodista, ensayista y poeta. La dote de narrador que muestra en estos relatos transporta a un mundo a la vez conturbado y alucinante. Es el mosaico perfecto de un mundo misterioso que el célebre polaco hace fulgurar con los pinceles del realismo, el desasosiego y la poesía.
El elefante es animal sagrado en África. Camina en manada a la orilla de los lagos o los ríos, se hunde en el agua y bebe. Si es un elefante viejo y cansado, trabajo le cuesta levantar la trompa, a consecuencia de lo cual se hunde cada vez más, y allí muere al perder el equilibrio. En el fondo de los lagos están los eternos cementerios de los elefantes, cuya visión la capta uno de estos relatos deslumbrantes. Muerte bella y poética.