7 de junio de 2026

Bandas

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
9 de agosto de 2025
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
9 de agosto de 2025

 

Los años han ido pasando en el mismo silencio que el tiempo escrituró para si mismo. Ya es una tradición propia de la ciudad, que le sirve de identificador y que le permite congregar mucha gente alrededor de la música. 

Cuando nació el evento era abierto a quienes quisieran llegar. Luego se hizo necesaria la selección previa para que allí llegaran los mejores, pues no se trataba de llenar dos días de música, sino de presentar ante el público el talento infantil y juvenil que se explora en diferentes centros educativos del Departamento de Caldas. 

Ya son 47 años con la presencia de músicos que llegaron niños y se aferraron al poder reivindicativo vital que dan las notas musicales, como el único lenguaje que efectivamente es universal.

Es emocionante ver una plaza llena hasta los bordes, entusiasta, con muchos aplausos y con unos vendedores oportunistas de buvuzelas que nada tienen que ver con un acto cultural. Esos elementos de sonido incomodo son propios del desorden de los deportes colectivos en los que no importa tanto la mejor formar de jugar, sino de meter ruido y si es posible desorden, hasta llegar al excelso resultados de ver sangre en quien no comulga con las mismas pasiones tontas de ser fanático.

Son insoportables las buvuzelas, mucho más en un certamen en el que el arte, la creatividad, la consagración a un trabajo serio preceden la llegada al escenario. Siempre será repelente prohibir, pero esta clase de elementos si deberían estarlo en un programa en el que la creatividad se pone a prueba y ese ruido no es más que un invento industrial para seres con los peores gustos. 

Por encima de todo primó la calidad. Previa la selección de las Bandas que llegarían hasta el acto final, en Anserma, Caldas, donde ahora se honran de sus valores y se olvidaron de ladrones españoles que llegaron a reclamar lo que no era de ellos, presentándose como héroes, aunque la historia pudo demostrar que no eran más que unos hampones que se apoderaron de todo lo que brillara, incluso la virginidad de las indígenas y seguramente algunos indígenas maltratados hasta en ese orden. 

Ya son 47 años en que Anserma se ha comprometido con el Festival de Bandas Sinfónicas, en tres grupos de   experiencia: principiantes, con muchos niños al frente de instrumentos en los que el futuro les sonríe; intermedios, de jóvenes que van encontrando en las notas musicales una vía de existencia y superiores, en los que se encuentran intérpretes que si así lo desean han hallado el camino de los instrumentos como fuente de subsistencia. 

Con una ciudad desbaratada físicamente, en la que se debe caminar con mucho cuidado para evitar accidentes, lo que seguramente será transitorio, pero en un plausible esfuerzo de su Alcalde, Omar Andrés Reina Muñoz, quien le metió la mano a los huecos y le va a dar una nueva vida a un Municipio que parecía marchitarse con la marginalidad de las vías de transporte terrestre hacia centros de desarrollo, pero que ha tomado nuevos aires en sus propios valores y todo indica que ahora con la capacidad de escoger buenos gobernantes y abandonar  lo que venían haciendo de elegir a quienes simplemente les indicaran, ahora es escogiendo entre sus jóvenes destacados. 

Anserma tiene futuro, porque ahora tiene un Alcalde con mucho futuro, quien cree en el desarrollo físico, pero para quien la cultura y el arte tienen que ser elementos propios del avance de los destinos de su gente. 

No es fácil caminar ahora por las calles de Anserma. Pero se admite la enorme incomodidad por la certeza de que después de muchos, muchos años le metieron mano a unas vías que se estaban poniendo más viejas que la misma fundación de la ciudad. 

Al sentarse en la plaza principal, que todo indica ya no denominan con el nombre de su destructor-fundador, a escuchar a esos cientos de jóvenes que llegan cargados de música, después de un muy amplio trabajo de preparación, contando con la dirección de destacados maestros del pentagrama, se respira una nueva Anserma: la de las artes y la cultura.  

Y no es un festival de bandas cualquiera. Hay exigencias. Cada grupo tiene oportunidad de presentar tres pobras, la primera de las cuales tiene que corresponder al repertorio clásico, es decir académico, de gran dificultad interpretativa, en lo que dejan ver que dedicarse a la música no es un simple pasar de los días, sino un esfuerzo poderoso para acercarse a la genialidad de los creadores y dos obras de autores colombianos, en cuyo contenido se pudieron escuchar unos excelentes arreglos sinfónicos. 

A pleno sol de tierra fría -que calienta fuerte-, y hasta bien entrada la noche, la gente abarrota la plaza principal, oye en pleno silencio y aplaude al final de cada obra. No interrumpen, no vociferan, no entorpecen. Es parte de lo que ese público ha aprendido, para saber que oír una banda sinfónica no es un simple acto recreativo, sino la necesaria concentración para entender y gozar de las genialidades de quienes son capaces de imaginar combinaciones musicales que estos bandistas logran llevar al oído de todos. 

No fue la mejor escogencia del tiempo para el 47 Festival de Bandas Sinfónicas de Anserma, Caldas, en la contemporaneidad del desbarate de vías y ausencia total de estética del poblado, que se tolera y perdona como se hace con las damas que recién se levantan, pero dicen que van a la peluquería al trabajo de embellecimiento, pero son agendas que no son fáciles de modificar. En esa promesa se piensa y se acepta con gusto. 

Hay que decirlo claramente_ el Festival de Bandas de Anserma, ha llegado a constituirse en uno de los grandes eventos musicales de Colombia. La ciudad debe cuidarlo, apoyarlo, hacerlo crecer, pues se ha constituido en símbolo de ella. Cuando una ciudad tan antigua como esa, logra renovar sus propósitos y consigue tener un nuevo emblema, ahora en el arte, tiene mucho futuro. El pasado se fue. El presente es ahora, pero se debe vivir, proponer, concretar con razones que sirvan para consolidar un futuro que cada vez debe ser mejor. 

Se sale de Anserma con muchas emociones positivas encontradas en las hermosas notas musicales  de tanta gente joven que en el arte identifican muchos caminos. 

A los presentadores del Festival deben entregarles libretos de lecturas, con la prohibición de improvisar, y especialmente de que  hablen de lo que no conocen. Llenar espacio y tiempo mientras las agrupaciones se acomodan en su sitio, no es necesario con palabras que todos entienden que quienes las dicen no las entienden. Ese espacio bien se puede llenar con el listado de todos y cada uno de los integrantes de las Bandas, con la identificación del instrumento que interpretan. De las bandas sólo dijeron los nombres de los directores. Un músico necesita el reconocimiento, es propio de cualquier artista. Que los presentadores antes de ponerse a hablar de lo que no saben, lean esos listados y con ello destaquen a todos y cada uno de los intérpretes. 

Anserma tiene un nuevo símbolo: el Festival de Bandas Sinfónicas. Gozarse esos dos días, esta vez 2 y 3 de agosto, es darle mucho oxígeno a la existencia de quienes van a recrearse de la creatividad plasmada en los pentagramas.

Los participantes fueron:

En nivel básico: 

Institución Educativa El Aguila de Belalcázar, con la dirección de Juan Sebastián Gutiérrez Molina; Instituto Educativo Ocuzca, Anserma, con la dirección de Raúll Manrique Soriano, Institución Educativa San Pedro, directora Erika Johana Arenas Molina. En nivel medio participaron: Institución educativa Aureliano Flores Cardona, de Anserma, con la dirección de Felipe Alejandro Hernández, Institución educativa Cristo Rey, de Belalcázar, con la dirección de Arturo Murillo Noreña, Institución educativa Santa Teresita, de San José, con la dirección de Carlos Mario Henao Castellanos; en nivel alto los intérpretes fueron: Institución educativa de Occidente, Anserma, con la dirección de Jairo Alfonso Machado Pareja, Institución educativa María Inmaculada, de Risaralda, con la dirección de Juan Sebastián Ardila Restrepo y la Institución educativa Nazario Restrepo, de Viterbo, con la dirección de Sebastián Carmona. 

Música para alentar la vida y gozar de una ciudad que ahora piensa en lo cultural como el camino que marca su destino.