6 de junio de 2026

Schadenfreude.

2 de febrero de 2025
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
2 de febrero de 2025

Término alemán que se traduce literalmente como alegría por el daño. Se refiere a la sensación de placer o satisfacción que algunas personas sienten al observar el sufrimiento o las desgracias de otros.

Desde una perspectiva psicológica, esta emoción puede reflejar la complejidad de las experiencias humanas.

Si bien es natural alegrarse por los logros de los demás, sentir alegría por el sufrimiento ajeno a menudo plantea dilemas éticos y morales. En ocasiones, estas emociones pueden ser una forma de aliviar la propia inseguridad o insatisfacción al ver que otros enfrentan dificultades.

El concepto de schadenfreude también tiene una notable presencia en el ámbito político, donde puede manifestarse de diversas maneras y generar múltiples consecuencias tanto para los individuos como para el sistema político en su totalidad.

En contextos políticos, ciudadanos, políticos y comentaristas pueden experimentar schadenfreude ante el fracaso de sus opositores. Un político podría sentirse satisfecho al ver un escándalo, un error o una derrota electoral de un rival. Esta satisfacción puede surgir no solo del deseo de ver sufrir a los oponentes por las consecuencias de sus acciones, sino también porque su debilidad refuerza la propia posición y objetivos del individuo.

Además, esta sensación puede influir en la opinión pública, alimentando narrativas negativas sobre ciertos políticos o partidos.

Los medios de comunicación a menudo contribuyen a amplificar estos sentimientos al resaltar los fracasos de figuras políticas, lo que puede generar un ciclo de desprestigio y polarización. La cobertura mediática, entonces, puede crear un ambiente donde el público no solo se concentra en políticas y propuestas, sino que también se regocija en los errores y caídas de sus adversarios.

La presencia del schadenfreude en la política puede fomentar la polarización social. En un clima donde ganar se asocia con la derrota del rival, los partidos y sus seguidores pueden adoptar una postura sumamente antagonista. Esto puede llevar a que las discusiones políticas se transformen en combates personales, donde el fundamental no es el debate sobre ideas, sino el desprecio hacia el oponente. Desafortunadamente, el auge de las redes sociales ha intensificado este fenómeno, ya que estas plataformas permiten a los usuarios expresar sus sentimientos de schadenfreude de manera mucho más rápida y fácil.

Además, la cultura del schadenfreude puede perjudicar la gobernabilidad y la cooperación en el ámbito político. Cuando los actores políticos se alegran por los fracasos de sus opositores, se pierde la oportunidad de fomentar un diálogo constructivo y de resolver problemas comunes. Esto genera un entorno de desconfianza y hostilidad donde la búsqueda de soluciones pasa a ser secundaria frente a la necesidad de deslegitimar a la oposición.

En resumen, el schadenfreude en la política es un fenómeno complejo que puede ofrecer momentos de satisfacción personal, pero que también tiene el potencial de socavar la cohesión social y la colaboración necesarias para el buen funcionamiento de un sistema democrático. Al comprender y explorar esta emoción, tanto ciudadanos como actores políticos pueden trabajar hacia un ambiente más empático y constructivo, centrado en la discusión de ideas en lugar de la celebración de los fracasos ajenos. Promover una cultura política que valore la cooperación y el entendimiento mutuo es esencial para avanzar hacia una sociedad más unida y próspera. Lo más grave y preocupante es que esta costumbre mefistofélica, se haya adueñado del mundo en general y, en particular, del ámbito político.»