Los grandes desafíos de la administración Trump
1) La emproblemada educación superior
Haciendo la aclaración que esta es mi columna de opinión, afirmo sin temor a equivocarme que la Administración de Donald Trump encara enormes obstáculos para cumplir con sus promesas de campaña:
Voy a comenzar por analizar los enormes desafíos de la educación superior, a pesar de que Trump habló de temas muy atractivos: prometió rebajar el costo de la canasta familiar, la expulsión de los inmigrantes, ampliar los empleos, recuperar el liderazgo de Estados Unidos en el mundo y poner fin a las guerras.
Las de Ucrania y Rusia, por un lado, y la de Israel vs. Hamas, por el otro. Este último punto se ha ido despejando poco a poco, durante la agonía del cuatrienio de Joe Biden, aunque hasta los más duros críticos de Trump aceptan que las conversaciones de paz comenzaron a avanzar cuando se dio el triunfo de Trump, a quien no le comenzaron guerras durante su gobierno.
No hay duda de que los grandes centros educativos universitarios de la nación contribuyeron en mucho al liderazgo y la expansión del “Modo Americano”, el cual se impuso en todo el planeta. Por eso es el gran número de inmigrantes arribando desde hace 400 años a Nueva York, el emblema de la Tierra Prometida.
Algunos analistas de los programas económicos de la nación han venido hablando del tema de las fallas de la educación superior, como el primero que habría que arreglar para recuperar el liderazgo mundial.
Distinguidos economistas han citado que la educación de alto nivel se ha convertido en uno de los grandes puntos de división entre los estadounidenses.
“La política americana está eclipsada por la controversia racial y sexual”, afirmó un profesor de ciencia política en un programa político de la cadena CNBC, explicando cómo los conductores de los programas políticos se enfocaban en estos dos temas, dejando a un lado el análisis frío y mesurado que exigían los programas impulsados por Kamala Harris y Donald Trump.
Otro de los expertos puso como ejemplo cómo desde los años 60, quienes tienen cuatro años de universidad votan diferente que aquellos que no lo tienen. Según el especialista, en las elecciones de 1960, los demócratas dominaron el panorama político entre los electores que carecían de un título universitario, mientras que el partido republicano era el preferido de los profesionales de clase media y baja.
Pero el panorama cambió y los trabajadores se fueron con los republicanos, y los demócratas lideraron a aquellos con título universitario, al punto que el vicepresidente electo JD Vance aseveró en 2021 que “las universidades son el enemigo” y dio una larga explicación mostrando cómo las universidades se convirtieron en “centros de pensamiento de izquierda”, dentro de los cuales es difícil ser republicano.
Un panelista del programa político “Frente a la Nación” de la CBS propuso, cuando se analizaban los graves hechos de las universidades de Columbia, Nueva York, Harvard, etc., que “las universidades deben poner su casa en orden y eliminar la diversidad en contratar profesores y administradores de las facultades (…) Las universidades deben exigir el principio institucional de imparcialidad”, con el fin de proteger a todos por igual, incluyendo a aquellos que piensen o se sientan diferentes.
Los expertos tuvieron una larga discusión sobre cómo en la selección de profesores no sólo se tienen en cuenta las cualidades profesionales y humanas de los aspirantes, sino que “su posición de ideas izquierdistas se impone”.
Curiosamente, en 2024, Trump ganó los votos de la clase trabajadora, incluyendo a los hispanos y a los negros.
Como graduada de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, 1997, no me puedo imaginar una clase neutral: sin discusiones acaloradas, sin acusaciones de abuso, etc., y con todos los polemistas hablando en forma neutral y políticamente correcta.