4 de julio de 2026

Los torturadores del internet

19 de noviembre de 2024
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal
19 de noviembre de 2024

 

Cada época trae su angustia y sus responsables. Pero cuando esa angustia se repite como metodología, termina convertida en tortura. Es lo que nos está pasando a muchos colombianos que nos acogimos a la modernización, dejamos de hacer cola para pagar en los bancos los servicios públicos o las obligaciones que los gobiernos fueron creando y le entregamos todos esos procedimientos al internet. Aprendimos que el recibo de cobro de los servicios públicos llega a nuestros computadores o celulares y, por allí mismo, procedemos a pagar.

Pero como resulta que para que tal diligencia moderna sea eficaz se requiere que las empresas cobradoras tengan una página web de acceso, la que, por razones obvias, debe atraer a los clientes, no asustarlos, sino dejarlos satisfechos y convencidos. Lo curioso es que esas páginas están en manos de desconocidos programadores, habilitados no para lograr el cometido de la rapidez, seguridad y eficiencia, sino educados o contagiados en la manía de torturarnos, generando cambios en la rutina de entrada a pagar, a veces mensualmente, como en Asopagos, donde se paga la Pila, o estruendosamente, como nos pasó a los clientes de Celsia, la empresa de energía en Valle y Tolima, la semana pasada, cuando, de tanto congestionar a lo rococó la página con señaladores, personajes, colorinches y nuevas opciones de escogencia de las rutas para precipitar el pago, les apareció un bandido, les descubrió la fragilidad y los hackeó, robándoles la cuenta de internet. Esto obligó a informarnos a los clientes que volvemos al método antiguo de hacer cola en ventanillas de bancos y giros hasta que no restituyan un canal internético seguro y confiable.

En otros servicios, como en Claro, se ha vuelto una tortura pagar por internet la factura, que llega fácil y permanentemente al celular. La disculpa es que el internet vive congestionado. Y en los peajes, se forman las colas que antes no hubo porque la factura electrónica a la que obliga la Dian no llega al instante por internet, sino un poquito después.