6 de junio de 2026

Frío en el cuerpo, frío en el alma

17 de noviembre de 2024
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
17 de noviembre de 2024

Para Aristóteles, las emociones son facultades inherentes a los seres humanos que pueden suscitar susceptibilidad y en ocasiones, llevar a la modificación de juicios y a la generación de nuevas impresiones.

Estas emociones se acompañan de experiencias de placer y dolor, dependiendo de nuestro estado de ánimo en el momento de sentirlas. Entre las emociones más recurrentes en sus escritos destacan la ira y la calma, el amor y el odio, el temor y la confianza, la vergüenza y la desvergüenza, la compasión y la indignación, así como la envidia y la emulación. De esto, podemos inferir que conceptos clave como dolor, emoción, pasión y placer son fundamentales.

Gracias a nuestra formación, experiencias, sentido común, emociones y a veces incluso a una corazonada, somos capaces de percibir si algo está mal o bien, lo cual nos motiva a entender lo que sucede o podría suceder. Las emociones cumplen un papel crucial en nuestra adaptación al entorno, manifestándose a través de sentimientos como el miedo o la ansiedad. Frente a estas emociones, nuestro organismo reacciona preparándose para la acción, ya sea enfrentando un peligro o huyendo de él.

El mal humor o la ira a menudo están relacionados con la necesidad de superar obstáculos, mientras que la alegría facilita la unión. En cambio, la tristeza puede prepararnos para buscar ayuda o aislarnos. Las emociones se ajustan y constituyen un sistema biológicamente más primitivo que la percepción o el pensamiento, diseñado para proporcionar respuestas rápidas que aseguren nuestra supervivencia. Por ejemplo, el miedo actúa como una advertencia ante peligros, el asco nos aleja de situaciones tóxicas, y la compasión nos conecta con el dolor ajeno. Como bien ilustra una publicación en Mundo Psicólogos, «el mal humor nos predispone al ataque, mientras que la tristeza nos lleva hacia el aislamiento».

La culpa o el remordimiento funcionan como un castigo, la alegría incrementa nuestra sensación de eficacia y nos acerca a los demás, y el interés y la curiosidad nos impulsan a explorar. Desde un enfoque biológico, las emociones están diseñadas para modificar nuestra relación con el entorno. Una vez que alcanzamos un estado de bienestar o seguridad, la emoción disminuye y se calma; es importante señalar que las emociones no son eternas y buscan generar resultados positivos.

Las emociones cumplen diversas funciones; actúan como motivadores e informadores, ya que nos indican cuándo evitar o alcanzar algo, y nos guían hacia nuestros objetivos. Además, nuestras emociones, junto con nuestras expresiones faciales y corporales, comunican a los demás nuestras intenciones y posibles acciones. Nos comunicamos constantemente a través de estas señales.

Los psicólogos consideran esencial la relación entre emociones y pensamientos, ya que estas dos dimensiones están íntimamente conectadas; En nuestra vida cotidiana, es crucial distinguir entre diferentes emociones, reconocerlas como propias, y permitir su expresión, comprendiendo que son señales que tratan de informarnos.

Las estrategias terapéuticas o racionales que ignoran las emociones no suelen ser eficaces para resolver problemas psicológicos o conductuales. No se puede poner la razón por encima de las emociones.

Recordemos una reflexión del neurólogo Mark Greenberg, quien en breves líneas sintetiza el tema de manera efectiva. “Si me levanto por el mañana preparado para afrontar el día, abordaré mis planes con entusiasmo y pensaré de forma positiva en su ejecución. Si, en cambio, me siento deprimido y preocupado, estas emociones pueden estar indicándome que alguna faceta de mi vida no marcha bien, o que ha ocurrido algo que requiere mi atención. Una vez que reconozco y atiendo dicha emoción, puedo reflexionar sobre mi experiencia y mi vida. Si la señal es que todo está bien, puedo proceder a la acción; pero si percibo que hay un problema, entiendo que debo crear o buscar soluciones para las circunstancias que me generan malestar. Por lo tanto, nuestras emociones son esenciales para guiar nuestras acciones y detectar problemas a resolver.”