14 de junio de 2024

Una vaca por Armenia

10 de abril de 2024
Por Armando Rodríguez Jaramillo
Por Armando Rodríguez Jaramillo
10 de abril de 2024

Hace poco el gobernador de Antioquia sorprendió al país con la presentación de la campaña «Vaca por las vías: desde Antioquia por Colombia» en respuesta a la negativa del Gobierno nacional de seguir aportando recursos para terminar las vías 4G en ese departamento. Pero más allá de los respaldos recibidos y del enfrentamiento político suscitado, la iniciativa nos recordó lo que significa «vaca» en el lenguaje coloquial.

El diccionario de la Real Academia Española – RAE trae seis acepciones para la palabra «vaca». La última de ellas se aparta de ese mamífero cuadrúpedo que nos provee de carne, leche y cuero para señalar que por «vaca» en Colombia y Latinoamérica se entiende el «dinero que se reúne entre varias personas para compartir un gasto determinado». Sin embargo, lo novedoso de la susodicha propuesta estriba en que se hizo pensando en financiar obras públicas que por lógica están a cargo del Estado.

Entonces, ¿por qué no pensar en una vaca por Armenia para sacar nuestra ciudad del marasmo en que se halla y comprometernos con las obras y acciones que la desidia oficial no ha hecho? No obstante, una «vaca» por nuestra ciudad debe ir más allá de un aporte en dinero, el propósito es pellizcarnos y despertar de este letargo y que la virtud cívica brote y florezca de nuevo, es concientizarnos que la ciudad es de todos y que la podemos reconstruir y construir haciendo una «vaca» entre gobierno, sector privado, organizaciones y ciudadanía, y que si los primeros no están a la altura de los necesidades, sacar perrenque y demostrar que hay una ciudadanía capaz de dar la talla y exigir a los gobiernos mayor esfuerzo y compromiso.

De ahí la idea de hacer una vaca por Armenia donde unos aporten recursos económicos y otros conocimientos, experiencia y trabajo, pero, ante todo, compromiso y solidaridad con la ciudad como lo hacen la SMP y algunas entidades y grupos de ciudadanos que por voluntad propia apadrinan parques y espacios públicos e impulsan actividades sociales y obras para la cultura. Es darle una nueva dimensión al civismo que nos saque de la flojera en la que caímos, que nos libere de la manipulación política que permitimos, que nos conduzca al surgimiento de liderazgos fundados en el interés público. Es volver a creer en lo que somos, en nuestras capacidades, en la fortaleza de trabajar en sociedad y como sociedad. Es limpiar la ciudad de esa contaminación que es la corrupción de lo público, el desorden y la pérdida del sentido de pertenencia, es volver a tener dirigentes en quienes confiar.

Admiro a las sociedades inconformes y que lo expresan. Cuando nos concentramos en evocar pasados memorables la pregunta obligada es cómo pudimos tolerar que lo bueno se perdiera. Así que paremos de una vez por todas el deterioro de nuestra ciudad y la indiferencia colectiva. Hay que romper la inercia y actuar, ignorar lo que sucede no significa que no pase, pues una pequeña mancha en la piel [hoy] puede ser el inicio de un cáncer mañana.

Hacer una vaca por Armenia es pensar en progreso y bienestar. No más parques abandonados, no más obras inconclusas, no más calles deterioradas, no más andenes invadidos, no más patrimonio cultural en el olvido, no más suciedad en el espacio público, no más narcotráfico y consumo de drogas, no más mendicidad, no más niños y ancianos en las aceras, no más caos y desorden, no más inseguridad y violencia, no más pobreza y desigualdad, no más enfrentamientos y polarizaciones, no más incultura y vulgaridad, no más mentirosos de oficios ni gobiernos corruptos ni política clientelista.

Mirar al pasado para ver lo que fuimos y luego observar el presente para advertir lo que somos es confirmar que nuestra amada ciudad se deterioró y se sigue menoscabando, es aceptar el declive del civismo ante nuestra mirada impávida y egoísta [individualista], es constatar que nos debilitamos como grupo humano. No sea que, parodiando la frase «Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre» atribuida a la sultana Aixa, madre del último emir de Granada, Boaddil el Chico, que se supone le dijo a su hijo cuando éste salió de la Alhambra tras entregar las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492, en poco se nos diga: «Llora como pusilánime lo que no supiste defender como ciudadano»

Una vaca por Armenia sería romper con la pasividad e indiferencia para que, como cuando cae «todos ponen» en el juego de la perinola, jugarnos en el presente la ciudad del futuro. Que cada armenio desde sus posibilidades aporte su granito o su volquetada de arena por la ciudad, y entre todos sacarla adelante. Somos producto de un sincretismo cultural pujante y generoso, un grupo humano con buenos ancestros y tradición de civismo que llevamos esta tierra grabada en la piel. El político e intelectual español Enrique Tierno Galván [1918 – 1986] dijo: «Todos tenemos nuestra casa, que es el hogar privado; y la ciudad, que es el hogar público».

Y tú, ¿estarías dispuesto a aportarle a una vaca por Armenia?