El aquelarre
¡Feliz navidad! Queremos desear a los lectores de estas columnas, muchos o pocos, mucha felicidad en estas fiestas que reúnen a las familias y acercan a los corazones. Que puedan disfrutar a sus anchas y compartir con los suyos como es debido. Y también les deseamos un año 2024 lleno de cosas buenas, de paz y tranquilidad, bajo el liderazgo de un gobierno que se baje un poco de su soberbia y su prepotencia y actúe de acuerdo, no solo con sus posiciones ideológicas, sino, sobre todo, con las nececidades y aspiraciones del sufrido pueblo colombiano. ¡Salud!
La apuesta de Miléi. Sin bola de cristal, es imposible predecir el resultado de las medidas que está tomando el presidente Miléi en la Argentina. Como lo dije en alguna columna anterior, esta inquieta Bruja es bruja, pero no clarividente. Hay que esperar los resultados. En todo caso, lo que está haciendo el nuevo presidente de la República Argentina es una verdadera revolución, que va en contravía de la manera de gobernar de los últimos presidentes. Se aparta por completo de las políticas del peronismo y, específicamente, de las del kirchnerismo. Una dirección contraria a la que trata de imponer el presidente Petro en Colombia, de las cuales tampoco se pueden predecir los resultados. Efectivamente, mientras el gobierrno izquierdista de Colombia está tratando de estatizar, de aumentar el papel del estado en la economía y en las relaciones entre los ciudadanos, en Argentina lo que se está buscando es lo contrario: eliminar una gran cantidad de leyes y normas que han agigantado el estado, que han llevado a que se controle todo, ¡hasta la manera como se deben exhibir los artículos y productos en las góndolas de los supermercados! El resultado no podía haber sido peor; de potencia mundial a principios del siglo XX, ese país ha pasado a una situación de pobreza y estancamiento verdaderamente lamentables.
No estamos diciendo que el accionar de Miléi va a resolver los problemas. Son tantos, la crisis económica es tan grande, que cantar victoria de antemano sería una completa estolidez. Si todo sale bien, es posible, aunque no seguro, que Argentina salga adelante. Ya veremos
En todo caso, lo que hizo Miléi, para empezar, fue echar mano de un artículo de la constitución argentina que establece un mecanismo para que el ejecutivo pueda, excepcionalmente, dictar decretos fácilmente tramitables para que adquieran fuerza legal. Después de dar al congreso la potestad de dictar las leyes, presenta una excepción en los siguientes términos: «Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes, y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos, podrá (el presidente de la república) dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los que serán decididos en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente con el jefe de gabinete de ministros».
A continuación, la norma establece un rápido procedimiento de control por parte del legislativo para estos decretos de necesidad y urgencia, conocidos como DNU, que se espera que no tendrán problema en su trámite. Mientras se surte este trámite, los DNU tienen vigencia desde el momento en que son dictados por el ejecutivo. Entonces, Miléi dictó un DNU por medio del cual reforma o deroga más de trescientas normas vigentes, para flexibilizar y desregular disposiciones que simplemente complican el funcionamiento de la economía y las relaciones entre los ciudadanos, en materia de alquileres, organización de los locales comerciales, controles de precios, contratación en monedas diferentes al peso argentino, promoción industrial, promoción comercial, privatización de empresas públicas (como Aerolíneas Argentinas, por ejemplo), muchas de las cuales producen pérdidas cada año que tienen que ser cubiertas por el estado, vale decir, por los impuestos de todos los argentinos, modificación del régimen laboral para promover el empleo y combatir la informalidad, (una medida que va en dirección contraria a la reforma laboral de Petro en Colombia), sistema aduanero, transformación en sectores azucarero, vitivinícola, minero y turístico, implantación de la política de cielos abiertos a la aviación comercial, contratos civiles, sistema de salud y obras sociales, establecimientos farmacéuticos, organización, si lo desean, de los clubes de fútbol profesional como sociedades anónimas, desregulación de los servicios de internet, sistema de registro de los vehículos automotores. Como se ve, es un poroceso amplísimo de libralización en muchísimos aspectos del funcionamieto del país. Hay que desear mucha suerte a Miléi y a los argentinos, en esta empresa que puede conducir al rescate de esa gran nación, o hundirla más en la crisis que viene sufriendo.
La puja por el salario mínimo. Las posiciones de izquierda y las de derecha tienen teorías opuestas en relación con la conveniencia de un gran aumento del salario mínimo para los trabajadores.
Según las teorías de izquierda, en la medida en que se aumente el valor del salario mínimo, la mayor cantidad de dinero en los bolsillos de los trabajadores hará crecer la demanda de productos y servicios, lo cual promoverá el aumento de las ventas y, por ende, el desarrollo de las empresas. Por su parte, las teorías de derecha sostienen que si se aumenta mucho el valor del salario mínimo, se hace más costosa la contratación de personal, lo cual va en detrimento de las utilidades de las empresas, sobre todo en circunstancias como las actuales de Colombia, con una economía a la baja. Como consecuencia, se afecta el empleo, lo cual disminuye el dinero en poder de los consumidores, dando al traste con el desarrollo económico del país
Más aún, cuando estamos ad portas, si la oposición no se pone las pilas, de una reforma laboral orientada a favorecer directamente a los trabajadores, a obstaculizar las decisiones de las empresas cuando necesiten salir de un operario díscolo o indisciplinado, y a fortalecer el sindicalismo privilegiando la dictadura sindical sobre los derechos de los trabajadores individuales, por ejemplo en relación con las votaciones sobre la declaratoria de huelgas que, además, podrán ser indefinidas y acabar con la existencia de la empresa víctima, a diferencia de la normatividad anterior en la cual existía un límite para la duraciòn del conflicto.
Por esa razón, la estrategia de las centrales obreras en las negociaciones sobre aumeto del salario mínimo es absolutamente obvia. Lanzan por anticipado una propuesta disruptiva del 18%, completamente fuera de foco cuando la inflación no va a alcanzar ni el 10%, y no bajarse de esa cifra.
Como ese valor es inaceptable para los empresarios, tal como lo explican tantos economistas, será imposible llegar a un acuerdo en las conversaciones, con lo que obligan a que la decisión sea tomada por el gobierno. Y con Petro como presidente y con el extremismo de izquierda de la ministra del Trabajo, es obvio que el valor va a ser mucho mayor que el que resultaría de una negociación en condiciones normales.
El ELN y el secuestro. En esta quinta serie de conversaciones para un acuerdo de paz, celebradas en Méjico entre los negociadores del gobierno colombiano y los del Ejército de Liberación Nacional, éste se ha comprometido a suspender los secuestros motivados por razones económicas, y mantener esa suspensión mientras exista un cese al fuego con esa guerrilla. Es sin duda una buena noticia para la sociedad civil, tradicionalmente considerada el trompo quiñador de esa práctica inhumana.
Lo que no se ha explicado claramente, es si para el ELN existen secuestros de otra clase, no económicos sino políticos, aunque la forma como se ha tratado ese tema parece indicar que sí existen, y que no se suspenderán. Sería muy justo que esa situación se explicara completamente a los colombianos. De eso dependería el nivel de confianza que se le puede dar a los guerrilleros, porque si se va a llegar realmente a una paz total, ni ese grupo ni ningún otro van a poder continuar atentando contra los civiles. Por supuesto, el acuerdo alcanzado es un gran logro, pero eso no impide que tengamos el anhelo y la ilusión de que se deje tranquila a la población que no es parte activa del conflicto.
La propuesta de Aerocivil. Me cuento entre quienes creen que Manizales nunca debió menospreciar a La Nubia. Ese aeropuerto, de dimensiones apropiadas para las necesidades de la ciudad por allá en los años sesenta del siglo pasado, llegó a prestar durante mucho tiempo todos los servicios aéreos que se requeían en ese entonces: varios vuelos diarios a Bogotá, Medellín y Cali, y la posibilidad de abrir nuevas rutas en la medida en que el desarrollo del transporte aéreo para la capital de Caldas lo hiciese necesario.
Durante muchos años, hasta cuando a Aces se le abrieron las agallas y decidió competir con Avianca, para terminar haciendo primero parte de la Alianza Summa, y desapareciendo luego, los manizaleños disfrutamos de un servicio de transporte aéreo francamente envidiable. Podíamos viajar a las tres ciudades más importantes del país, podíamos llegar al aeropuerto con una anticipación mínima, y se nos trataba con toda simpatía y respeto. De vez en cuando, es cierto, había demoras por razones meteorológicas, pero en muy contadas ocasiones. Esos aviones de Aces estaban muy bien dotados y operaban en ese aeropuerto con toda propiedad.
Hoy la situación es muy distinta. Por una parte, con aviones para 40 pasajeros, y después para 60, los cierres del aeropuerto se volvieron más frecuentes. Se había ampliado la pista, pero no se instalaron las necesarias radioayudas ni los equipos tecnológicos requeridos para hacer más segura la operación. A los cierres por reales condiciones meteorológicas, que con los nuevos aviones resultaban más frecuentes, se sumaron los intereses de Avianca que suspendía los vuelos cuando tenía déficit de demanda para los jet de Matecaña. Nunca hubo un estudio serio que demostrara que La Nubia era tan deficiente como se aseguraba en la campaña negativa que iniciaron grupos de gentes de Manizales que se ilusionaban con la posibilidad de montar en Palestina un aerpuerto internacional. La historia de Aeropalestina es bien conocida y no vale la pena repetirla. Se han gastado millonadas que podrían haber servido, previo estudio técnco que nunca se realizó, para poner a La Nubia en condiciones óptimas. Parece imposible recuperar la imagen de La Nubia, y también parece imposible sacar adelante el aeropuerto nuevo después de todas las dificultades que ha enfrentado. Tampoco parece posible que una pista de 1.400 metros, igual que la de La Nubia pero mucho más lejos que ésta, pueda convencer a los manizaleños de viajar por allí, cuando existe, a una distancia no mucho mayor que la de este proyecto, una alternativa de las características de Matecaña. A esta altura del partido, parecería que solo un aeropuerto que pueda recibir aviones tipo aerobús o similares, podría resultar atractivo para los viajeros.
No creo posible conseguir los recursos para lo que se tiene programado. En cambio, si el ejército sale a salvar el proyecto, y logramos tener una pista de longitud suficiente para los aviones que tiene ahora Avianca, podría suceder que esta empresa retomara la ruta. Así, con Avianca y la empresa Easy-Fly compitiendo por el mercado, aunque inicialmente fuese sólo para dos o tres vuelos diarios a Bogotá, y alguno para Medellín y otro para Cali, ese podría ser un renacer para la historia de la aviación en Manizales.
