7 de junio de 2026

Dura lex sed lex

18 de noviembre de 2023
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
18 de noviembre de 2023

Expresión de origen latino que traduce literalmente, dura ley, pero es ley y que podríamos traducirse al español como, la ley es dura, pero es la ley.

Máxima jurídica que expresa la necesidad y la obligación de respetar y aplicar la ley en todos los casos, aunque fuera rigurosa o excesiva, o no estuviéramos de acuerdo con ella, pues el respeto a la ley es positivo para la vida en sociedad y beneficiosa para todos en general, que es preciso cumplir y respetar sin consideración a intereses personales.

Este es un tema que debe conocer plenamente el periodista, entenderlo y respetarlo; pero infortunadamente en nuestro medio no es así. Leemos, vemos y escuchamos periodistas que amañan las normas a sus criterios personales sin ningún conocimiento de los más elementales principios de la hermenéutica jurídica, entendida como método de interpretación.

Lleva esta situación a que a través de los medios de comunicación se informe o se comenten erróneamente temas jurídicos de interés general y muchas veces en forma equivocada e injustamente se critican las actuaciones de los Jueces de la República y Operadores de Justicia, en general

Lo anterior sucede porque ni los periodistas en forma particular, ni los medios de comunicación se interesan en capacitación en estos temas. Tampoco lo hacen los gremios.

Y lo más grave es que esos errores se cometen permanentemente en importantes empresas de comunicación en radio, televisión y prensa y… no pasa nada.

Revisando nuestro archivo encontramos en una de las ediciones diarias de un medio de comunicación escrito de circulación nacional un artículo a 4 columnas y 9 centímetros – la página es de 5 columnas – con el título: Pretelt es inocente concluye José O. Gaviria. Lo extraño es que en el leed, en su parte final escribe el periodista:  en un proceso de tutela que estudiaba la Corte Constitucional estuvo mal tramitado y por eso debe anularse. Ahí estaba el titulo verdadero. Simplemente había un vicio de trámite, pero el periodista dicta sentencia anticipada y absuelve al encartado, de acuerdo con un concepto, tal vez interesado, de un congresista que ni siquiera estaba legitimado en la causa, o hablando en términos vulgares para mayor comprensión, digamos que ni siquiera tenía velas en el entierro.

Pero ahí no paran las cosas. Al día siguiente aparece la corrección, la cual se debe hacer con el mismo despliegue, para clarificar a los lectores el enredo jurídico. Sin embargo, se incluye en un resumen de noticias, a 1 sola columna y 6 centímetros, como para que nadie la viera.

Lamentable que esto suceda en la Gran Prensa, que tiene poder económico para contratar buenos correctores, asesores, consultores. ¿Será que desgraciadamente el negocio está superando al periodismo? ¡qué horror!