30 de junio de 2026

Un general todo terreno

20 de agosto de 2023
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
20 de agosto de 2023

En esta ocasión se trata de rememorar el caso del Coronel retirado del Ejército, Régulo Gaitán Patiño, quien fue designado como Director General de la Policía Nacional por el presidente conservador Mariano Ospina Pérez y su Ministro de Gobierno, el liberal Darío Echandía, para reemplazar al Coronel del Ejército Virgilio Barco Céspedes, cuya cuestionable gestión y su ineptitud como Director de la Institución policial quedó en evidencia durante las trágicas jornadas de “El bogotazo” del 9 de abril de 1948, con ocasión del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, evento durante el cual, Barco Céspedes permaneció encerrado en su despacho, en inexplicable silencio, aislamiento e inacción, mientras que a pocas cuadras de su oficina, violentas e incontrolables turbas de saqueadores e incendiarios, mataban, asaltaban, saqueaban y le metían candela a edificios y locales oficiales y privados, entre ellos varias divisiones de policía, provocando la destrucción de irreemplazables archivos oficiales y en momentos en los que la misma sede de la Dirección General de la Policía Nacional en la calle 9ª con carrera 9ª era asediada por amotinados que intentaban tomarla a sangre y fuego.

Una de las ejecutorias más infamemente recordadas de la breve gestión del destituido Coronel Barco Céspedes, fue la tolerancia a la vinculación como policías, de los llamados “chulavitas”, campesinos reclutados a la brava entre la “godarria” más cerrera, ignorante y violenta de algunas poblaciones de Boyacá y Santander, conocidas por ser lugares de origen de politiqueros violentos de uno y otro bando, que sin asco alguno, le entraban a machetazos y puñaladas a cualquier parroquiano de algún pueblo vecino, partidario de diferente corriente política, que se cruzara en su camino, situación frecuente durante los momentos más críticos de la llamada “violencia” política en Colombia.

Inmediatamente después del 9 de abril, mediante Decreto 1238 del 16 de abril de 1948, el Coronel (R) del Ejército Régulo Gaitán Patiño fue llamado de su situación de retiro y en esa condición, designado como Director General de la Policía Nacional, con órdenes explícitas de disolver la existente y crear una nueva Institución. Para cumplir con dicho mandato, el 30 de abril de 1948, se expidió el decreto legislativo 1403, “Por el cual se reorganiza la Policía Nacional”, en cuyo artículo tercero de los 5 de la citada norma, en forma escueta sentenció: “El Gobierno y la Dirección de la Policía Nacional procederán a dar de baja a todo el personal uniformado de la Institución.” Con estas 22 sencillas palabras se mandaba a la calle y se condenaba al desempleo a un considerable contingente de modestos y leales servidores públicos, la mayoría de los cuales cumplió cabalmente con sus deberes oficiales durante la trágica jornada.

Uno de los firmantes del drástico decreto fue el recién designado Ministro de Guerra, Teniente General Germán Ocampo Herrera, uno de los siete altos jefes militares que intentaron un medroso “golpe de estado” contra el Presidente Ospina Pérez, (¿Podríamos llamarlo hoy, un “golpe blando”?), cuando el 9 de abril acudieron a palacio a ofrecerle al Presidente un avión, listo para despegar desde el aeropuerto de Techo y garantías de seguridad para él y su familia luego de la esperada renuncia al cargo y escape hacia el exterior, propuesta previamente al mandatario por varios lideres políticos, oferta que Ospina Pérez rechazó con decisión, apoyado de cerca por su esposa Bertha Hernández, quien, según aseguraron algunos cronistas, con revólver visiblemente al cinto, mantuvo a los generales gran parte de la noche aislados e incomunicados en un salón, con órdenes estrictas de que no se les facilitara ningún teléfono o medio de comunicación y ni siquiera se les ofreciera un vaso de agua, por lo que tuvieron que soportar el encierro y someterse a la firmeza de la pareja presidencial que subrayó sus intenciones con la célebre frase, atribuida a la Primera Dama: “Para la democracia colombiana, vale más un Presidente muerto que un Presidente fugitivo”.

Concretada la baja de todo el personal uniformado de la Policía Nacional, el nuevo Director General, Coronel (R) Régulo Gaitán Patiño, seleccionó un contingente de policías militares y conscriptos que recibieron en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander un curso acelerado de normas, prácticas y procedimientos de policía, a cargo de prestigiosos oficiales instructores de la Policía Nacional en servicio activo, quienes deberían salir expulsados de la Institución una vez cumplida la tarea asignada, situación conocida de antemano por tales oficiales, a pesar de lo cual, cumplieron su misión docente con ejemplar competencia y profesionalismo. El Coronel Gaitán Patiño, con más entusiasmo que objetividad, calificó a la nueva Institución, integrada por funcionarios improvisados y entrenados a las carreras, como “La mejor policía del mundo”.

Cumplidas sus tareas al frente de la Dirección General de la Policía Nacional, el Coronel Gaitán Patiño, aun en su condición de oficial en retiro, fue designado como Ministro de Gobierno por el Presidente Ospina Pérez, cargo que ejerció del 21 de mayo de 1949 al 26 de septiembre del mismo año. Poco después, con el Decreto 3527 del 9 de noviembre de 1949 fue reintegrado al servicio activo y destinado al Estado Mayor General, donde fungió como Comandante del Ejército a partir del 1 de enero de 1950 hasta el 1 de junio de 1951, lapso dentro del cual fue ascendido al grado de General mediante Decreto 676 del 27 de marzo de 1951 y luego designado como Comandante General de las Fuerzas Militares en reemplazo del General Gustavo Rojas Pinilla a partir del 1 de junio de 1951. Más tarde, Gaitán Patiño fue ascendido al grado de Teniente General con Decreto 1332 del 22 de mayo de 1953. Días más tarde, el también Teniente General Gustavo Rojas Pinilla reasumió el cargo de Comandante General de las Fuerzas Militares.

El 13 de junio de 1953 se produjo el recordado golpe de estado, eufemísticamente denominado por algunos políticos, como “golpe de opinión”, mediante el cual el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, ante el inminente regreso del doctor Laureano Gómez al poder, luego del encargo del designado Roberto Urdaneta Arbeláez durante la ausencia temporal por motivos de salud del titular, y ante la evidencia de que una de sus primeras decisiones del mandatario era la de llamar a calificar servicios al General Rojas Pinilla, este, con el apoyo de un grupo de oficiales de la cúpula militar y de destacados dirigentes y sectores políticos, asumió el poder por la fuerza, situación a la que se opuso el nuevo Teniente General Gaitán Patiño, contemporáneo y rival de Rojas Pinilla, por lo que al día siguiente fue llamado a calificar servicios mediante Decreto 1474 del 14 de junio de 1953. Y hasta ahí llegó la agitada y multifacética vida pública de un destacado miembro de nuestras Fuerzas Militares, estrechamente ligado a la historia de la Policía Nacional de Colombia.