Hipócritas
La Real Academia de la lengua define la hipocresía como el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Fingir: dar a entender algo que no es cierto. Dar existencia ideal a lo que realmente no la tiene.
En Grecia se denominó hipócritas a los actores teatrales que generalmente durante el desarrollo del espectáculo utilizaban una
máscara con el fin de compenetrarse más con el papel, tratar de hacer más real el mensaje y así entretener al público.
El origen de la palabra Hipocresía proviene del latín “hypocrisis” y también del griego “hipokrisis” y su significado, “actuar o fingir”. En griego es una palabra compuesta por “hypo y crytes” que significa máscara y respuesta respectivamente.
Podemos colegir entonces que inicialmente hipócrita era aquel actor que lucía una máscara, desempeñaba un papel en el teatro, diferente a su verdadero y real perfil, que dio origen a la aplicación del término para señalar a las personas que en su vida diaria, prácticamente se ponían una máscara pues su comportamiento era totalmente diferente a sus verdaderos y reales sentimientos. Fingían y lo hacían para sacar ventajas personales.
Con el paso del tiempo, la máscara pasó a identificar oficialmente al hipócrita. El diccionario del hipócrita contiene palabras como chisme, murmuración, falsedad, escándalo, deslealtad, traición, zalamería, entre otras. Lucen trajes de doble faz, no hablan de frente, pocas veces miran a los ojos y la falsedad es su modus operandi.
No es extraño encontrar hipócritas carismáticos, serviciales, amables; aparentan ser todo lo contrario de lo que en realidad son.
La hipocresía la utilizan estos farsantes como pantalla para disfrazar su verdadero yo y reputación. No salen de una mentira permanente porque no hay congruencia entre su esencia y su comportamiento.
La Biblia dice que el primer hipócrita fue un ser espiritual invisible. Al principio de la humanidad, Satanás se valió de una serpiente para esconder su identidad y engañar a Eva haciéndose pasar por alguien que quería ayudarla. Desde entonces, muchos hombres han aparentado ser lo que no son para engañar a otros y alcanzar sus deseos egoístas.
Pasan los años y en pleno Siglo 21 los hipócritas siguen siendo actores en nuestra sociedad, los vemos en todas las actividades como la administración pública, la empresa privada, la educación, desde el colegio hasta los doctorados, en el deporte y en grado superlativo en la actividad política.
Aunque no sea un delito, pues se le considera más bien un problema de tipo ético, la hipocresía puede ser tan dañina como la corrupción, pero la sociedad que tiene el derecho y la obligación de sancionarla, no lo hace.
Las empresas y las organizaciones en general tienes sus reglamentos, códigos de ética y de disciplina, sin embargo, no han abordado con severidad este grave flagelo.
Ojalá, que al menos haya actitud de algunas personas en sus respectivos grupos en donde se mueven personal o profesionalmente y empezar a controlar, a denunciar esos procaces comportamientos.
Hagamos algo.